17 de octubre de 2016

Lo complicado de amar


Como si la vida no fuera complicada, ellos, a pesar del poco tiempo que disponen, se enamoran.
Y ofrecen lo que les queda de vida a su amante.
Regalan la exclusividad de su pensamiento y su corazón con suicida generosidad.
Y no piensan, no consideran que algo pueda ir mal. No hay tiempo más que para amar.
Los sexos ávidos, húmedos, calientes... No aportan beneficio alguno a la razón. Y suma y sigue, aunque duela; aunque por una sonrisa haya que pagar con quinientas lágrimas.
El amor se hace con complicaciones insalvables.
No es inversión de riesgo, es de dolor. Un dolor de cojones.
Un dolor bello, hermoso, narcótico.
Solo autorizado para mentes formadas y libres. No es cuestión de edad, es cuestión de locura.
Y da trascendencia a la vida.
Una profundidad que la serenidad no puede ofrecer a la puta vida y su puto amor.
Los enamorados no ven que corren veloces al precipicio.
Saben que algo puede salir mal, que un día sus tripas se harán de piedra y se doblarán con un dolor insoportable en algún rincón oscuro donde gritar en silencio y  ocultos. Sorbiendo lágrimas que se vierten salinas en los labios temblorosos.
Si se ha de amar, amas sin contemplaciones, aunque sea en el último minuto de vida.
Aunque joda.
Tal vez el amor muera pronto; pero no es preocupante. No se debe perder el tiempo en lo que no se puede controlar. No se debe detener el arrebato, porque el resultado es un morir triste.
Cuando amas no eres optimista o pesimista, simplemente haces lo inevitable. Y te enfocas en ello, lo que pase se afrontará.
A los enamorados les importa poco el norte o los precios de la compra.
Deben amar y al amor es a lo único que se deben.
Y pisan vidrios con los pies descalzos anestesiados por el beso profundo y lingual que parece conectar el corazón y los sexos.
Están locos los amantes, hasta su organismo se encuentra en jaque.
Lo complicado de amar radica en la total ausencia de razón, en su irreversibilidad hasta que se agota el amor o mueren con el corazón hecho trizas.
A veces me sangran las uñas, porque no me doy cuenta que no es su piel la que acaricio, es el filo de un cuchillo, suave como el cauterizante amor.
Que mueran los amantes, que mueran uno en los brazos del otro.
La tragedia está servida.
Señoras y señores, amar es complicado. Que nadie se engañe.
Y un poco suicida.



Iconoclasta

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