3 de septiembre de 2016

Un mal piloto


¿Es posible no morir? Hay momentos en los que me siento cansado y temo la posibilidad de que nunca llegue la muerte.
Sería perfecto y coherente morir escribiendo estas palabras.
Sería dramático y romántico.
Trascendente...
Porque la muerte es un premio en una carrera de velocidad: los más veloces viviendo, los más potentes llegan antes a la meta.
Queman la vida rápidamente con combustible de alto octanaje, sin dejar tiempo al hastío.
No batiré ningún récord, lo hice mal.
He caído en manos del hastío y la humana prostitución más vulgar.
No he podido evitar estrellarme contra montañas de excrementos.
Soy un mal piloto y ahora temo no llegar nunca y ser una especie de mierda errante durante toda la eternidad.
No morir temo que sea el castigo a mi torpeza.
Pero no soy idiota, no voy a vivir eternamente esta mierda. Hay pastillas y gases para adelantar a esos listillos afortunados y veloces.
Soy perdedor en velocidad, pero no es algo que me guste o acepte.
Me cago en dios cuando pierdo. Me cago en mi padre y en mi madre.
Odio a esos listillos que en la mitad de tiempo que yo he vivido lo han conocido todo.
No me gusta perder.
Por eso orino en sus tumbas, me acerco a los tanatorios y dejo frases tipo: "Me ganaste hijoputa, pero te pillaré en la muerte, cuando no esté en este infecto lugar, seré rápido como la mierda eyectada en el cosmos".
Nadie lee los libros de los muertos, ni ningún otro. Nadie se pregunta en los funerales quien soy. Porque cuando alguien muere, todos quieren que asista mucha gente para demostrar lo muy querido que era. No pueden imaginar que asisto a funerales para insultarles, desearles lo peor porque me han ganado.
Soy el peor piloto del mundo; pero perder me hace hervir la sangre.
Tengo medios, tengo voluntad y la ira más explosiva como el queroseno más puro para una vez muerto, rebasarlos a todos.
Soy un mal piloto; pero soy feroz.



Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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