11 de febrero de 2016

Las frecuencias temporales



Estoy sometido a una frecuencia de tiempo alterna. Aquella que oscila entre la alegría y la tristeza, entre la paz y la desesperación.
Un orgasmo explosivo en tu coño o la muerte de una sonrisa.

Amarte no es difícil, es algo que fluye de manera natural.
Que trasciende las tierras, las aguas y los aires.

Amarte se come el tiempo, se me pasa la vida en segundos besándote y sintiendo tu piel contra la mía, en la mía.
En el tuétano de mis huesos.

Soy una estrella fugaz cuando mi sexo se ha fundido con el tuyo.
Se funden como si fueran la misma carne.
No sé donde empieza tu coño o mi polla. Soy un caos dentro de ti. Un chapoteo convulso en el que busco suicidio.

Y muto en patética eternidad cuando no estoy en ti, pegado a ti, escuchándote o mirándote. Cuando no estás el tiempo se detiene y la sangre con él, que baja por gravedad donde debe, dejando al corazón con tristes latidos y el pensamiento colapsado por la animalidad del deseo inconsolable.
Se va toda la sangre abajo, creando una dureza que no puedo calmar por profunda que introduzca mi mano.

Soy una puta bestia, cielo.

Me falta tu magia, amor.

Tengo clavada entre las piernas una estaca cárnica que me hace gemir buscándote como un animal en celo.
Amarte fluye, pero si no estás me es imposible mantener el control. La felicidad se va a la mierda, cielo. Soy un desgraciado, amor.

Un reloj estropeado.

Soy los dedos que gotean un semen que se enfría en el suelo polvoriento.

Sin ti la erección es la cruz que cargaba Cristo, humillante y mortificante.

Soy el diapasón esquizofrénico de tiempos y compases que dictan tu proximidad y ausencia.



Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

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