20 de diciembre de 2015

Aberrante


No puedo decir que tengo alma, porque si así fuera, sería ahora mismo un gas entre tus pechos y tus muslos.

Penetrando tan dentro de ti, que te tendrían que exorcizar.

Como no tengo alma, cuando no te follo estrangulo el pene hasta que colapso la circulación sanguínea y siento que revienta. No es una parafilia, es el desmedido deseo sin consuelo cuando no estás.

Una mortificación por mi imposibilidad.

Soy duro conmigo mismo. Soy estricto.

Aunque el semen se escurra y enfríe entre mis dedos, sin que la piel deseada conforte con su tibieza a los hijos que no nacerán; no ha habido placer.

¿Es posible correrse con un llanto? Lo es, te lo juro.

No follarte es una aflicción que hace de mí una monstruosa obscenidad.

Soy aberración para la humana serenidad.

Soy tu doliente pornógrafo con el pecho sucio de ceniza y los dedos pegajosos sin saber qué hacer con eso.

Y un pene que palpita herido las últimas arcadas de un llanto.

Oscuro como el corazón de los dioses.



Iconoclasta

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi alma es un gas oscuro, humo negro de luna nueva que se escurre entre tus muslos, que los separa como una lengua que va directa a tu glande.
Beso negrísimo.

Pablo López dijo...

Un gas oscuro que cauteriza todo asomo de razón para convertirla en deseo animal y en el más impúdico hedonismo.
El beso más negro, anónimo.