30 de diciembre de 2014

La espada y las rocas


Apenas dormitamos en noches de carencias. Apenas cerramos los ojos y la película de los deseos y el pasado, comienza su proyección.
Y dormir es una tarea titánica que se come el descanso y estimula los miedos.

Soy el portador de una Excalibur, de una espada pesada que se hunde en las inconsistentes rocas de la hipocresía.
Busco rocas donde hundir mi Excalibur, hundirla con fuerza para que al centro de la tierra llegue algo de verdad, algo de valor; pero es correr tras el viento.
Merlín tuvo suerte, yo no.
No encuentro rocas firmes para hacer un mojón de la nobleza, un punto de referencia entre tanta superficialidad. Un eje esperanzador...
Excalibur se tambalea sin encontrar donde afianzarse. Como si la hipocresía hiciera piedra pómez de todos los minerales.
Elevo la espada sobre una roca oscura, una roca que me hace pensar en lo eterno e indestructible; la hago bajar con fuerza, con rabia, con odio. La roca se parte, se desmigaja.
Y me invade la triste y descorazonadora sensación de que el paisaje es el decorado de una mala película, de malos actores incapaces de transmitir emoción alguna.
No tengo otra cosa que hacer más que buscar un lugar real, una piedra de verdad que no se rompa con el peso y el filo de la nobleza.
Como si el planeta fuera alérgico al valor y la determinación...
Hay gente que dice saber de un lugar donde las rocas son firmes. Donde Excalibur será un monumento firme e inamovible.
Se equivocan, esas rocas tampoco soportan la carga del valor. Están cancerígenas, son cascarones vacíos.
La gente ignora las cosas del valor y la verdad. La gente rinde culto a cosas vacías, porque ellos mismos son ruina y decepción.
Hace años que dejé de preguntar.
El peso de la espada ha tatuado en la piel de mi espalda su forma.
Y pienso en algunos momentos que yo sea la roca que la pueda soportar; pero yo moriré y el tatuaje se hará mierda cuando me descomponga.
Busco un pedestal eterno.
No quiero salvar a nadie, ni que alguien reverencie el poder de la nobleza y el amor.
Es un acto de egoísmo. Es mi sueño idiota, porque a pesar no ser un ingenuo y tener conocimientos milenarios de la humanidad, ejerzo la ilusión.
No es por bondad, no es para que sirva de ejemplo edificante la Excalibur de la verdad y el valor. Si al hundirla en una roca firme provocara un cataclismo que aniquilara millones de vida, lo haría.
Lo haré...
Mientras ellos ríen falsedades y brindan sus carcajadas a sus miedos y cobardías, yo busco en las montañas y bosques donde clavar mi espada preciosa.
Vomito y me doblo de asco y decepción, nunca imaginé  que hasta las rocas se habían convertido en arenisca por dentro. 
Tengo miedo de hundir a Excalibur de nuevo en lo vacío e inconsistente.
Me limpio con la manga el vómito, suspiro con un gemido y pienso en Sísifo que carga con la roca montaña arriba, como yo con mi espada.
Somos mitos, por esa inexistencia de la espada y la roca, jamás podré encontrar un pedestal adecuado.
Sísifo jamás me dará su pesada y eterna roca.
El viento helado de las alturas, la humedad del bosque, el silencio humano...
A veces deseo no encontrar la roca para poder continuar mi búsqueda.
No quiero volver allá, con ellos. Con los defraudadores de la ética, con los cobardes, con esas máscaras corruptas que ostentan una repugnante sonrisa.
Dicté mi propio destierro cuando colgué Excalibur de mi espalda.
Y no me arrepiento.
Elevo el pesado acero y la punta de la hoja arranca chispas de la roca. El corazón se acelera... La hundo más y la roca estalla en una nube de polvo.
Otra vez...
Qué desasosiego, dan ganas de llorar.









Iconoclasta

8 comentarios:

Anónimo dijo...

La química o su hermana gemela, la alquimia son insuficientes a la hora de recomponer los elementos y hacer de una mediocre piedra pomez un elevado metal como el oro o el hierro. Valiosos por su fuerza o valor de cambio. Ya quisieramos fuera posible tal maravilla, excalibur lo agradecería, pero hay que conformarnos.

Buen sexo, Iconoclasta.

Pablo López dijo...

Sí, Anónimo, nos conformamos, pero sigue oliendo a podrido en Dinamarca.
Ya quisiéramos tal maravilla... Estoy de acuerdo.
Buen sexo y una sonrisa conforme.

Anónimo dijo...

Una sonrisa conforme... mejor el filo acerado, el nudo apretado, el tiro a la sien, el monóxido que cierra la traquea. Conformarse...eso fue pura retórica.

Pablo López dijo...

Tienes razón...
Aunque no me engaño, esa sonrisa conlleva un amargo: hay que joderse.
La retórica es un muro para sentarse a fumar un cigarro durante unos minutos tranquilamente.


Anónimo dijo...

Y caray que se necesitan esos minutos.

Anónimo dijo...

Espero disfrutes de ese humo y de esos minutos.
Quería decirte que me encanta "Barbie obscena", un giro de vértigo ha dado el "fan fiction" contigo... con esos duros dedos pringados de fluidos mezclados.
Cualquier muñeca cobra vida carnal ante esas tórridas imágenes.
Abrazo forte.

Pablo López dijo...

Sabía que te gustaría, hay bebés perversos en el planeta que cantan inocencias peligrosas.
Feliz fin de semana.
Abrazo forte.

Anónimo dijo...

No jodas...
Sé de cosas no aptas para menores que te quitarían esa sonrisita de listillo mayor de edad.
Ya te las diré al oído un día de estos.
Un beso negrísimo.