13 de septiembre de 2014

El lugar de las flores


He encontrado flores llorando sucias de restos de seres humanos en los camposantos, junto a las estatuas rotas y viejas. Lápidas sin nombre, viejas y mohosas.
Lloran lo que tienen que soportar: muerte y desolación. Y el único sonido que las rodea es el llanto y las oraciones tan inútiles como la ropa con la que entierran los cadáveres.
Salpicadas de vísceras y sus raíces agusanadas, se preguntan porque han sido plantadas y dejadas entre tanta muerte.
No está bien...
He visto flores entre vertederos de basura, mierda y miseria, con trozos de alimentos podridos en sus  pétalos.
Y no entienden porque viven entre podredumbre y enfermedad.
Hay flores en hermosas y cuidadas casas y mansiones. Jardineros que las cuidan y hacen mejores de lo que fueron y las hacen vivir más tiempo del que ellas quisieran.
Y odian toda esa hipocresía y artificialidad. Están bellamente tristes.
Hay flores en las habitaciones de los hospitales donde la madre amamanta con cansancio y dolorida a su hijo recién nacido. Y ellas, las flores, piensan que no les gusta ese olor a vida que es una mezcla de sangre y leche. Es algo que no va con ellas; las mataron para celebrar la vida, como si no importaran sus vidas.
Hay flores amputadas de la tierra en los burdeles y moteles, soportando jadeos comprados, inventados. Olores a semen rancio, orina y excremento. Se marchitan de asco y de vergüenza con condones usados en sus tallos cortados encima de una mesita donde hay dinero, tabaco y licor.
Hay flores en salas de baile soportando ritmos neuróticos, sus pétalos caen secos con la vibración de un sonido que no entienden.
Hay flores que ha cortado un hombre, en manos de una mujer. Y no saben cual será su destino, no saben que ocurrirá con ese hombre y esa mujer, no lo quieren saber.
Su vida tampoco importa a los amantes.
Hay flores en los campos, montañas, ríos y en las orillas de los caminos. Y un colibrí metálico e irisado liba de una de ellas flotando, flotando, flotando...
Hay flores mecidas por ondas de agua en un lago, sin pensar, sin sentir.
La belleza es tan cautivadora...
No razonan, no temen, no les duele nada. Alojan insectos y su vida es efímera porque el sol no perdona a ningún ser de la tierra.
No necesitan pensar, no tiene que ser felices. Solo son, viven y mueren.
No existe lugar alguno para las flores, más que allá donde nacieron sin que una mano humana las jodiera.
Yo no soy una flor, pero quiero lo mismo que ellas: morir y vivir en la tierra.
Que de mi muerte broten flores, o puedan brotar. No soy un romántico, soy praxis pura.
Por ello pienso como una flor: en lo malo, en la miseria, la enfermedad, la vanidad y la envidia.
Todos los seres pensamos cuando algo no está bien.
Y el pensamiento crea miedos, rencores y dolores. Ilusiones ahogadas de realidad...
No soy una flor que camina, pero ellas dicen que sí, que soy una fea flor de carne que no está donde debiera. Ni en tiempo ni lugar.
Las flores son buenas aunque estén tristes, no tienen porque desanimarme. Pobres flores...
Nos encontramos inevitablemente humanos y flores iguales, tal vez sea el único consuelo. El descontento encuentra a otro descontento. Luchamos por hacer un mundo mejor, pero el decorado es tan desolador...
Nos marchitamos como ellas, pero mientras tanto, dañamos y somos dañados. No acabamos nuestra vida en un jarrón o secas por el frío y el sol, no es así de fácil para los seres que andan sobre dos patas.
Que vergüenza da mi vida, hasta las flores lo saben...
Al menos para ellas esta mala dimensión dura solo unos días.
Envidio a las flores por ello, por su efímero pensamiento cuando lo padecen.
Tengo trozos de amores rotos en la piel, encima de los trozos de pena, dolor y muerte. Son demasiados estratos. Y la vida es tan larga...
No soy una flor, soy una roca lisa sin ningún interés, de color gris, algo que nadie recogería del suelo.







Iconoclasta

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Nunca pensé que se pudiera crear una imagen tan inmensa y a la vez tan triste sobre las flores de los cementerios. Y las de los hospitales.
Deben sentirse bien sentidas, tan sucias y solas las pobre. Tan olvidadas.
Tan interferidas por el hombre, arrancadas de su entorno, de todo lo que es familiar para servir de consuelo al que llora la pérdida y de adorno a la vista del que se topa con ellas por equivocación.
Y uno se pregunta, ¿es ese el lugar de lo frágil, de lo bello, de la humilde flor?
Pero tienes que complicarlo Máster, con esa mirada que tiendes sobre las flores, con esas analogías, con esas metáforas, no apta para mentes sensibles y no tan agudas como la mía.
Describes y detallas hasta hacer sangrar el monitor, hasta nublarlo de lágrimas.
Lo siento, a veces estoy intensa, pero este texto me gusta mucho.
Abrazo forte Iconoclasta.

Pablo López dijo...

Siempre acabo conmovido con tus comentarios, porque encuentro las emociones que había olvidado. Escribo y procuro olvidar, me incomoda volver a leer lo que he padecido.
Me asusta a veces saber lo que he escrito porque demuestra que han pasado cosas malas y tristes por mi mente.
Entonces te leo y me das la razón.
Y me gusta saber que valió la pena bajar al infierno para arrancar palabras a una escritora.
Palabras que pesan y que se adhieren al pelaje del alma.
Abrazo forte.

Anónimo dijo...

Lamento si te trasladé a emociones barridas, entiendo bien eso.
Simplemente me gusta comentarte, no quisiera perder ese placer otra vez, pero el problema es mío.
Un beso, Pablo.

Anónimo dijo...

Traté...

Pablo López dijo...

Me ha gustado este intercambio. Encantado.
Abrazo forte.

Anónimo dijo...

Quise decir traté de comunicarme.