28 de julio de 2014

No me gustaría...

No me gustaría tener amigos porque tendría muchos errores que confesar en deprimentes charlas. O debería mantener un incómodo silencio respecto a mí.
No me gustaría tener hijos porque no me gusta ser indigno, hay cosas mejores que ser.
Solo me gustaría tener padres vivos y preguntarles qué hicieron mal conmigo, dijéramos que quiero saberlo. Porque el resto del planeta se lo pasa bomba.
Solo es curiosidad.
Les diría que he soñado que dormía con un tubo de gas en la boca en lugar de un marlboro.
Y que duermo en un incómodo colchón de ilusiones rotas, de esfuerzos que no sirvieron de nada, y de enfermedades por las que no valió la pena esforzarse en sanar. De trabajos mediocres y de gente con trabajos y sueldos magníficos.
Que algo salió mal porque no hay un equilibrio entre satisfacciones y males, casi todo son males.
Les diría que veo el mundo a través de un cristal roto y que mi vista está un poco cansada.
Llevo gafas, coño.
Algo tienen que ver los padres con los hijos.
Yo no quiero tener hijos por eso, los querría demasiado para darles algo de mí.
Pudiera ser que padre y madre lo hicieron bien conmigo, todo lo bien que pudieron para un cerebro tan mermado como el mío.
Tampoco me gustaría tener padres vivos, porque la verdad no sería agradable.
Entonces tiene sentido el gas en mis pulmones.
Algo salió muy mal conmigo.
Me gusta la soledad porque mantiene claro en mi mente lo que no quiero.
Y sueño que todo se deshace, va hacia atrás. Da vergüenza todo eso... No jodas.
Si no estuviera solo debería haber avisado que al  entrar en casa no encendieran las luces.
No hay nadie en la casa, solo el gas y yo.
Ningún ser vivo más que lo que era yo.
Al menos no es un error...
A veces tengo suerte y acierto con lo que quiero, aunque fueron tan pocas veces...









Iconoclasta

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