10 de abril de 2014

Los salmos malvados de 666


Recitad  rápido, sin piedad, que apenas sea audible, en un susurro seseante.
Aunque no respiréis, me da igual...
Entrecortado de ira.
Entreverado de odio y asco, de la más pura aberración.
Y vuestros deseos se cumplirán...
YO os lo juro.
Os arrancaré los pulmones, cuando todo se cumpla. Cuando ejecute todos y cada uno de los horrores que me son rogados.
Lindas noches, monos míos, no quedara nada de vosotros al final de esta salmodia.
Una simple y usual declaración de intenciones, tampoco se crea nadie que es un asqueroso Credo, como los maricones ángeles se inventaron para Dios.

Que duerma y muera, que ya no despierte.
Que sus riquezas se conviertan en tumores, que sus hígados estallen y envenenen sus venas.
Que sus hijos nazcan con la piel del revés y su dolor no cese nunca.
Primate mío, te aseguro que te cantaré la nana de la peste negra.
Que se arruinen, que coman los excrementos que yo defeque en la calle y se les caigan los dientes con hemorragias imparables.
Que sus testículos queden vacíos y sus úteros secos como odres de vino.
Que en la noche lloren sangre y sus muertos sufran ante ellos.
Primate mío, te prometo que la bondad no la verás jamás, solo mi rabo sucio en tu boca.
Que sus noches todas sean de horror. Que se odien entre sí, como toda su vida han envidiado.
Que sus ojos se cristalicen y se rompan.
Que cien deficientes mentales violen y preñen a sus hijas, que sus hijos no puedan cagar sin rechinar los dientes por el dolor.
Primates míos, adoro a vuestros hijos porque son y serán fuente de vuestro dolor.
Que tosan su vida entre sangre y mocos, que el café de las mañas se haga asfalto. Amargo como la hiel.
Que su vida sea el infierno y yo lo vea.
Que los fantasmas de la noche les arranquen las uñas.
Primates míos, morid sin cariño ni consuelo, sabiendo que todo lo que desciende o viene de vosotros, será aniquilado. No habrá ni un solo gen vuestro en toda la capa de la tierra.
Que sufran en las noches ante un futuro de sed y sequía, que solo se cumplan sus más podridos sueños.
Que hablen los muertos sus penas en una letanía eterna y cansina en sus oídos.
Que el llanto de la desgracia sea el sonido de sus noches.
Primates mías, abrid las piernas, que vuestra menstruación sea el alimento de vuestros hijos. Y el mío.
Que sus sueños sean mortales y les llenen la piel de bultos y sus cerebros se ahoguen en sangre.
Que sus perros se mueran encogiendo los belfos de dolor, lanzando locas dentelladas al aire.
Primates míos, venid a mi comunión: ¿Quién será el primero que beba mi semen negro?
Los pájaros vuelan haciendo el picado de la muerte.
Están tan vacíos de vida como corrupto es Su pensamiento.
Que se mueran, que se mueran los ponzoñosos amantes el uno en los brazos del otro, antes de que sus labios puedan rozarse, antes que puedan darse los ansiados besos.
Que se mueran y se pudran.
Perdida la gracia de la divinidad del Dios cabrón, que irrumpan vuestros odiados seres en la inhóspita vereda de un bosque negro como boca de apestado; donde el coro de los niños cantores muertos, lanzan serpentinas de intestinos humanos llenos de mierda a los que inician su viaje al dolor eterno.
El camino al calvario está lleno de cristales rotos, una pendiente por la que sus hijos se dejan caer sajando su abdomen y dejando resbaladizos restos de sí mismos.
Mirad las sonrisas que se abren en sus vientres, es la gracia de mi Señor Oscuro.
Es hora de sufrir... Más.
Deseo cada noche vuestra plena de sufrimientos, hasta que pidáis muerte como el hambriento pide pan.
Os espera la aterradora nada. No es liberadora, es el tormento definitivo, la suma de los miedos de toda la humanidad.
Soñaréis todas las muertes y todos los dolores. Los cigarros se hacen hierros al rojo en los labios.
No seréis privados del miedo.
Os arrancaréis los ojos para no ver y las cuerdas vocales con garfios para no gritar; porque sentiréis terror de vuestros propios alaridos.
Yo te prometo, odiado mío, que a tu mujer le haré tanto daño en el ano, que morderá sus propios dedos y se los arrancará. Con sus muñones ensangrentados se hará el orgasmo más grande que en su vida hubiera podido imaginar.
Malditos trasgos y duendes de la noche, que portan agujas afiladas en los meatos de sus penes y el dolor los enloquece como a los animales rabiosos.
Pequeños trasgos que hieden a muerte y animal podrido. Acompañarán los sueños de vuestros niños.
Y malditos vuestros bebés que yacen lívidos y congestionados de sangre en sus cunas, con los puñitos cerrados.
¿Quién dijo que algo o alguien podía estar a salvo del dolor y la muerte?
Es hora de sufrir, los que disfrutáis de riqueza y los que sois pobres.
Los que sois bondadosos y los que sois idiotas.
Pudríos, primates, si podéis. Porque de sufrir no os libráis.
Éste es mi deseo, que le ruego a mi Señor Oscuro.

Recitad esto hasta que sangréis por los ojos y las encías, y se cumplirá.
No lo dudéis.
Es hora de sufrir de pagar el tributo de sangre por vuestra existencia apestosa.
Siempre sangriento: 666










Iconoclasta

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