27 de noviembre de 2013

Tractatus térmico de misantropía impía


Nueve grados de temperatura es frío, pero no lo suficiente para que se congelen y queden como feas estatuas, quietos con su último latido presionando contra la ropa helada, con la boca abierta exhalando el aire en forma de inmóvil voluta; lo que quiera que hiciesen décimas de segundo antes de morir.
Todo lo malo se preserva y perdura; como si este asqueroso planeta deseara estar atiborrado de necedad.
No hay un calor suficientemente potente para que deseque a los niños (son peligrosos, se harán adultos), a los hombres y a las mujeres.
El planeta es una mierda (como todo lo que se deja al azar resulta) y si tuviera creador, su forma sería la de una sucia botella de cerveza medio llena de miserias fermentadas.
Dios es una puta cerveza con restos agrios. Yo tiro a Dios a la basura tantas veces... Y no se acaba el hijo puta.
Me hago una paja y derramo el semen en la botella (lo que entre, porque la tengo demasiado gorda para una botella tan pequeña) para que se lo beban los indigentes, los hambrientos, los borrachos y los niños que de todo quieren.
No existe el buen frío o el buen calor. La sensación térmica de millones de idiotas coreando sus estúpidos deseos y esperanzas, creyendo que en otra vida todo irá mejor, es desesperanzadora.
Vivo en un rango de temperaturas que no mata a nadie. Es la uniformidad perfecta y eterna, un presidio perpetuo. Tengo miedo que la muerte sea una extensión de esta porquería.
No mola. No me gusta así.
Solo acepto el calor de mi pluma, es el único consuelo en la soledad.
Cuando fluye la tinta, el plumín atempera los recuerdos gélidos y abrasadores en un color que esplende vívido en el papel. Podría dar vida a lo que está muerto por congelación y por desecación; pero no hay muertos así.
Los muertos mueren a manos de vulgares y de su propio organismo, de una vejez injustamente larga. Solo doy gracias a que al final, después de una eternidad, mueren.
YO soy Dios y no esa sucia botella de cerveza color mierda.
Yo tengo forma de polla para hacer sentir mal al cosmos. Derramo mi esperma con la certeza y seguridad de que no colaborará en la creación de nuevos imbéciles. Quisiera agotar el semen de mis cojones, pero soy como Diosbotellacerveza: no se acaba nunca lo que llena mis huevos.
Ser Dios es devastador para la moral, demasiados deseos y poca capacidad de actuar. Hay una importante dosis de decepción ahí.
La humanidad se reproduce como los roedores y no hay velocidad suficiente para superar la ratonil reproducción. Me harían falta veinte dioses más y tal vez en este siglo acabaríamos con la plaga. Enviaríamos con potentes refrigeradores temperaturas cercanas al cero absoluto y jugaríamos a los bolos con los seres congelados.
Romperlos... Romperlo todo  en mil pedazos.
O con enormes calefactores desecaríamos grandes zonas superpobladas del planeta, para luego soplarlos alegremente y ver como se deshacen y son llevadas sus pieles por el viento.
La jodida realidad es que soy un dios con toda la mediocridad que conlleva lo sagrado: no puedo congelar ni desecar a nadie en un instante.
Y no hace ni frío ni calor, estoy metido en una transparencia aséptica y mi organismo no se sobresalta por nada. Tal vez por ello, los enfermos me dan hambre causada por el aburrimiento.
Soy el misantropóstata del universo y ésta es mi voluntad (estoy seguro de que alguno la hará suya por alguna cuestión de fe; hay mucho cerebro podrido necesitado de dogmas):

No dejéis que los niños se acerquen a mí.
No honraré a mi madre porque su coño está ennegrecido y aún así tiene esperanzas. No honraré a mi padre porque tiene la polla tan pequeña como el cerebro.
No respetaré a los muertos porque algo estropearon. Vivieron demasiado tiempo.
Santificaré las fiestas derramando mi esperma en el polvo y modelaré un feto muerto.
Me amaré a mí mismo sobre todos los demás, tanto que se sentirán perros.
No mataré, solo eliminaré, limpiaré lo sucio y degradado, son demasiados restos enterrados y al aire.
No robaré porque no soporto tocar lo que otro ha tenido entre sus manos, soy higiénico. No me gustan las cosas de ocasión.
No necesito los bienes ajenos, los pueden enterrar a todos con sus asquerosas joyas y relojes.
No tomaré el nombre de dios en vano, porque es vano y no tiene nombre.
Congelar y desecar seres no es un pensamiento impuro, se puede pensar, se debe hacer si hay posibilidad de ello.
No levantaré falsos testimonios ni mentiré, solo diré la puta verdad. Lo que hay, lo que sois.
Mis pensamientos y mis deseos no son impuros, comportan la pureza absoluta con la esperanza de un mundo mejor: vacío. No hay nada en mi pensamiento que sea obsceno, solo mi rabo lo puede ser en la boca de una bella mujer.

No... Las temperaturas mediocres no me ponen de buen humor.
No se acaba nunca lo molesto, no hay esperanza de un mundo gélido o abrasador.
La temperatura está mal regulada.
El termostato está fabricado por un idiota: por Dios.
Queda la esperanza de que el esperma en la cerveza se haga arsénico.
Y mueran los necesarios, todos.
Que mueran un millón de veces y dejen espacio a mi pensamiento. A mí y a mi feto moldeado con tierra y semen.
Han de morir más y rápidamente. Y si no puede ser: ¿no podrían permanecer callados en su madrigueras?
Señalaré a quien de ellas puede salir para que me la chupe y me ayude a rellenar el envase de cerveza color mierda. Para que así pueda estar en vosotros y congelaros de alguna forma desde dentro, o envenenaros.
Hace una temperatura ideal para la vida y no tengo consuelo.
Me cago en Dios y en mi imposibilidad de dominar la temperatura de todo el universo.
Ego semper impío..








Iconoclasta

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