24 de junio de 2013

Un viejo pájaro




Moriré como un pájaro enfermo o viejo que espera la muerte en lo alto del tejado de una casa. No compartiré nada de mi muerte.
No más compartir, la muerte es mía y solo mía.
Dejaré que el agua de la lluvia arrastre lo que me queda de vida en soledad, con mis plumas desordenadas y apagadas; caóticas de enfermedad, vejez y muerte.
Sin miedo y sin llantos. Ignorándolo todo y a todos como si el resto del mundo estuviera muerto; como si nadie hubiera existido jamás.
Soy único e irrepetible, conmigo muere una especie. Y nadie asistirá a mi muerte para humillarme o arrebatar mi protagonismo en mi propia historia. Que se joda la especie humana, porque no dejaré nada de mí que se pueda aprovechar, ni siquiera el ridículo.
Nadie tendrá la posibilidad de reír mi muerte, cuando se den cuenta, seré plumas enganchadas en el asfalto. Solo eso.
Sueño con ser ese pájaro enfermo bajo la fría lluvia, sin importarle el afilado viento. Por encima de todos muriendo.
Con el cuello plegado sobre el buche para apagarse sin mirar a nada o a nadie.






Iconoclasta

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