28 de diciembre de 2013

De padre a hijo


¿No te das cuenta de los pequeños detalles? Esos pequeños pájaros que ayer no estaban, son la prueba de que es un día diferente. No te falla la memoria ni es un sueño.
La muerte marca el tiempo y el tiempo se escurre entre los dedos mientas esperamos. Entre muerte y muerte solo hay un suspiro, una ráfaga de color.
Una rata aplastada y unos pequeños intestinos que parecen de juguete se entrevén a través del humo del tubo de escape de un coche que se aleja veloz buscando más ratas. La muerte y el tiempo, existen, son palpables, se pueden tocar ambos.
Si esos detalles no son perceptibles a tus ojos cansados porque los confundes con una alucinación; ve a un hospital, observa detenidamente a los moribundos, fotografíalos (no pidas permiso para ello, no les preocupa otra cosa más que aspirar otra bocanada de aire). Toma tu tristeza y vuelve a tu madriguera a esconderte de tanta vida y luz.
Imprime las fotos y espera fumando que pasen veinticuatro horas.
Vuelve al hospital y compara las fotos. Verás que esos seres han empeorado y verás también camas vacías donde antes agonizaban.
Verás ataúdes oscuros y blancos con seres dentro. Fotografíalos es un precioso contraste.
¿Ves ahora que los días pasan? No estás maldito, no tendrás jamás esa suerte. La magia no existe.
 Confórmate con saber que el tiempo avanza y el semen  que hoy derramas observando toda esa muerte, es distinto del que ayer escupías observando los pajarillos que envenenaste.
No llores más en tu oscuridad, si no crees que el tiempo pasa, cree en la muerte y aférrate a ella como si fuera el caballo que te salvará la vida en un desierto.
No envenenes pájaros, no sigas ahorcando gatos o apaleando perros.
Mientras asesinas niños, la muerte actúa en otros lugares y puedes morir en cualquier momento. No malgastes tiempo y energía.
Ya hay suficiente muerte en el planeta. Tanta como para que puedas eyacular cuatro o cinco veces al día. No hay que desesperar buscándola. Observa a tu alrededor. La ansiedad nubla la visión y esconde detalles de dolor que puedes gozar.
No busques  emociones que no existen en exóticos parajes que tampoco existen. La metafísica del hastío y la monotonía se combaten con la pragmática muerte. La vida es solo un rodeo para evitar la nada.
Todas las células del cuerpo piden vivir y no podemos hacer nada sin un tremendo esfuerzo por dejar de respirar y ese tipo de esfuerzo, está vedado a los fuertes. Solo es para los deprimidos cuyas células también lo están. El suicidio es un cúmulo de debilidades, no tienes esa suerte tampoco.
El suicidio es un azar de emociones, como lo es este planeta creado por una serie de errores y azares.
Así que toma aire, acaríciate las sienes y respira profundamente ante el último aliento de los demás.
Tu degeneración es tu desdicha; pero también marca la diferencia con los otros. Es mejor ser alimaña que vulgar. Es mejor eyacular ante la muerte que en un coño muerto e insípido. Aunque la piel de ese niño aún esté caliente y su sangre aún no se haya coagulado en torno al agujero por el que le has sacado el corazón, estás en un tiempo muerto.
El tiempo pasa mientras otros mueren y no lo gozas.
Debes optimizar los recursos que te ofrece el planeta.
No mates más, porque pierdes el tiempo, solo has de mirar y acariciarte hasta vomitar de placer.
El tiempo y la muerte van tan íntimamente ligados, que la experiencia se convierte en agonía. Todos los recuerdos del mundo son tristes, sean cuales sean.
No se dan cuenta, pero el recuerdo es una muerte, todos...
El tiempo y la muerte es un bebé de dos cabezas.
Tal vez llegue pronto tu muerte, si se diera el caso, excava ya tu propia tumba para que no te entierren junto a ellos. Es importante morir como has vivido: solo y con la mente podrida.
Cava cerca de casa, que te puedas arrastrar al ataúd como el gusano que eres cuando sientas que el corazón se te ha partido, cuando la sangre se mezcla con la orina y vomitas trozos de hígado.
Todos sabemos cuando vamos a morir, arrastra pues tu degeneración y que nadie sepa que un día exististe.
Vamos, hijo, no hagas que me arrepienta de no haberte devorado cuando naciste.
Papá que te ama.










Iconoclasta

21 de diciembre de 2013

Semen y perdón


Yo practico la expiación y provoco la de mi amada.
Si Cristo expió los pecados de la humanidad, yo expío los de ella, mi propiedad, y los propios con cada una de las venas palpitantes de mi bálano.
Nuestro hijo será un cúmulo de pecados y nacerá maravillosamente culpable de nuestros miedos, goces y perversiones.
Si Cristo escupe sangre en la cruz, yo eyaculo sobre la faz de la humanidad e impido la resurrección de los muertos.
La sábana sagrada conserva la efigie y la piedad del nazareno. Mis sábanas conservan el acre olor del esperma endurecido. Entre ellas jugará nuestro hijo para purificarse, como los cristianos mojan sus cabezas para lavar las miserias con las que nacen.







Iconoclasta

13 de diciembre de 2013

Juguetes playlegoidiotas


Estaba viendo la televisión infantil, cosa esta que es un mal necesario por el que has de pasar cuando tienes hijos o cuando estás en compañía de niños. No es malo siempre y cuando puedas luego desintoxicarte con una película violenta y sangrienta o con una porno aunque solo la mires durante apenas un minuto, porque una vez has eyaculado se inhibe la libido y piensas en fumar que dura más y te pringas menos.
Ya estaba divagando con mis lácteas aficiones.
Mientras veía en la emisora de televisión de pago algo de Pocahontas (india asexual que no me excita en absoluto), pasaron un bloque de anuncios comerciales (a pesar de ser de pago la televisión, me cago en dios) y salió un muñeco de Lego con la forma de Supermán.
(Tomad aire y leed rápido, esto es documento multimedia).
Y pensé en lo feos que son esos muñecos en lo simples y mal hechos y que el fabricante toma a los niños por idiotas porque al fin y al cabo son humanos y los humanos son idiotas. Idiotas porque son humanos y los idiotas ven la tele de pago con anuncios incluidos y los idiotas ven en los legos y playmobil juguetes que excitan la imaginación porque no tienen huevos los idiotas a comprarse una muñeca hinchable para follar lo que su esposa amante de los legos y los playmobil no le permite y ve en esos pequeños muñecos de mierda algo que meterse en el culo mientras se la pela tristemente con la mano metida en los calzoncillos para que su hijo/a no se dé cuenta de lo que está haciendo y sueña con los dedos manchados de esperma que su hijo será una figura de la física cuántica y por ello su esposa y madre de su hijo se enamore de éste y monten un espectáculo porno incestuoso cuando el niño tenga pelos en la polla y no como un playmobil o un lego de mierda.
Esta vez he divagado rápido, ¿eh?
Yo jamás he jugado con esa mierda de juguetes, a mí que me dieran figuras realistas de soldados, vaqueros, buzos, caballeros, etc.. Siempre vi en esas cosas algo demasiado simple, como un insulto a mi inteligencia. Lo malo es que estos juguetes no solo son la alegría de niños de dos o tres años (justo lo normal), lo preocupante es que sus papás son amantes de ellos y ya tienen cierta edad. No hay que pagar por un cubo de plástico mal pintado y mal hecho un dinero que puedes invertir en cervezas.
¿O es que son más idiotas de lo que imaginaba? Jamás, mi imaginación es más poderosa que toda la imbecilidad de este mundo. Estaba usando un recurso retórico para dar más énfasis a mis palabras.
Vamos a ver, este tipo de muñeco es el esquema mal hecho de una persona y por lo tanto ya induce al niño a entenderse como eso, como un trozo de carne con partes móviles, justo como somos para los poderosos y burócratas de alto nivel.
Aparte de esto, también pensé que como hay foros para explicar las intimidades sexuales e intercambiar videos de masturbaciones, también los debe haber sobre playmobilegomuñecos, no me he equivocado y por enésima siento la pesada carga de mi sabiduría. Esto son mensajes sin editar, tal y como aparecen en el foro:
1. Los Lego son excelentes para que el niño desarrolle la imaginación y active ambos emisferios cerebrales, les ayudan incluso a entender mejor las matemáticas y cómo se divierten con ellos, yo recomiendo los Lego, mi sobrino siempre jugo con ellos y le va excelente en ciencias exactas y quiere estudiar astrofísica.
2. Pues yo creci con los play mobil y la mera neta me gustan un buen lo malo es que si es mas caro que el lego y ademas con el lego tienes ventaja de que si no te gusta el coche lo vuelves avion y asi y en el play mobil no si no te gusta el carro tienes que comprar el avion.

A comentar sobre el primer testimonio: que ni su puta madre se cree que el niño va a ser astrofísico o que le vaya bien con las ciencias exactas. Ese niño si tiene edad de estudiar y juega con esos muñecos, es que tiene alguno de esos "emisferios" seriamente dañados. Y su tío/a es otro retrasado/a que sin duda alguna, le ha regalado innumerables muñequitos de esos porque es pobre hasta para limpiarse el culo con papel higiénico y usa nopales, y es lo más que puede invertir en el subnormal de su sobrino de mierda.
Sobre el segundo testimonio: ni puto caso al analfabeto/a. Se puede observar por su cultura y expresión escrita, lo bien que le ha ido con los puñeteros muñequitos si creció con ellos. Lo más seguro es que crecieran los muñequitos y su cerebro se quedó estancado.
Iros a tomar por culo con vuestro Supermán cuadrado de mierda, yo me quedo con algo más serio, idiotas.
Me cago en la virgen... Hasta en las cosas más banales te encuentras una profunda imbecilidad.
Cosa que me agrada, porque me lo paso bomba, joder.

Buen sexo.






Iconoclasta

7 de diciembre de 2013

El hombre cerdo y la bella (cuento de navidad)


Su melena oscura y rizada lucía hermosa y suelta, sus rotundos y pesados pechos de pezones color canela se agitaban al ritmo de una respiración acelerada.
Sus labios temblaban de pavor.
Entre sus piernas abiertas, el cerdo hociqueaba su sexo, arañaba con los dientes el clítoris y tiraba de los labios vaginales. Las vaharadas que le llegaban de su maloliente piel, le provocaban una náusea que por momentos se veía incapaz de disimular.
Toda su mente estaba concentrada en pedir a todas las fuerzas del planeta, no tener que hacerle una felación al hombre cerdo. Llevarse aquella cosa a la boca era repugnante, la ponía enferma. Le sobrevenían arcadas, como si estuviera embarazada de su verdadero amor.
Recordaba con tristeza cuando se llevaba su pene a la boca, y el pensamiento la llevó a una cueva profunda de su mente donde todo es confuso y no llegaba a comprender porque ese cambio, porque no lo supo ver, porque a ella... Sus grandes y oscuros ojos derramaron dos lágrimas que arrastraron el rímel e hicieron dos tortuosos ríos en su rostro angulosamente delicado.
Su cuerpo se agitaba violentamente con las cada vez más fuertes hociqueadas con las que el hombre cerdo maltrataba su sexo.
Al final, el cerdo se masturbó con la boca pegada en su coño, y no le pidió que se la chupara.
Se acostó de lado, muy lejos de esa apestosa piel.
A menudo dormía y soñaba con su amor, el que le abrió los ojos a su error. También con su madre muerta, que un día, como una película de final feliz, llegaría de alguna forma para ayudarla.
Nadie podía imaginar que alguien pudiera metamorfosearse en cerdo, eso solo ocurría en los libros. No fue un error, lo amaba y era amada.
No fue un error, el mundo la engañó, su felicidad acabó en poco tiempo en una cloaca infecta.
Se frotó el sexo con un pañuelo para secarse con asco las babas del hombre cerdo.
Trabajo... El trabajo la distraía, sus compañeros la querían y la hacían reír. Y así apareció Leo en su vida, con una sonrisa radiante como un sol, el que ama. Y esperaba que un día volviera, hubo una promesa y a ella se aferraba. Es lo único que le quedaba, ese amor ahora lejano y sus hijos.
Se durmió y la imagen de su madre recientemente muerta, dulcificó sus sueños, y le protegió de los ronquidos del hombre cerdo.
Su espalda era adiposa y redonda, la piel rosada y sucia. Ocupaba más de las tres cuartas partes de la cama y ella debía dormir casi en el filo del colchón, y daba gracias por ello, por no tener que rozarse con aquella cosa infecta.
Cuando conoció a Leo y supo de una forma contundente que estaba enamorada, al llegar a casa se dio cuenta de que la nariz de su pareja había cambiado, sus fosa nasales se veían de frente, y su pelo se había retirado notablemente. Su voz era más ronca, difícil de entender.
— ¿Te encuentras bien? —le preguntó.
— Sí, cielo, estoy bien.
Ya no le besó en la boca, le parecía asqueroso y simplemente apoyó momentáneamente la mejilla contra la suya, para percibir un tenue olor a mierda y orina.
A medida que su amor con Leo se afianzaba y adquiría tintes de drama, su pareja iba cambiando más rápidamente, sus uñas se hicieron negras y su cara se redondeó y perdió la barba, su brazos engordaron como jamones y supo que en su mente crecía también la maldad.
Sus genitales se hicieron pequeños y su pene se marchitaba entre la grasa de su bajo vientre ahora colgante.
Una tarde recibió un mensaje de despedida, amor y esperanza de Leo. Su rostro se demudó de tristeza, le costó horrores no ponerse a llorar en la mesa de aquel bar, porque el hombre cerdo estaba sorbiendo un café y fumando frente a ella. Aún así, sacó fuerza y coraje para responder a su Leo el mensaje; el hombre cerdo perdía cada vez más inteligencia y continuó fumando y sorbiendo aquel café fuerte y desagradable que parecía gustarle.
Su amor se fue lejos, tal vez por una temporada, la soledad y el miedo la golpearon con dureza y su mente se enfocó en mantener vivo el recuerdo de su madre y volcarse en sus hijos hasta la desesperación.
Quería que aquel engendro desapareciera de su vida, sus náuseas eran cada vez más fuertes ante él y follar con aquella cosa era un llanto eterno. Como los fines de semana que parecían durar años al lado del cerdo.
El suicidio se hizo una carga pesada, una sombra constante en su pensamiento que solo la compañía de sus hijos y los mensajes que por la noche y en la oscuridad de la habitación intercambiaba con su amor, le disipaban de la cabeza.
Vivía al día, esforzándose en respirar, con la débil esperanza de abrazar a Leo, a veces lloraba en el trabajo y sus amigos le daban el consuelo necesario para afrontar las horas del día.
Cada instante en presencia de su hombre cerdo, era una lucha por evadirse de su compañía. Su mente giraba veloz e inteligente buscando medios para evadirse de su él. Con amigos, con tareas, con trabajo... La mente lerda del hombre cerdo era demasiado básica para luchar contra su inteligencia superior, y consiguió un precario equilibrio entre el asco de su presencia y la esperanza de encontrarse con su amor verdadero.
Ahora la situación ha empeorado, sus hermosos ojos siguen con disimulo al hombre cerdo que hociquea entre las estanterías llenas de libros de una tienda, mientras se abraza a su hijo con desesperación, rogando en sus adentros que no se vaya y no la deje sola con  él otra vez.
Las piernas del hombre cerdo ponen a prueba la integridad de las costuras y la tela de los pantalones, su respiración es claramente un ronquido. Teme por su integridad y la de sus hijos. Entre las manos que abrazan a su niño, está el teléfono, del que espera sentir la vibración de un mensaje de amor y esperanza.
Solo necesita unas palabras que la convenzan por unas horas, que ha de seguir viviendo por sus hijos, por su amor. Que no se rinda.
El hombre cerdo se gira con un libro entre sus pezuñas y la mira con una sonrisa podrida atroz, en un saludo que provoca su terror más profundo.
Ella aprieta con más fuerza su abrazo en su hijo y se esfuerza por no gritar en esa librería donde todos se preguntan que hace una mujer tan hermosa con un cerdo.
Saliendo de la tienda, el hijo se va con sus amigos a pasar la tarde, el silencio es ominoso entre la pareja que forma la bella y el cerdo. Es ominoso el miedo y el asco.
Está tan cansada... Conduce por la ciudad a su casa nerviosa, su compañero de trabajo le acaricia la mano que aferra fuerte y crispada el volante.
—Tranquila, todo se arreglará, no te preocupes —le dice dándole un beso en la mejilla antes de apearse del coche para tomar un autobús.
Cuando llega a  casa, el cerdo está viendo una película, se encuentra desnudo, y sus orejas enormes se agitan cuando la bella y triste mujer entra en la casa.
— ¿Cómo estás? —le pregunta sacando fuerzas de flaqueza.
La bella se queda pasmada de horror cuando le contesta:
— ¡Oink, oink!
Él la toma por el brazo, la sube a la habitación y cierra la puerta para que los hijos no entren. Le arranca la ropa y ella mantiene su grito en silencio, no quiere asustar a los niños.
La hace girar por los hombros y la pone a cuatro patas en la cama, la monta por detrás arañándole los pechos, metiéndole en el coño aquella verga fina, larga y rizada, que parece que le revienta las tripas con cada embestida. Le pesa tanto que no le deja respirar bien.
Cuando el cerdo eyacula y se desprende de ella, su vagina deja caer un viscoso líquido incoloro y llorando se viste. Secándose los ojos de lágrimas y con las piernas separadas por el dolor de su sexo, se dirige al cuarto de sus hijos donde se encierra en silencio para hacer la tarea con ellos, mientras el cerdo ronca dormido en la cama.
Llega la hora del baño y cuando desnuda al pequeño, ve que en su espalda hay arañazos y golpes.
Se dirige al cuarto de matrimonio y golpea con un zapato la cabeza del hombre cerdo.
— ¿Qué le has hecho a mi hijo, hijueputa?
— ¡Oink, oink! —responde el hombre cerdo, que ya nada tiene de hombre, rascándose la cabeza con la pezuña delantera y poniéndose en pie frunciendo los belfos para mostrar sus amenazadores colmillos.
La bella reacciona rápidamente y toma al pequeño en brazos para encerrarse poniendo el seguro del picaporte en la habitación de los niños.
El cerdo golpea furioso la puerta con su hocico, pero no puede abrirla de momento.
Es la víspera de nochebuena, y en el ordenador de la habitación pone villancicos a todo volumen para aliviar el miedo y el llanto de sus hijos.
— Vamos a cantar muy fuerte porque mañana vendrá Santa Claus por la noche.
Y cantando, consiguen hacer inaudibles los ronquidos del cerdo. La bella, cierra los ojos para acceder a un mundo donde no haya miedo ni dolor, donde el amor sea el pan nuestro de cada día y ruega por un poco de felicidad. Solo le pide a su madre un poco de suerte.
— ¡Mami, es la abuela! —dice el hijo mediano señalando el monitor del ordenador, en el que se ha formado una difusa imagen.
— ¡Sí, es la abuela, má! —grita el mayor.
De repente los golpes en la puerta han dejado de sonar al tiempo que escuchan un golpe sordo en el suelo.
La madre los saluda diciendo adiós con la mano, diluyéndose entre píxeles, con una sonrisa. Como ocurre en las películas.
Con cuidado, la bella abre la puerta de la habitación, el hombre cerdo está tendido en el suelo, no respira. Como si hubiera tenido un ataque al corazón.
El teléfono vibra en su manos, es un mensaje:
"Hola, mi amor, he llegado al fin, te necesito".
Y ahora son lágrimas de felicidad y descanso lo que brota de sus ojos.
Todas sus esperanzas de un final feliz se han cumplido.
"Voy a ti, mi amor, voy a buscarte al aeropuerto, espérame Leo" responde así al mensaje de su amor.
El suicidio se disipó como las nubes son rasgadas por los rayos del sol y todas sus esperanzas, sus débiles esperanzas se hicieron realidad.
A veces las cosas salen bien, a veces la vida es un cuento de navidad.
Cuando recogieron el cadáver del cerdo, los policías se preguntaron que llevaría a una familia a tener por mascota a un cerdo de aquel tamaño.
La bella dormía abrazada a Leo.
— Te amo, Leo —dijo somnolienta.
—Oink, oink —respondió Leo con una sonrisa malvada.
Feliz Navidad.










Iconoclasta

6 de diciembre de 2013

Autofelación


Consejos para una placentera vida sexual.
Para aquellos a los que su mujer se la ha dejado de chupar porque hay sabores mejores, le da asco el vuestro o bien se ha aburrido. O para los que son pobres y no tienen dinero para pagar una puta que se la chupe,  existe el yoga y sus asanas y contorsiones.
Una vez que has logrado la mística elasticidad que confiere la práctica del yoga, llega la prueba de fuego: ponte unas gafas de policarbonato como protección contra salpicaduras y golpes e inténtalo (en caso de que tengas suficiente flexibilidad y durante las primeras automamadas, hay que tomar precauciones para evitar lesiones oculares, podrías hacerte daño por una falta de precisión; de la boca al ojo hay una distancia cortísima cuando practicas este asana).
Puede ser que no llegues y eso se debe a:
- La tienes muy pequeña.
- Tu entrenador ha sobrevalorado tu habilidad de forma piadosa respecto a este asana autocomplaciente.
La solución más sencilla es que desarrolles el pene, porque tu espalda ya no está para más contorsiones.
Mira bien tu correo electrónico, porque seguro que tienes un "enlarge your penis" cada día en la bandeja de entrada.
Si es demasiado caro, que te la chupe tu entrenador de yoga, que:
- O bien te ha sobrevalorado para que continúes pagando tus clases.
- O bien no imaginaba que un pene pudiera ser tan pequeño.
En ambos casos es responsable de tu frustración y de un importante desembolso económico en unas clases que no han servido para nada.
En caso de que lo hayas conseguido:
- Puede ser que te salga por la nariz el esperma que has eyaculado. Debes seguir practicando una correcta respiración para no ahogarte con tus propios miasmas.
- Puede ser que tu gato esté jugando con tus huevos  en el momento más inoportuno: usa coquilla. En caso de que sea el perro el que te esté oliendo el culo con su hocico fresco y húmedo: déjate hacer porque eso imprime más fuerza e intensidad a la eyaculación.
- Si te encuentras practicando este asana en el gimnasio, pide al entrenador que te meta un dedo en el ojete para que te estimule la próstata, chillarás como un marrano de placer.
Y ya, cuando tengas más soltura y puedas usar las manos coordinadamente, graba un video y cuélgalo en tu tuiter o feisbuc para que tu imbecilidad se haga tan famosa como la de Justin Bieber o la del presidente de cualquier país elegido al azar.
Son los buenos consejos de Iconoclasta.
No os rindáis jamás, calentorros míos.

Bueno sexo, buena mamada.








Iconoclasta

4 de diciembre de 2013

Tiempo de amar


La humanidad siempre dice que es tiempo de amar.
Sobre todo en navidad.
Y mientras la chusma busca el amor (o un cambio de decepcionante pareja), yo me masturbo con sórdidas imágenes y recuerdos ya borrosos. Pareciera que los actos pasados solo tienen el fin de ayudarme a eyacular. Luego me resultan completamente indiferentes y olvido, como si el semen fuera la vacuna contra el amor.
Si una vez amé, fue para llegar a este momento de total comprensión. El tiempo da sentido a un cúmulo de errores y los convierte en actos de lógica reacción.
Las estampas pornográficas que un día protagonicé no tienen nada de ternura ni de cariño, son panfletos descoloridos de carnales momentos, páginas pegajosas de una revista. Sexo gratis simplemente.
Es tiempo de amar para ellos. Hace años aprendí que amar son solo ganas de follar; dos o tres pajas al día lo cura todo.
Es tiempo de amar, no se sabe a quien, no se sabe a qué.
No puedo perder tiempo, la vida es corta, el corazón suele fallar y las infecciones siempre están presentes a través de esta psoriasis que hace de las palmas de mis manos dos hamburguesas poco hechas.
El sida es un caldo de cultivo para las miserias, ahora que me pudro y desaparezco, he alcanzado la plena conciencia de lo que es el amor. Y no lo busco por ello.
Amé la jeringuilla ponzoñosa de sangre y caballo que me llevaba a ver hermoso el coño podrido de mi novia yonqui. Y lamí su chocho maloliente como si fuera una rosa, se la metí e intercambiamos enfermedades besándonos las venas podridas de los brazos.
Cientos de veces... En mi mano hay semen fresco de una paja que me he hecho evocando la vez que le inyecté la heroína en un pezón. Gemía, lloraba y temblaba. Me corrí sin que me tocara, regué su pecho inflamado con mi semen.
Tuvimos que ir de urgencias al hospital porque se infectó, en el coche sonreía mostrando que sus dientes estaban podridos.
Salió mejor cuando me inyectó en una de las gordas venas de mi verga. Hizo un torniquete que la inflamó y cuando me metió el caballo, perdí la sensibilidad, pero se mantenía dura y firme.
Me masturbo recordando en como se corría montándome, yo la miraba sin sentir placer, como si aquello no fuera conmigo. Me gustaba ver sus pechos agitándose, por la infección le habían amputado el pezón izquierdo. Se bebió todo mi semen, era una yonqui glotona.
No la amaba, lo supe cuando murió con el cuello rígido por una meningitis: no sentí apenas nada y su cuerpo sin vida, me pareció repugnante. Estábamos en nuestra casa alquilada y allí llegó la policía y un asistente social que tuvo a bien inyectarme metadona pensando que la necesitaba.
El amor es un reflejo deformado en la jeringuilla.
De la misma manera que se deforma mi picha en las bolas que adornan el árbol de navidad.
Así que mejor me la pelo mientras me quede polla y paso de buscar amor de mierda. No quiero enamorarme por unos días para que luego sienta asco de mí. O yo de ella; el que esté podrido y ya consumido, no quiere decir que tenga que amar a cualquier cosa.
Es mejor estar solo que mal acompañado.
Es tiempo de amar, sobre todo en navidad.
Y mientras buscáis a quien o que, la bendita masturbación me evade y salvaguarda de la angustia de semejante búsqueda.
Cuando pasa el tiempo, cuando te has masturbado lo suficiente, llegas a la sencilla conclusión, de que al final, no necesitas a nadie y que no vale la pena buscar tanto lo que no existe.
Que se amen ellos, yo ha he tenido suficiente amor.
Una vez la vi follar con otro, con mi amigo, las narices las teníamos blancas y ella se metió en la boca la polla pequeña de Daniel, yo le dije: — No te amo, pero me va bien no pagar a una puta cuando estoy caliente.
Y nos reímos los tres, me masturbé ante ellos mirándome abrazados.
Luego preparé una jeringuilla de heroína muy pura y se la regalé a Daniel, murió en cuatro minutos, y la yonqui de mi novia, se reía.
Es tiempo de amar ¿verdad?
Sobre todo ahora en navidad.
Tengo una llaga en el ano que me obliga a morderme la mano cuando cago. Mis testículos escupen un semen oscuro que parece orina.
Feliz navidad, es tiempo de amar.
Brindo con mis retrovirales por ello.
Y en pocas horas, me correré buscando el amor. Otra vez.
Es que me parto de ternura...









Iconoclasta

3 de diciembre de 2013

Follar y el cosmos


He jalado del prepucio y el glande rosado, húmedo y resbaladizo se ha desbordado. Luce enorme y obsceno.  Manan unas gotas de sangre por la piel desgarrada de tanta presión.
No es accidental, ni aleatorio. Estoy caliente como un sol.
Mirándolo pienso que soy la metáfora viviente de la teoría del Big Bang y la continua expansión del Universo.
Vanidad justificada...
Deslizándose el fluido necesario por el bálano para penetrar y bombear en su deseado y hambriento coño, pienso en los agujeros negros y su mortal fuerza de atracción.
Aferro con fuerza toda esa carne dura y se me cierran los ojos de placer. Una gota de deseo rojizo se desliza ardiente por mi puño y me enciende, me embrutece, soy el hombre que vuela directo por el cosmos a la perdición.
Los dos, mi pene y yo, nos dirigimos suicidamente al horizonte de eventos , al coño que palpita de deseo.
Soy el satélite de mi polla y me dejo arrastrar al otro lado si lo hubiera.
Una vez dentro ya no sé qué es el glande o qué es la vagina que me oprime furiosa y sin piedad. Es fusión total. Solo sé que siendo absorbido me aferro a sus poderosos y rotundos pechos en un intento por no desaparecer. Por no desintegrarme.
No lo consigo.
Muriendo así, tengo la absoluta certeza que el cosmos es una mujer con las piernas abiertas y una vulva goteante.
Es una revelación que se repite constantemente, como el padrenuestro en las iglesias y en los colegios; sin que el humo del cigarro que me irrita los ojos aplaque en algo mi total indiferencia hacia la fe que nada tiene que ver con su cósmica vagina.
Bendito sea el semen mío de cada día con el que anego su coño...
Padre, no me arrepiento, no he pecado. Soy perfecto en mi brutal deseo.
Tiene sentido que exista la Vía Láctea cuando el semen rezuma por los deseados labios de su coño al eyacular furioso y sin aire en los pulmones.
Tiene sentido que los bebés nazcan con la mancha del pecado original que es mi semen en su cabeza. A veces nacen muertos y no importa demasiado; mi objetivo es follarla y cualquier otra consideración no procede. Los que mueren, que descansen o no, en paz.
Respecto a mis cojones: son dos áridos y estériles asteroides que no buscan reproducción. El que estén cargados de esperma es puramente accidental, podría tratarse de petróleo o nicotina.
O mierda...
Solo existen pegados a mi polla para que expulsen algo que llene los conductos seminales y así provocar el explosivo placer.
Como una supernova que en lugar de luz, riega con semen el cosmos.
Es algo hedonista y mecánico que nada tiene que ver con la consecución de la vida.
Ni siquiera con el amor; porque el Universo y yo somos gélidos a pesar de los rayos ultravioletas, gamma y solares de miles de astros que invaden el vacío.
No tenemos una memoria a largo plazo, el pasado y lo pasado, lo que fue y lo que no existió, está ya demasiado lejos e inalcanzable; como en una ecuación de segundo grado, lo nacido y lo muerto, lo soñado y lo vivido se ha precipitado en el seno de la parábola donde nace lo negativo y lo positivo sin que tenga consecuencia alguna.
Porque todo se olvida y muere cuando follo, cuando la meto, cuando escupo mi semen ardiente en ese coño enorme.
El cosmos es el vertedero de mis recuerdos.
Lo malo es que no hay otra dimensión "al otro lado" del agujero negro. Una vez he descargado y mi falo agotado ha sido víctima de los espasmos de su coño, vuelvo aquí, entre ellos, los vulgares. Saboreando aún las babas de su vagina, el aroma fuerte a orina y corrida de ese precioso agujero negro que es su coño. La siempre agresiva dureza de su clítoris que sobresale bizarro entre los pliegues de ese coño por el que mataría a dios y mi padre.
No...
Corrección: no es malo volver, no es malo no acceder a otra dimensión.
Vale la pena vivir en esta triste y decepcionante realidad para surcar el cosmos de nuevo, cientos de veces, y ser engullido por esa deseada singularidad que es su vagina desplegada, agitándose con cada inhalación de aire cuando meto mi lengua en ella.
Soy una estrella fugaz que resucita en breves ciclos con el único fin de follarla.
Follar el cosmos, que es finito y es ella...









Iconoclasta

27 de noviembre de 2013

Tractatus térmico de misantropía impía


Nueve grados de temperatura es frío, pero no lo suficiente para que se congelen y queden como feas estatuas, quietos con su último latido presionando contra la ropa helada, con la boca abierta exhalando el aire en forma de inmóvil voluta; lo que quiera que hiciesen décimas de segundo antes de morir.
Todo lo malo se preserva y perdura; como si este asqueroso planeta deseara estar atiborrado de necedad.
No hay un calor suficientemente potente para que deseque a los niños (son peligrosos, se harán adultos), a los hombres y a las mujeres.
El planeta es una mierda (como todo lo que se deja al azar resulta) y si tuviera creador, su forma sería la de una sucia botella de cerveza medio llena de miserias fermentadas.
Dios es una puta cerveza con restos agrios. Yo tiro a Dios a la basura tantas veces... Y no se acaba el hijo puta.
Me hago una paja y derramo el semen en la botella (lo que entre, porque la tengo demasiado gorda para una botella tan pequeña) para que se lo beban los indigentes, los hambrientos, los borrachos y los niños que de todo quieren.
No existe el buen frío o el buen calor. La sensación térmica de millones de idiotas coreando sus estúpidos deseos y esperanzas, creyendo que en otra vida todo irá mejor, es desesperanzadora.
Vivo en un rango de temperaturas que no mata a nadie. Es la uniformidad perfecta y eterna, un presidio perpetuo. Tengo miedo que la muerte sea una extensión de esta porquería.
No mola. No me gusta así.
Solo acepto el calor de mi pluma, es el único consuelo en la soledad.
Cuando fluye la tinta, el plumín atempera los recuerdos gélidos y abrasadores en un color que esplende vívido en el papel. Podría dar vida a lo que está muerto por congelación y por desecación; pero no hay muertos así.
Los muertos mueren a manos de vulgares y de su propio organismo, de una vejez injustamente larga. Solo doy gracias a que al final, después de una eternidad, mueren.
YO soy Dios y no esa sucia botella de cerveza color mierda.
Yo tengo forma de polla para hacer sentir mal al cosmos. Derramo mi esperma con la certeza y seguridad de que no colaborará en la creación de nuevos imbéciles. Quisiera agotar el semen de mis cojones, pero soy como Diosbotellacerveza: no se acaba nunca lo que llena mis huevos.
Ser Dios es devastador para la moral, demasiados deseos y poca capacidad de actuar. Hay una importante dosis de decepción ahí.
La humanidad se reproduce como los roedores y no hay velocidad suficiente para superar la ratonil reproducción. Me harían falta veinte dioses más y tal vez en este siglo acabaríamos con la plaga. Enviaríamos con potentes refrigeradores temperaturas cercanas al cero absoluto y jugaríamos a los bolos con los seres congelados.
Romperlos... Romperlo todo  en mil pedazos.
O con enormes calefactores desecaríamos grandes zonas superpobladas del planeta, para luego soplarlos alegremente y ver como se deshacen y son llevadas sus pieles por el viento.
La jodida realidad es que soy un dios con toda la mediocridad que conlleva lo sagrado: no puedo congelar ni desecar a nadie en un instante.
Y no hace ni frío ni calor, estoy metido en una transparencia aséptica y mi organismo no se sobresalta por nada. Tal vez por ello, los enfermos me dan hambre causada por el aburrimiento.
Soy el misantropóstata del universo y ésta es mi voluntad (estoy seguro de que alguno la hará suya por alguna cuestión de fe; hay mucho cerebro podrido necesitado de dogmas):

No dejéis que los niños se acerquen a mí.
No honraré a mi madre porque su coño está ennegrecido y aún así tiene esperanzas. No honraré a mi padre porque tiene la polla tan pequeña como el cerebro.
No respetaré a los muertos porque algo estropearon. Vivieron demasiado tiempo.
Santificaré las fiestas derramando mi esperma en el polvo y modelaré un feto muerto.
Me amaré a mí mismo sobre todos los demás, tanto que se sentirán perros.
No mataré, solo eliminaré, limpiaré lo sucio y degradado, son demasiados restos enterrados y al aire.
No robaré porque no soporto tocar lo que otro ha tenido entre sus manos, soy higiénico. No me gustan las cosas de ocasión.
No necesito los bienes ajenos, los pueden enterrar a todos con sus asquerosas joyas y relojes.
No tomaré el nombre de dios en vano, porque es vano y no tiene nombre.
Congelar y desecar seres no es un pensamiento impuro, se puede pensar, se debe hacer si hay posibilidad de ello.
No levantaré falsos testimonios ni mentiré, solo diré la puta verdad. Lo que hay, lo que sois.
Mis pensamientos y mis deseos no son impuros, comportan la pureza absoluta con la esperanza de un mundo mejor: vacío. No hay nada en mi pensamiento que sea obsceno, solo mi rabo lo puede ser en la boca de una bella mujer.

No... Las temperaturas mediocres no me ponen de buen humor.
No se acaba nunca lo molesto, no hay esperanza de un mundo gélido o abrasador.
La temperatura está mal regulada.
El termostato está fabricado por un idiota: por Dios.
Queda la esperanza de que el esperma en la cerveza se haga arsénico.
Y mueran los necesarios, todos.
Que mueran un millón de veces y dejen espacio a mi pensamiento. A mí y a mi feto moldeado con tierra y semen.
Han de morir más y rápidamente. Y si no puede ser: ¿no podrían permanecer callados en su madrigueras?
Señalaré a quien de ellas puede salir para que me la chupe y me ayude a rellenar el envase de cerveza color mierda. Para que así pueda estar en vosotros y congelaros de alguna forma desde dentro, o envenenaros.
Hace una temperatura ideal para la vida y no tengo consuelo.
Me cago en Dios y en mi imposibilidad de dominar la temperatura de todo el universo.
Ego semper impío..








Iconoclasta

23 de noviembre de 2013

X Files on Villas América (Crudas in the night)


Esta dramatización está basada en hechos reales, tanto que ni los nombres se han cambiado. Cualquier parecido con la realidad es pura verdad porque no nos vamos a ir con tonterías cuando todos los vecinos ya conocen los hechos y sus dientes rechinan cuando llega la tarde-noche-madrugada de los sábados.
Hay que tener en cuenta que hay gente que no ha disfrutado este buen rollo; pero ha padecido estas maratonianas veladas plenas de vodka, brandy, calimocho, cerveza y tabaco. No me voy a disculpar, pero ánimo a Batman, Morgana, Robin, Gatubela y todos los habitantes de la baticueva que fuman en la oscuridad, así como a los múltiples (unos vecinos) que a veces ya no son tan múltiples (un eufemismo por un inacabable desfile de personas siempre nuevas, siempre sonrientes, capaces de convivir todos juntos, cuantos quiera que sean, en una caja de cerillas).
- Empecemos por la despedida, porque es lo más fácil y comprensible de explicar.
Inevitablemente, cuando los trozos de iceberg que trae Lucio se han deshecho, la cocacola ha perdido el gas y las botellas de licor ni estrujando sacan gota, es la hora de tirarse algún pedo y hacer el largo recorrido de casi cien metros hasta la casa en un lamentable estado de embriaguez.
Siempre es así:
—Mañana podríamos ir a comer a la brasería de la avenida Juárez, que sirven unos cortes buenísimos y hay lechuga y vegetal para los mujeres —consigue decir Lucio mientras Cristal le da empujones en la espalda para que se mueva, más concretamente para que se levante de la silla.
—Sí, como siempre —respondo soplándome una uña mirando fijamente la ceniza que ensucia el vidrio de la mesa y pensando en cosas de puntería y precisión; es culpa de que los ceniceros están llenos a pesar de que Cristal se vuelve loca vaciándolos cada diez minutos. Y eso que no hay moros en la casa —. Estaréis todos muy crudos, lo sabemos yo y Dios.
—Pero un día podemos ir a comer y... —Cristal no le deja acabar de hablar, lo empuja hacia la puerta.
Cuando se van, mientras la putilla deambula con el micro del karaoke en la mano sin saber bien que hacer con él a esas alturas de la ebriedad, yo afino el oído para escuchar el pedo de la noche cruda. Hay días que se escucha y otros no, es la única variable de estas noches desenfrenadas.
Esto ha sido lo fácil, lo que se puede explicar con tranquilidad, ocurre inevitablemente cada fin de velada, exactamente así y solo así.
No siempre, pero Luisa (una amiga de la putilla, de los tiempos del degenerado colegio Hidalgo) suele estar en esos momentos en casa porque ha venido a comer. Y como Luisa no puede faltar porque también tiene sus puntos, voy a narrar la crónica con su asistencia. 
Comencemos con el diario de la jornada sabatina.
- Entre las 17:30 y 18:30. Cristal ya ha hablado largo y tendido por el guasap con la putilla y todo está preparado, no hay nada al azar.
Llaman a la puerta nuestros amigos, llevan una bolsa con un refresco y dos o tres botellas de licor. El hielo parece sacado de los icebergs de la Antártida por lo rústicos que son los pedazos. A veces creo que Lucio va a aparecer con un balde de agua para no sé qué; solo sé que llevar agua era su costumbre en los tiempos escolares. Llenamos la mesa con botanas, tabaco y vasos. Lucio, sin ninguna delicadeza, se dedica a destrozar el sobre y el suelo de la cocina haciendo añicos esas rocas de hielo que ha traído. Es curioso, nunca me acuerdo de preguntarle si el hielo lo compra o sube a la cumbre del Popo para conseguirlo gratis.
- Sobre las 19:00, ya estamos suficientemente animados para empezar con una partida de Cranium, un juego de preguntas y respuestas que se juega por equipos.  Se contesta de voz, por mímica, escribiendo o modelando plastilina según indique la carta (sí, el menor de los que se encuentra en esta velada tiene treinta y cuatro años y el mayor cincuenta y dos; y según mi parecer, ninguno de los cinco somos retrasados mentales, aunque eso siempre depende de a quién le preguntes. Que nadie se piense que jugamos con un juguete de Lego).
Es bueno resaltar que hay diferentes cambios en el habitual carácter de los contertulios, a saber qué y a saber quienes:
Cristal: de naturaleza afable y amable, en cuanto ya tiene su ficha y el dado de Cranium, parece que se la lleva la chingada. Su carácter sigue siendo guay, chachi y alegre; pero cuando menos te lo esperas, te suelta una fresca e incluso habla amenazadoramente si el juego se detiene mucho tiempo (sobre todo a su Lucio). Y aún no es por el alcohol.
Luisa: se adueña del lápiz y del bloc, es más, su equipo debe negociar con ella y otorgarle el monopolio de los "dibunoveo" (dibujos a ojos cerrados). Lo malo es que no es una Van Gogh de la pintura, y sus compañeras de juego (la putilla y Cristal) se quedan afónicas diciendo cosas muy rápidamente a ver si por casualidad aciertan. Pero cualquiera le dice nada, porque se pone también muy agresiva. Otra de sus manías es aferrarse al relojito de arena y atesorarlo entre sus dedos cuando no está dibujando con los ojos cerrados.
La putilla: ella a su aire, da igual que se juegue al Cranium, Rummy, Scrable o Strip Póker; porque desde el mismo momento en que empieza el juego, evoluciona continuamente de la mesa al ordenador buscando las canciones del México más profundo y endogámico, que son las que les gustan a los topógrafos. Y cuando no busca videos en yutup, guasapea con su celular hasta que Cristal se pone seria nuevamente:
—Putilla... Tu turno —le dice con una mal contenida paciencia.
Lucio: se pone serio y circunspecto, toma el lápiz y el bloc como si fuera suyo y no te da oportunidad ni de tocarlo, es más, el equipo contrario me tiene que prestar el bloc y el lápiz cuando lo necesito. Y sobre todo me amenaza:
—Hay que ponerse chingón ¿eh?¬—dice alzando el dedo índice como una amenaza para luego dibujar algo cubriéndolo con sus enormes manos para que yo no acierte. Cabronazo...
Entre las habilidades de los jugadores, cabe destacar que Lucio, se sabe un montón de canciones; pero se congestiona y cambia de color cuando hay que deletrear una palabra al revés; más o menos como si se le hubiera atravesado un taco en la garganta. Todos sus dibujos empiezan por una raya quebrada o una especie de erizo, hay que tener una enciclopedia y recitar cuantas voces encuentres para ver si hay suerte y acierto.
Cristal se mueve mucho en los adimimo (mímica en la que se describe un personaje o acción), la putilla o Luisa la miran embelesadas, no sabiendo lo que quiere decir; pero admirando su energía. Y como se mueve tanto, por enésima vez, vuelve a darnos una lección de estética y cuidado del cabello, mientras Lucio la observa y dice emotivamente:
—Esa es mi china...
Yo soy especialmente apto para hacer mariconadas que se filman en video, tan claras y acertadas, que aún no entiendo porque Lucio tiene que gastar todo el tiempo y las pistas que le dan los contrincantes para adivinarlo.
La putilla actúa poco, porque casi siempre está en el yutup o bailando con la puerta cuando el grado de alcohol en sangre es evidente; por lo cual, Cristal trabaja extra. Luisa no ayuda mucho, porque se entretiene diciendo todo el rato:
—Sí, amiga...
- 20:30. Ya están todos debidamente entonados y la música ha subido notablemente de volumen, comienzan a pedir canciones cada vez más exóticas y difíciles de encontrar en yutup, así que dejan el ordenador reproduciendo cualquier cosa y la velada se llena de un temeroso suspense por lo que ha de sonar. La putilla ya mueve la cabeza de un lado a otro con cualquier tonadilla, sin exigir demasiado. Cristal está nerviosa porque está a punto de agotar sus fichas del rummy, Luisa no está nerviosa porque sabe que en su próxima tirada, va a desbaratar todas las combinaciones del juego, Lucio mueve nervioso el pie y a mí me miran con hostilidad porque tardo demasiado en jugar.
Cuando hago mi jugada, le doy vueltas a mi anillo, y me miran como si fuera el deficiente mental de la reunión, así que fumo y dejo que la putilla siga bailando con la puerta, Cristal la grabe en video y Lucio continúe formando combinaciones mientras Luisa mira sus piezas y piensa: 
—Si no tiene nada...
Al final, después de varias jugadas, Luisa gana moviendo las piezas velozmente y con precisión, para que quede claro que su fijación por los monosílabos en  el scrable es puramente accidental y que si se lo propone, puede poner un millón tropocientas mil fichas sobre la mesa.
Cristal, aunque ya más relajada y un poco inquieta por su cabello (no sabe bien si dejarlo suelto o sujeto), tira las piezas que no ha podido colocar con malhumor pero con una sonrisa inquietante.
Y todos sabemos, que las dos próximas partidas las ganará ella, siempre es así.
La putilla por fin se entera de que la partida ha terminado y pregunta:
—¿Yaaaa? ¡Ayyyy... perrrrrraaaaa! —y agarra el pomo de la puerta para dar unos pasos de baile.
Lucio con su eterno vaso de brandy con soda y rocas de hielo, aún le dice a alguien señalándole con el dedo:
—Vas... —pero nadie le hace caso porque están guardando las piezas en la bolsa para empezar una nueva partida, en la que los que han perdido, esperan ganar ahora con todas sus fuerzas.
La putilla relaja el ambiente poniendo una de sus canciones de topógrafo, a lo que Cristal responde con una contundente lista de canciones que sería mucho mejor y más elegante escuchar. Luisa, no tiene muchas ganas de hablar, por lo que se limita a asentir con la cabeza, dándole la razón a Cristal.
—Busca a Los Tigres que comen tlacoyos en el Norte —le pide Lucio a la putilla.
Al final, tras sonar el himno topográfico, se ponen de acuerdo para poner una bachata con el único fin de joderme a mí. Entonces empiezo a hacer girar dos anillos como venganza.
Un breve descanso entre partidas y todo el mundo a charlar sin hacer caso de lo que el otro dice, un ejemplo:
La putilla habla de gemelos que se aparecen en una casa del centro, de la humedad del suelo del parking del hospital y de la pena que le dan sus chalanes que tienen que cargar cemento durante horas y horas mientras ella los fotografía para un reportaje del NatGeo. Nadie la escucha porque también tienen los otros sus cosas que decir.
Cristal dale que te pego al teléfono, a ver si Mía y Kía se han dormido. Sobre todo, que Mía se haya dormido en su cama, porque es tan peligroso despertarla para llevarla a su recámara, que hay que atarla para que no le saque los ojos a Lucio, su padre. Cuando deja el teléfono se suelta el pelo, lo esponja, lo apretuja y se vuelve a hacer un moño con la liga.
Lucio habla de las gorditas que hacen en el DF y de los fabulosos tacos dorados que hay camino a un pueblo que se escribe con muchas equis, con muchas "tl" y muchas "ch". También dice que las memelas son una mierda y que está harto de la comida de Puebla, a pesar de conocerse los mejores puestos y restaurantes del estado. Y vaya por dios, que ayer lo volvió a multar la policía porque giró por donde no debía, y que la culpa era de la señal de tráfico, que tenía el tamaño de un cromo de chicle de Bob Esponja. En un chicharrón se echa todo un sobre de salsa valentina.
Cuando yo hablo sobre algunas de las cosas que escucho, la putilla me dice que me calle si no sé de que hablo. Así que me callo y presto mucha atención para aprender más y mejor.
Luisa, toma con delicadeza una patata frita o un chicharrón y hace salir humo de las teclas de su blackberry ajena a todo lo que dicen. Y como si hablara para ella misma, dice algo sobre la fábrica, en la que hay un problema con un torno de un millón de toneladas que pretenden elevar dos cacahuates pequeñitos ayudándose de las uñas.
Hay una excepción a la regla de que todos hablan y nadie escucha: cuando Lucio habla del tamaño gigantesco de la polla de su abuelo se produce un silencio atronador en la sala prestándole total y absoluta atención. Cuando acaba de contar lo grande que es ese rabo, durante unos segundos se mantiene aún ese silencio, solo roto por los rumores de los discos duros cerebrales imaginando cosas realmente obscenas.
Y así (salvo por el monólogo del rabo del abuelo de Lucio) está todo el mundo hablando sin que nadie escuche a nadie, salvo yo, que a pesar de hacer rodar mis anillos y que de una forma sorprendente les molesta a todos, he tomado nota de todo lo que dicen.
La putilla a estas alturas baila mucho con la puerta y cuando se cansa o acaba la canción y se sienta en la mesa, me dice que porque estoy fumando tanto. Como si yo solo estuviera llenando los cinco ceniceros de la mesa. Yo no le digo nada de su cuarto vaso de vodka para que no me pregunte luego, en la sesión de terapia de grupo que suele montar por si misma, si la quiero o la amo.
- 23:30. A esta hora Luisa ya está hasta su total y laseriana depilación de jugar y beber por lo que decide irse. A lo que la putilla dice siempre y en el mismo tono:
— ¿Ya te vas, amiga?
Luisa no responde porque no tiene ganas de gastar más saliva.
- 00:10 del domingo. Se deja de jugar un rato al rummy mientras Aragón encuentra el camino de vuelta a casa tras abrir el portón del fraccionamiento para que Luisa pueda salir.
Lucio se apodera del yutup y da rienda suelta a sus tigres y lobos del norte, y sobre todo al reguetón con las más macizas mujeres.
La putilla aparece por fin y se sienta al lado de Cristal, cuya euforia ha pasado y la borrachera ahora es calmosa, intelectual y didáctica.
—Fui al doctor para que me explicara como se hace la exploración mamaria, porque yo no sabía. Nos dice a todos, incluso a Lucio, que está entretenido buscando la botella de soda que está justo detrás suyo, a unos centímetros de sus dedos y sin embargo, no encontraría jamás sin nuestra ayuda.
Cristal eleva su brazo y nos enseña la axila.
—Se empieza por aquí y se va bajando hacia el pecho. Hay bultitos, pero si no son grandes no pasa nada.
—Los malos son del tamaño de canicas —la interrumpe la putilla.
—Sí. Te has ganado un perrito piloto de peluche —más o menos le dice Cristal un tanto molesta porque la ha interrumpido en su exploración.
Y sigue su disertación:
—El punto más importante, es donde nacen los tumores, y eso es en los ganglios. De ahí se ramifican por aquí, así por abajo, hasta que llegan al pezón que es como una flor.
Yo voy asintiendo con la cabeza y me entran ciertas ganas de ir a palparme al lavabo, y es que ya vamos por la séptima repetición. Es curioso ver como Cristal, dentro de sus adentros, se da cuenta de que ya va por la octava repetición y aún así, no puede dejar de repetir lo mismo. 
Los ojos de la putilla son dos ranuras que se cierran lentamente a estas alturas, posiblemente ya está sintiendo la presencia del espíritu de su papá.
Lucio se pone en pie de repente cuando suena el reguetón de la gasolina, comienza a bailar entre la mesa y la silla en un espacio muy reducido y se acaricia una teta exprimiéndose un pezón (a mí me lo parece, tal vez porque está muy cerca de mí haciendo eso) contoneándose con sensualidad.
Nos callamos todos, lo miramos durante dos segundos.
Y Cristal vuelve a romper el silencio:
—Y a mí no me gusta nada el papanicolau, me lleva la chingada cuando me hacen la citología. No me gusta, es incómodo y duele.
La putilla se dedica a contar el tiempo que lleva sin hacerse la prueba, mientras Cristal repite lo mismo durante cuatro veces más.
El sexto sentido de la putilla (María Gabriela para Cristal) ya se ha despertado completamente y ya no baila con la puerta, está atenta a los espíritus.
Lucio mira al vacío, a un punto del más allá; lo hace con tanta insistencia,  como insistentemente se deja la luz encendida del lavabo cada vez que lo usa, lo sé porque Cristal se lo reprocha incansablemente, además de recoger el trozo de papel higiénico que arrastra pegado en la suela del tenis.
Si Lucio decide no tirarse un pedo a través de la ventana del comedor hacia la casa de los múltiples, Cristal lo empuja para que se levante de la silla para ya ir a dormir, caer desmayados o tener sexo de alguna forma, siempre y cuando Kia no esté paseando con sus flamantes botas como un espíritu de los que visitan a la putilla (esto son solo suposiciones mías que no puedo probar ni soy testigo).
- 01:30. La putilla y yo nos quedamos solos, y mientras nos fumamos un cigarro, la putilla se toma otro vodka más y busca música del Machu Pichu y llamas (esos rumiantes de pelo blanco que parecen un camello a medio hacer), porque a su papá le gustaban y se siente melancólica.
En este caso concreto, no se ha dedicado a cantar karaoke y la maldita primavera durante muchos minutos, sino que se ha sentado directamente en la silla. El que cante karaoke o no, no influye en su sexto sentido (ve muertos) y siempre acaba contactando con su papá.
Después de media hora aproximadamente de estar escuchando las flautas de pan y observando actuaciones de los años 70 y 80 del siglo pasado y las anécdotas de su papá. La putilla está hecha un mar de lágrimas. Como si mirara a la calle salvo por el muro del comedor que lo impide, de repente se tapa los ojos con la mano.
—Mi papá está ahí, me mira muy serio.
Cuando voy a girar la cabeza para ver donde ella mira (no por ver a su padre, si no por ver si ha aparecido una mancha de humedad que la pueda confundir), me grita:
—No lo mires o se irá.
Muy zorro y psicólogo yo, le digo con sutileza  y delicadeza:
—Como si tu padre no tuviera una cosa mejor que hacer que verte beber vodka, cielo.
— ¡Que no lo mires que se va...! —me grita.
Así que mejor me callo y dejo que todo siga su curso.
—Me mira enojado. ¡Que no lo mires, que se va!
Llegué a pensar que en efecto podría estar ahí, más que nada por aburrimiento, porque ya llevábamos más de veinte minutos allí sentados bajo la severa mirada de su padre.
Por fin decide ponerse en pie, y dirigirse a la cama.
— ¡Cabrón, me abandonaste, te moriste, me dejaste sola! —grita subiendo la escalera hacia la habitación —Me dejaste sola, cabrón.
Y llora que te llora.
Lo malo de esto no es lo que dice, sino los decibelios que emplea, porque son gritos que ponen en alerta a los vecinos. Estoy seguro de que piensan en lo cabrón que es el machista del pinche español que hace llorar a la guatemalteca-chileno-mexicana-casi española de la casa blanca de la esquina. Cosa que corroboro, cuando a veces ni me devuelven el saludo de buenos días.
Estoy tentado de avisar a Lucio y Cristal para que sean testigos de que no soy yo el que va disfrazado de su papá para que no se ponga triste. A veces temo que alguien podría avisar a la policía de que un pinche español está maltratando a su mujer; pero algo me dice que no tomarán el teléfono, en el mejor de los casos me respondería Kia, que seguramente estará caminando y haciendo ruido con sus botas, según dice su madre y que por ello no le deja dormir bien la cruda.
Es tan larga esta escena como se lee, parece increíble que en quince escalones se pueda gritar y pensar tantas cosas.
Pero lo realmente inquietante (para ella), es cuando llegamos al final de la escalera y el suelo está encharcado de agua.
Se había dejado el grifo abierto y la pila del lavabo estaba un poco embozada, de ahí el agua.
—Te has dejado el agua abierta...
Por supuesto no me escucha.
— ¡Hasta la casa llora!
—Tranquila, es solo agua del lavabo embozado.
— ¡Hasta la casa llora!
No es que me haya equivocado y repetido el diálogo (si lo fuera), es que fue así.
Se mete en el lavabo a mear, por supuesto gritando  que por que la dejó sola, gritando tanto, que cuando sale, la luz del lavabo del vecino también está encendida (lo sé porque cuando cerré la llave del lavabo que la putilla SE DEJÓ ABIERTA, estaba apagada) , y seguramente, el/la/los vecinos/as estaban escuchando atentamente lo que el pinche español estaba provocando en la pobre chica.
Y por fin se metió en la cama, llorando durante diez minutos más hasta que perdió el conocimiento, que recuperó cuatro horas más tarde para levantarse de la cama a vomitar.
Y esto ha sido un ejemplo de una de las muchas divertidas y alcohólicas veladas en las que me veo envuelto, a pesar de tomar solo cocacola que engorda la titola.
Y mañana, más.
La hostia...











Iconoclasta