Hay un territorio donde mis ojos al doblarse crecen dibujando un mapa de recorridos epiteliales sin descanso. Una isla que se prepara para invadirme cada vez que respiro. Una tribu de deseos desatados que hacen de mi cuerpo una esclava, un continuo alimento.Hay un volcán con erupciones de semen naciendo noche a noche entre mi carne. Un aire dorando mi piel que no se conforma con tibiezas. Es fuego puro, ardor que me consume…me deglute.
Hay un mar donde nadan las caricias en forma de peces resbaladizos trepando en mi espalda y en descuidos mutan en pirañas seductoras robándome trozos de piel. Una lengua sanguijuela colocada en mi carótida, regalándome derrames vaginales coronando la conquista.
Hay un infierno y un paraíso que no me interesan. Los hemos dejado fuera tatuándolo en las carnes de nuestra casa.
Hay tanto en ti y tu mundo.
Hay panecillos y miel en la mano que me contorsiona. Han girado las manecillas del ritmo y yo solo he conseguido trepar a la muñeca. El deseo es una conserva guardada en frascos al vacío. Llenaré la alacena uno a uno. Despensas de orgasmos palpitando a punto de cocinar.
Hay un aire que irrita mi piel y enrolla los gestos, empalidece los cabellos y gasta mi aliento. Inevitable.
El ritmo no para, pararemos un día en medio de nubes de nicotina y lágrimas inservibles. Los vicios hemos de pagar.
Hay una sonrisa pendiente de regalo, un hijo imposible al fondo de mi trompa derecha, un llanto que aún no pierde la vergüenza, un malentendido zigzagueando entre dientes, un par de celos haciendo nudos en los cabellos, una colección de sarcasmos necesitados de explicación.
Hay tanto en ti y en tu mundo.
Y yo tan simple, tan brutalmente alucinada con tu sudor y necesitada sin descanso diario del sencillo roce de tu mano.
Aragggón
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