2 de septiembre de 2011

Ardides y destierro



¡Qué se llenen los infiernos de santos y ángeles! ¡Qué se pudran las divinidades benditas y malditas!

Para que el demonio vomite de constipación santa.

No sirve de nada ser bueno, mucho menos ser malo.

Yo me largo de los paraísos y los infiernos. Crearé un planeta donde no exista el bien ni el mal, donde solo pisar el suelo derrita las almas y carcoma los cuerpos. Un territorio de vientos corrosivos que pulvericen esqueletos y la sed sea interminable. Ojalá que haya curiosos que asomen sus ojos para verlos caer como canicas y su dolor sea por culpa.

El dios de alma blanca, trae el culo reventado por el rabo de su diablito consolador. Ambos eyaculan en los rostros de sus fervorosos…divino bukake, ¡qué lindos!…

Mi tierra es el rincón de la mentira.

Y quiero estar sola con mis engaños.

Que se empalmen los sexos sucios y limpios y hagan con ellos la orgía de la desolación y el infortunio. Yo puedo acarrear costales de pena para levantar mis muros y que se vengan abajo con mi propia respiración. Sudaré extenuación porque de eso me sobran los tejidos, las grasas, la sangre.

Cuando mis uñas esculpan las lajas, colocaré estatuas violadas a la entrada principal y planearé la decoración de mi reino con colgajos de clítoris desgarrados en memoria de mis orgasmos vendidos.

Los dedos sin yemas escribirán blasfemias en el trozo de madera astillado que colgaré en mi cuello.

Pieles de serpiente hechos trenzas como adornos en mi espejo empañado.

La bandera rezará a media asta por un luto eterno.

Millones de batallas.

Todo es caída, todo es pérdida.

No hay gloria.

No hay paraíso.

Siempre condena.

Soy más poderosa que un artificio. He cruzado caminos de espejismos y tentaciones. Ni Satán ni Dios son tan creativos como yo.

Los pájaros de picos arrancados solo sueltan graznidos de tangos mortuorios y agitan sus alas quebradas sin plumas en danza agónica. Son mis palomas mensajeras que llegarán a los mundos de las divinidades para dejar colgajos de hastío y envenenen sus atmósferas ridículas.

Camino con el destierro a cuestas para ser molestia estéril en donde ancle mi estancia. Llevo conmigo el exilio de dioses y demonios para cambiarlo por ardides que me mantienen en constantes muertes.

Cansancio y pena hacen sombra bajo mis tobillos.

Seré la fatiga de unos párpados en llanto, el desespero de la navaja perdida para unas venas que arden por reventar.

Voy al limbo en búsqueda de mi armadura, lejos del bien y del mal.

Sola.

A pesar de la penumbra mi brújula estrella su aguja en el centro de mi ombligo, me lleva, me atrae…comienzo mi viaje.

Aragggón.

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