3 de marzo de 2011

Ofrenda



Llevaba días sin beber agua, sin acercar siquiera una miga de pan a la boca. En su cerebro retumbaban como martillos en el acero los segundos del pequeño reloj de su delgada muñeca. La transparencia del lago colgado en el muro roto de su habitación le turbaba la mirada. Demonios nauseabundos le tomaban de mentón y la acercaban a la luna para ver su desnudez.
Dos pellejos colgaban arrugados y fláccidos de su pubis escamado. Las volutas de sus senos eran ya escurridos óleos desgastados, temblorosos sin resistencia a la gravedad. Sus pezones reposaban muertos en un gesto triste como su boca.
Los labios acartonados se han pegado a los dientes. El par de pómulos han atravesado la piel y resaltan en un gesto mortuorio.
No tiene deseo. Pero sus dedos de hueso insisten en reanimar un clítoris que muere en la sequedad de pubis desértico y lampiño. Tal vez tenga suerte de revivir un orgasmo. Sería perfecto morir con el último esfuerzo de su vagina varicosa.
Sus dedos se hunden en el orificio sin agua. No hay fluido que los haga resbalar. Sus uñas rasgan las pieles que un día fueron delicadas. Hoy son tristes paredes de papel que se inundan con sangre. Ojalá que el dolor no llegue a durar tanto que sea el último sentimiento antes de partir.
No hay muslos fuertes que la sostengan, son un par de ramas torcidas a punto de quebrarse y tiemblan para abrirse. Acerca con lentitud su mirada al lugar donde un día él bebió por borbotones, donde ella elevaba con fuerza su pubis mientras sostenía la cabeza de él obligándolo a que la llevara al extremo placer.
No puede llorar. No tiene lágrimas que hagan mover sus ojos sin ardor. Y la saliva se ha ido de su boca dejando la lengua como una piedra, nada que ver con la serpiente que reptaba rodeando el erecto falo de su amado, lo escupía y bebía…
El mundo de agua se ha ido. Su cuerpo es más árido que el Atacama por el que rondan insectos que avisan la muerte. Las moscas son el preludio.
La sangre espesa transita lenta y su clítoris no se endurece. Convulsiona con un orgasmo imaginado, recordado.
Un cúmulo de huesos en medio del sillón se está haciendo polvo. Un índice en la mordida y una mano cansada en un pubis abierto de cadera dislocada.
Extraña ofrenda al placer perdido…
Aragggón
030320110939

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