28 de diciembre de 2010

Soy tu ángel caído



Ya no sé que soy, mi amor.
Una vez me llamaste ángel. En caso de que lo fuera, sólo podría ser el Caído.
El Caído ante tu cuerpo y tu coño sagrado.
El Negro Ángel de pene pétreo que destila un humor pegajoso. Que te cubre y penetra.
No sé que soy, pero no soy bondad.
He gritado tu amor y he ofendido a deidades malditas y benditas anteponiéndote a ellas y a los que mueren y sufren. A los que ríen y gozan. Sin sentir pena por nadie, sólo indiferencia.
Sus cuerpos son el suelo en el que afirmo mis pies para penetrarte.
No soy bueno, no soy hombre.
Soy la bestia que hunde la nariz en tu sexo anegado y aspira tu esencia con un gruñido. Ahogándome en tu coño.
Y lamo y escupo en tu vulva que me enloquece, en tu piel que me hace descender a lugares que no existían hasta ahora.
He perdido mi humanidad amándote, he involucionado por debajo de toda inteligencia. Soy un glande goteante.
Un ojo cerrado en carne cárdena, de fina piel a punto de rasgarse. A veces abierto de deseo; un meato corrupto que busca tu coño con hostilidad y rabia.
Tú me has hecho así.
Tu sensualidad es mi regresión a lo más primitivo de mis instintos.
Y aún así, me has elevado por encima del la bondad y la mediocridad. Has hecho de la pornógrafa injuria mi religión.
Abre la boca, acércate a mi masturbación doliente, irrefrenable. Sé puta y deja que bañe tu rostro de Diosa Caída con mi esperma espeso y ardiente. Que se escurra por tus pechos, que gotee en tu vientre herido.
Es tuyo, soy tuyo. Somos tu creación.
Si alguna vez fui bueno, la bondad se convirtió en la baba que inunda mi boca y sorbe dolorosa y ansiosamente tus ofensivos pezones erectos.
Putos pezones... Putos porque tú me has hecho así.
Soy un caído que corrompió la bondad del amor para abusar de tu carne, Diosa Caída.
Ya ni el infierno nos acepta.
Eres mi único y posible universo.
Si alguna vez te amé, ese amor son ahora venas que alimentan mi bálano para penetrarte y embestirte hasta que la mismísima naturaleza grite renegando de la blasfema reproducción.
Y yo hundiré de nuevo mi nariz en tu vulva para ahogarme en tus deseos que brotan de entre las piernas, entre tus dedos con los que castigas una perla que no se rinde a un solo placer. Que necesita mil caricias para consolar su sed de orgasmos.
Y así maldeciré la anodina bondad y el amor humano.
Maldeciré a Dios y la misericordia lamiendo tu altar obsceno.
Bendeciré y sacrificaré mi corrupto semen a tu coño bendito. Lo único sagrado del universo, y al tiempo creado para ser profanado, violado.
Escupiré en tu piel en lo que ha mutado el amor: un bálsamo de hijos nonatos, que ni siquiera de nacer tienen voluntad. Sólo cubrirte y calentarse en tu cuerpo de Diosa Caída.
No soy más que un Ángel Caído que aúlla con esta carne dura estrangulada por mi puño, con la garganta desgarrada de gritar tu nombre.
Si una vez fui hombre, debió ocurrir antes de amarte. Ya no recuerdo...
Eres mi pasado, mi presente y mi futuro.
Ocupas todo, se borró todo lo no que eres tú.
Arderé en ti, mi Diosa.


Iconoclasta

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