2 de diciembre de 2010

El Imbécil



Él le ofreció una pluma como muestra de amor, la cargaron juntos de tinta, de amor; en un rito secreto de amantes. No hacíamos daño a nadie. La besé con el olor de la tinta de canela.
Escribimos con pigmentos de amor incondicional y eterno. Un poco tristes, un poco cansados de tanta espera.
Y el Imbécil se la arrebata de las manos; el Imbécil cree que puede contener el amor robándole la pluma a mi Bella.
Ella luce un anillo sencillo, un secreto de enamorados de seises y ges.
Y el Imbécil se lo arranca del dedo.
Como si el Imbécil Cornudo con ello pudiera arrebatarle el amor que impregna su piel.
El Imbécil llora su derrota, acaricia sus putos cuernos de maltratador.
No te preocupes, mi vida, tengo tanto amor para ti que el Imbécil morirá arrollado por esta adoración.
El Imbécil le roba su hija, roba su propia carne. La roba de ella y de si mismo sin saberlo, porque es demasiado imbécil. La hija crecerá sabiendo que su padre es un ladrón imbécil de amor y de ternura. Que su padre es un chantajista idiota del desamor.
Su hija sabrá que cuando aún no había nacido, posó el filo de un cuchillo en el vientre de su madre durante horas. Cuando sólo era un feto.
Se lo diré yo, Imbécil Cornudo, se lo diré con la mujer que amo, con la mujer que chantajeas y maltratas, cabrón imbécil.
El Imbécil es tan imbécil, que cree ganarse el amor robándolo. Pegando.
Pobre Imbécil cornudo: ha sido mi polla, tarado, la que ha penetrado la mujer que nunca te amó.
Imbécil cornudo y mentiroso, que a sabiendas la engañaste de tu naturaleza repugnante y violenta. Pegas a los débiles. Mi pene te mojará de orina, cabrón.
No eres hombre ni bestia sólo un imbécil cornudo y temido por ellas, por la mujer que pegas y por la hija que robas.
Cabrón e imbécil.
Ni aunque robaras el cáliz sagrado y metieras tu pequeño y pálido pene en él, conseguirías despertar atención en nadie, anodino Imbécil.
Imbécil borracho con delirios de ser padre: hasta los cerdos son padres. No te sientas tan orgulloso de haber preñado a una mujer. Sólo eres un imbécil borracho.
Un Imbécil ladrón sin cerebro.
Imbécil...
Y esos cuernos que luces, Hellboy tarado, es el amor que nos profesamos y que en ti se ha convertido en un tumor duro y retorcido de nuestro divino adulterio.
No deberías haber nacido, imbécil cabrón y cornudo. Eres repugnante en esencia, causas rechazo. No reconocerías el amor ni aún llevándolo como astas de marfil en tu vana cabeza.
Imbécil, has de saber que he besado su divino coño y que mi pene enorme ha entrado en su cuerpo más profundamente del que el tuyo entró jamás.
Imbécil ladrón, cobarde, devuelve la pluma y el anillo. Devuelve la libertad a la madre y a la hija.
Perro moro imbécil...
Después besa mi polla sacra rogando que los cuernos no crezcan hacia adentro y te perforen el cerebro si tienes.
Imbécil... ¿En qué lugar del universo te podría amar alguien?
Cornudo del miedo y el chantaje.
Y puede, imbécil ladrón, que un día tengas que demostrar un valor que no tienes frente a mí, el que ama y folla a la mujer que pegas. Y no te irá bien, porque soy más macho que tú (lo dice ella que me ama), soy más guapo que tú (lo dice ella que me ama), soy más fuerte que tú (lo dice ella que me ama). La tengo más gorda que tú (ella grita de placer conmigo).
Acaricia tus cuernos, Imbécil
Ladrón.
Devuelve la pluma, el anillo y la libertad. Sé hombre por unos segundos.
O muere como un perro aullando por el peso de los cuernos en tu frente, como un cáncer del asco que provocas.
Nos amamos, odiado cornudo.
Te puedes meter la pluma y el anillo en el culo. Será un supositorio de amor, algo que sólo así podrás experimentar por unos instantes.
Ni para hombre ni para ladrón sirves.
Imbécil cornudo y borracho.
Te hemos coronado la frente. Y tu hija lo sabrá.
Y ahora, maltrata a tu madre, imbécil
O prueba conmigo, valiente.
A ver si me robas mi pluma.
Imbécil anodino...
Eres uno más de ellos, no eres especial. Sólo algo que rechazar, que tratar. Que erradicar.
Métete la pluma en el culo y el anillo en la punta de un cuerno.
Porque el amor no reside en ellos.
¿Es que me ves triste o con temor, Imbécil?
No eres nadie capaz de borrar mi sonrisa.
Ni la de Ella, la que amo. La que no te quiere.


Iconoclasta
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