26 de noviembre de 2009

Vendo sistema nervioso



Vendo sistema nervioso central: ocasión única.
Los troncos centrales medulares se encuentran en perfecto estado. Compatible con seres angustiados y claramente colapsados por la desesperación.
O simplemente, seres a los que les gusta arrancar a la vida lo más profundo sin miedo al dolor que van a encontrar entre esporádicos placeres.
Edad de la red nerviosa: 47 años.
Pocas cicatrices (recuerdos latentes); aunque no exento de espasmos ocasionales; eso sí, de una solidez y conductibilidad garantizadas.


Yo no quiero morir viejo, no quiero que ella arrastre mi vejez, tengo mi dignidad.

Obsequio de kit anti rechazo (una dosis inyectada en el nervio óptico central a través del iris, que tiene un efecto de diez años).

La inyección en el ojo, es puro dolor. Como verla a ella a eones de distancia estirando su mano hacia a mí. No es nada el ojo atravesado, comparado con la desoladora lejanía que un día sentí por ella. Aquello dolía de verdad.

La mente del donante puede que esté hecha papilla, el cerebro casi podrido de amor; pero el sistema nervioso central está intacto. Se acompaña certificado forense.
No se aceptará una rebaja en el precio alegando que los sesos están hechos gelatina.
Fecha aproximada de la terminación del donante (un servidor): tres semanas a partir de la publicación de este anuncio (adelanto negociable según necesidades del receptor).
Método de terminación: auto-seccionamiento profundo de la vena femoral a la altura de la ingle por medio de navaja de afeitar, acomodado en bañera antideslizante. Máxima higiene y temperatura controlada para una óptima conservación.

Tengo un miedo que me cago a que mi bella un día despierte al lado de un anciano.

Monitorización de las funciones vitales para la pronta intervención de extracción del tronco nervioso.
El comprador se hará cargo del coste del desguace del sistema nervioso cuidando de no afectar otras zonas y órganos de las que no son dueños.

Porque ella es la verdadera dueña de mí.

Desde el momento de mi terminación, mi bella será la beneficiaria de la venta.

Me alegro de estar muerto para no verla llorar, porque de lo contrario, no podría terminarme ante el tizón ardiente que es su mirada de amor.

El pago se efectuará en dos partidas: veinte mil euros a la entrega de mi cuerpo y treinta mil cuando el sistema nervioso ya desguazado se encuentre en solución salina y se haya verificado el buen estado del resto del cuerpo (las uñas no cuentan, así como tampoco la pierna derecha afectada de cáncer y trombosis).
Si quieren aprovechar el tumor para crear células madre malignas, pueden hacerlo e infectar con ello a toda la puta humanidad. A mí me la pela.

Sólo mi bella me importa por encima de todas las cosas y por encima del padrenuestro de cada día, amén.

Y cuando el donante tenga mis nervios funcionando en su cuerpo, es una cláusula de obligado cumplimiento, que acaricie durante un segundo la piel de mi bella (sus largos y hábiles dedos) y los nervios puedan olvidar dulcemente y con el mínimo trauma, todo lo que un día sintieron y diluirme así en la nada con el último tacto de su piel recorriendo mis nervios, ya propiedad del receptor.
Que me entierren en una fosa sin ataúd, como a una bestia; como animal y salvaje la amo. Sin cuidado alguno, porque aparte de muerto, no tendré nervios. Está todo controlado y calculado. Es bueno morir siendo maduro para no olvidar detalles y matices.

Son importantes.

Que una lágrima de mi bella caiga sobre la tierra que me cubrirá. Sólo eso, no necesito flores si no salen de sus labios.
Pueden pujar en http://www.laamomasqueamiputavida.end


Iconoclasta

23 de noviembre de 2009

Reflejo anodino



Sólo un triste reflejo en una luna sucia.
A veces no me veo, no me encuentro. Soy una desvaída refracción de aquí, donde no quiero estar. Soy uno con la gasolinera, con un camión, con los restos de una obra. Quisiera enfocar más, ser sólido.
Aunque tampoco sé si quisiera serlo. Aquí no...
A veces la cámara me encuentra y yo asisto extrañado a mi no ser.
Joder...


Iconoclasta

21 de noviembre de 2009

Sexo en el Sistema Solar: Vagilonia



Estaba fumando un cigarro con Estrella, la jefa de contabilidad de la fábrica de condones, que se había ofrecido a probar con su boca la integridad del lote de preservativos 36B. Es una mujer simpática, pero con unos dientes demasiado grandes. Tras la felación le pedí que me aplicara crema hidratante al bálano mientras yo fumaba. Y ella aplicaba crema una, y otra, y otra, y otra vez.
—Si quieres, mi prima llega mañana de Vagilonia, ella sí que tiene una buena boca.
—¿Qué es Vagilonia? —pregunté sumamente intrigado.
Estrella me contó entre beso y beso en mi desnudo glande, que Vagilonia es un pequeño planeta en los límites del Sistema Solar y que no sale en los libros para evitar la masificación de emigrantes y turistas en un planeta que vive exclusivamente de un amor intenso y donde el sexo se eleva a la categoría de milagro por su divinidad.
A pesar de las angustiosas situaciones que viví durante mi odisea sexual por los planetas más adocenados del Sistema Solar, sentí la necesidad de volver con renovadas energías a mi faceta de sexólogo interestelar.
Me faltaron piernas para salir con mi rabo aún lleno de crema, hacia el despacho del Consejero Delegado, para que me subvencionara un viaje a aquel planeta exótico, erótico y con toda probabilidad humedótico. Mi léxico no será muy ortodoxo, pero es claro como la mierda en la nieve.
Se resistió a darme permiso y por supuesto a soltarme ese puñado de sistemas que costaba el viaje. Yo le insinué que si no me dejaba ir, los lotes de condones comenzarían a salir defectuosos sin ninguna razón clara. Incluso, que empezaba a sentir dolor de polla y posiblemente tuviera que coger la baja laboral.
Durante dos eternos segundos estuvo pensando, para decir al fin:
—Está bien, que Ahmed se ponga en el potro, que los próximos lotes de la serie Hard Culo’s Maricuelas Team, los probará con él mi sobrino. Ya tiene quince años y ha de empezar a conocer el oficio.
—Y Ahmed va a ser más feliz que mierda en bote —ironicé sutil yo— A mí eso me suda la polla. ¿Me da la visa? Voy a salir esta tarde hacia Vagilonia.
Estrella aún se encontraba en mi departamento, se acariciaba distraídamente el coño mirando las fotos de mi pene en acción, unos panfletos publicitarios que la empresa regalaba a los colegios de primaria y sus alumnos cuando acudían a la fábrica como visita escolar para conocer la industria del látex en la asignatura de Tecnología.
—Ya está. Esta tarde parto a Vagilonia. ¿Te vienes?
—Conociendo a mi prima, ya tengo bastante. La última vez que estuvo aquí, consiguió que cuatro ligones de discoteca se tiraran a las vías del metro desesperados de amor.
Como respuesta, solté una gran carcajada. Yo no me enamoro, yo sólo follo y ellas me adoran. Es una constante universal.
—El amor es un sentimiento que nace directamente en los cojones —respondí.
Ella sonrió un tanto perversa, y apoyó el dedo índice que olía a su coño encima de los labios.
—Qué boquita tienes, cielo. Buen viaje —y se largó riendo.
Al salir de la fábrica, cogí quince cajas de condones del almacén y compré ciento ochenta cajetillas de tabaco. Cargué las provisiones en la bodega de mi nueva y flamante nave: Láctea Intruder. Y salí disparado hacia el infinito y más allá, como diría Buzzlightyear.
He aquí mis vivencias.
Vagilonia es el planeta de la sensualidad elevada al grado divino. No hay putas, allí te enamoran sin más preámbulos y luego si puedes follas.
Este planeta se encuentra tras los Cuernos Estelares de la galaxia en espiral La Cabra en Celo que Mira las Hespérides con las Mamas Hinchadas.
Resumiendo, giras por Venus a la izquierda, y en el cúmulo de asteroides que parecen talmente cagadas de caballo, giras a la derecha y te saltas la raya continua sin que nadie te vea. Son unos hijoputas los policías de tráfico que rondan los Cuernos Estelares.
Sinceramente, Vagilonia me parece un derivado de la palabra coño y esperaba ver un planeta con esa forma, no me preguntéis porque; pero mi mente eficaz es así de soñadora.
Así que no entiendo porque coño le llaman Vagilonia a Vagilonia. Si es un planeta redondo.
Y para mayor inri son todo mujeres.
Nacen hombres que las fecundan una vez; pero en lugar de ser decapitados por las hembras como hacen las mantis religiosas con sus machos en plena cópula, ellos salen llorando y se tiran de cabeza al Despeñadero del Amor. Llegan a lanzarse tantos machos por día, que a mitad de la tarde, el que se lanza al vacío sale ileso por la acumulación de cuerpos. Y tiene ochocientos metros de caída libre.
Fotografié el terrible, dantesco y dramático espectáculo de un suicidio y le pedí al macho nativo de Vagilonia (me parece indigno llamar vagilonenses a esos hombres tan bien dotados, un insulto a la masculinidad. Los machos debemos apoyarnos entre nosotros, sea cual sea el planeta donde nos encontremos follando) que me saludara mientras lo filmaba. Me sonrió llorando vivamente y dijo algo así: “Claspicranticrosticosfrigileniospubistastics”, repetido seis veces exactamente). Gracias a mi habilidad innata con los idiomas he podido transcribir el último deseo de un macho que ha tenido la suerte de fecundar a un hembra. En definitiva dijo: “Dile que la amé, que la amaba, que la amo y la amaré”. Era patético porque tenía el rabo más duro que pata de cabra. No era nada estético aquel perfil.
La única prenda que vestían era un tanga. Coñoland (entre los anglo-latinos es más fácil de usar este nombre que Vagilonia) es un planeta con un clima privilegiado y de los árboles, brotan hojas de oro. Y una mierda, es hermoso, pero no para tanto.
Yo bostezaba sonoramente escuchando el mensaje del suicida y cuando al fin se lanzó al vacío, tuvo la suerte (digo suerte, porque de no haber salido bien, tendría que haber vuelto a subir para intentarlo de nuevo) de dejarse el cerebro contra un canto rodado, en un pequeño espacio entre sesenta cadáveres que apestaban. Yo no le hice ni puto caso, llegué allí para follar, no para hacer de mensajero.
Aquel ser se suicidó porque el amor que sentía por la vagilonesa con la que se apareó era insoportable. La naturaleza en todos los lugares del universo se las ingenia para que ninguna especie llegue a nivel de plaga. La Tierra es la excepción a esta regla y los que van a la playa, son la prueba y resultado de esta excepción.
Tiré la colilla de mi cigarro a los muertos y me dirigí a Vagilonia Land (capital de Vagilonia City) para encontrar una maciza de buenas tetas a las que agarrarme cuando todo mi ser sucumbiera ante el orgasmo anhelado.
Debería haber pensado que algo huele a podrido en Dinamarca, cuando la agente de aduanas, bellísima, hermosa y de rotundos pechos, me preguntó:
—¿Lleva algún tipo de droga: ansiolíticos, bartitúricos o bebidas alcohólicas?
—No —dije muy serio y definitivo.
—¿Y por qué no? —contestome ella mirándome como un bicho raro.
—¡Qué valiente eres, mi amor! —gritó con los ojos llenos de admiración.
La intenté besar y fue ella la que saltó el mostrador me abrazó y me morreó.
—Te amo —le respondí
Casi lloré como una mujer recién perdido su virgo.
Fue una meláncolica tristeza extraña, con una anómala y escandalosa erección.
Y en ese momento entró una andanada de turistas alemanes que me empujó lejos de ella, entre una lluvia de escupinajos de chucrut.
Sentí un inmenso vacío en mi corazón cuando me arrancaron de sus brazos y mi pene continuaba endureciéndose dentro de mis pantalones. Ella besaba en ese momento a dos alemanes de barriga cervecera, perdidamente enamorada. Así que una lágrima celosa surcando mi rostro curtido y hermoso, me acomodé bien el paquete genital y salí del aeródromo. Fue entonces cuando vi correr al suicida, llorando como una mujerzuela y lo seguí.
Habían pasado ya casi cuarenta minutos desde que aterricé en Vagilonia y me encontraba más sensible que una menopáusica seca de estrógenos.
Se me escapaban aún unas lágrimas de amor pensando en la agente de aduanas. Y el sucida me preguntó si me quería suicidar con él. Durante el tiempo que vivió el desgraciado, tuvimos una gran amistad.
En el espacio infinito, el tiempo te hace malas pasadas y los minutos pueden llegar a tener hasta sesenta y dos segundos.
Horrible.
Al llegar al centro de la ciudad, a cada momento se podía escuchar algún chirrido de frenos por culpa de un macho que se suicidaba lanzándose bajo las ruedas de un coche, ya que el Despeñadero del Amor les quedaba muy alejado.
En el Boulevard de la Vagina Sagrada se encontraba el centro neurálgico del Amor, llamarlo sexo, según las vagilonesas, era algo frívolo. No entendí bien el porque hasta que llegué a la tierra y el tratamiento causó efecto.
Había un grupo de mujeres, que talmente parecían putas. Saqué mi dinero y me dijo la más bella de ojos negros como el azabache y pezones rosados y tiernos:
—Hola mi amor; no cobramos, mi dios. Sólo amamos.
Yo me quedé atónito abanicándome con el fajo de sistemas el rostro.
Sentí que se me convertían en agua las tripas.
—¡Eres bello! —insistió.
Qué pena de miopía en aquellos enormes ojos.
Juro por la vida del rey de mi país, que no soy un hombre dado a la sensiblería facilona. Pues bien, sentí ganas de escribir poesía. Cosa inaudita porque yo sólo sé una rima: mi polla es una joya. Lloré como una mujer terráquea a la que le ha tocado un crucero por las islas griegas en un concurso de la tele. Me abrazó, me giró de espaldas al suelo, sosteniéndome ella a mí (no soy machista y si me lleva la mujer, me parece bien) y me dio un beso que bajó directamente a mi polla dura, rebotó en los testículos, subió al corazón, se dio una vuelta por mis tres neuronas y luego quedé perdidamente enamorado.
—Vamos, mi hombre, ven conmigo. —y de la mano me llevó a una pensión.
No eran putas; pero la verdad, se comportaban como tales. Solo que era imposible llamarlas putas, porque cuando amas a alguien, no puedes insultarle. Pero que no se fíen.
Yo la amaba.
Subimos al primer piso, era una habitación limpia, con paredes de color salmón y techo azul. Dos ventanas pequeñitas con cortinas de flores y lamparitas de tulipa de papel en las mesitas de noche. Casi esperaba ver salir a Blancanieves del armario de madera con forma de capilla primorosamente barnizado.
—¿Te has tomado la psico-medicina, mi amor?
—No estoy enfermo, mi vida. No necesito nada.
Me miró con sus grandes ojos a lo profundo de mi alma y dijo:
—Tú mismo —con una sensualidad que me puso el miembro duro con la rapidez de un calambrazo.
Llevó la mano al bulto de mi pantalón (estaba enamorado, pero ni de coña me iba a vestir con un simple tanga), y sentí todo ese calor de su mano penetrar directamente por mi hipersensibilizado glande.
Eyaculé vergonzosamente rápido y ella se arrodilló ante mi paquete ahora viscoso, bajó la cremallera, deslizó una lengua hábil para acariciar mis testículos aún hirviendo (rompió la cremallera del pantalón para hacer sitio a tantos órganos allí) y con sus manos recogió todo aquel semen que se untó en los pechos. Una parte de mí se cagaba en la puta madre que la parió por haberme provocado aquella humillante eyaculación de adolescente para mi edad y experiencia. Pero fue sólo una idea fugaz. Por momentos la amaba más y necesitaba besarla desesperadamente.
Y allí en aquella habitación digna de Disneylandia, con ella arrodillada ante mí, con sus tetas chorreando semen y mi polla colgando a media asta por la bragueta del pantalón, protagonizamos la más tierna historia de amor que yo jamás pueda recordar y que no olvidaré jamás.
Se puso en pie para besarme la boca con aquellos labios aún húmedos de mi requesón y la abracé llorando en su hombro .Ella me daba palmadas en la espalda y sentí el ya frío semen untado en sus pechos, manchar mi camisa. Siempre me he maravillado de lo rápido que se enfría el semen con lo caliente que sale. No usamos buen material los humanos, no conserva nada bien el calor la leche. Es muy molesto cuando te das la vuelta en la cama y te pringas con un gotarrón frío de leche.
Cuando he acabado de dar placer a la mujer y me doy la vuelta (pierdo el interés en cuanto me corro), más de una vez, me he acostado sobre mi propio semen (nunca he entendido porque se encuentra por todas partes, y porque no son más cuidadosas las mujeres cuando brota la leche) y arqueo inmediatamente la espalda con un gritito agudo ante la sensación de frío. Cosa que aprovecha la hembra que tengo al lado para tomárselo como otra nueva invitación a cabalgar.
Si no tienes un carácter fuerte para disfrutar en Vagilonia, cuando vuelves a La Tierra, uno se pegaría un tiro sumido en la mayor de las desesperaciones.
Cuando miras a las vagilonesas se te pone dura. Cuando te dicen que te aman, ardes en deseos de abrazarlas y apenas las has abrazado, se ponen de rodillas y te hacen una mamada que eyaculas riendo, llorando y gimiendo de placer como un gorrino con trastorno bipolar.
Uno no sabe que pensar ante todo ese cúmulo de emociones, yo diría que junto con el semen corre la baba de la idiocia más profunda por nuestros pragmáticos y terráqueos rostros.
Con ella entre mis brazos, volví a tener una fuerte erección y ella dijo con una sonrisa perversa, tirándose de espaldas en la cama impoluta con las piernas muy separadas.
—Mi Dios... Este coño os pertenece.
Yo puedo ser muy romántico, sensible y todo eso; pero cuando se trata de follar, no soy delicado. Le abrí más las piernas con mis poderosos brazos y la penetré con una fuerte embestida. Ella gimió como una perra en celo.
—Mi Dios... Si supieras como te siento aquí en mi vientre —decía acariciándose el monte de Venus.
—Párteme en dos con ese rabo duro, mi cabrón.
Me gustan esas salidas obscenas de las mujeres que están gozando conmigo como ningún otro hombre las ha hecho gozar. Y siento pena por ellas, porque muchas acaban frígidas perdidas al no poder disfrutar de la experiencia que las hago vivir con otros machos.
Al décimo pistonazo, contraje el culo y lancé mi andanada de pequeños y futuros probadorcitos de condones sobre su pubis. Salió una cantidad respetable, a pesar de ser la segunda eyaculación en siete minutos.
Ella se agitaba en unos espasmos tan fuertes, que sentí deseos de buscar una cuchara de madera para ponérsela en la boca. A mí me parecía epilepsia pura y dura.
Estaba preciosa... La amaba, la amé, la amo, la amaré...
Sentí deseos de ir a fumarme un cigarro al Despeñadero del Amor.
Si los selenitas son románticos, las vagilonesas son hijas directas del Dios Eros y les gusta. Se siente bien. Y cuando tienen un orgasmo, son tan poco discretas como las putas marcianas, sólo que con mejor voz. Cosa que no es nada buena para ser frío y maduro a la hora de partir de regreso a la Tierra, dejando a la mujer más bella y que más amas en el mundo allí, en aquel planeta hermoso y lujurioso.
Nunca había llorado con un llanto tan profundo como dura era la erección.
Es de locos.
Aún ahora, siento correr unas lágrimas estúpidas y beso el condón con el que la bella Galatabriendomajalatía jugó obscenamente metiéndoselo en la boca y estirándolo infantilmente como si fuera un chicle.
El nombre de mi amada, era un tanto complicado y se trata sólo del diminutivo; pero cuando amas de la verdad, te la pela la longitud del nombre. Incluso lo pronunciaba con rapidez supersónica en mis delirios cuando me sedaron.
El amor nos suele vestir de un manto melífluo del cual es difícil evadirse.
A veces tengo estos arrebatos de lirismo que me hacen ser simpático e incluso culto. Son pequeños recursos literarios para hacer el texto más intrigante.
Cuando me dirigí a una de las pequeñitas ventanas, con el rabo duro otra vez y unos lagrimones surcando mis sonrosadas mejillas, ella lloraba emocionada.
—No hagas eso, hombre amado, tú no eres nativo, no tienes porque hacerlo. Lloraré tu ausencia durante toda mi vida; pero no te mates por el amor que nunca volverás a sentir más que conmigo.
Si uno lo mira fríamente, esto es, cuando te han metido doce pastillas de valium en el cubata de ron; caes en la cuenta de que esas mujeres no son nada buenas psicólogas y tienen una extraña manera de intentar convencer a sus machos para que no se maten.
O son de verdad tan espirituales y místicas, o es que se las come la maldad pura. Pero no podía ser, ella lloraba casi tanto como yo.
Galatabriendomajalatía reaccionó a tiempo, se arrodilló ante mí y se metió de nuevo mi polla en la boca, con lo cual tuve que detener mi avance hacia la muerte. Me detuve sumiso hipando con un llanto quedo; ya que es mejor follar que matarse, pensé lleno de confusión y contento de que mi instinto de supervivencia aún funcionara.
Y mientras mi amor intentaba decir lo muy hombre que yo era, con la otra mano usaba el teléfono móvil. Estaba hermosa con sus mofletitos llenos de mi polla. Una monada...
En unos minutos, unos machos con los ojos tapados y guiados por una hermosa vagilonesa no-puta de pelo dorado, entraron en la habitación. Sin ningún tipo de cuidado me inyectaron algo en el cuello y me quedé profundamente dormido.
—Mi Dios... Te esperaré eternamente —oí aún que decía.
—¿A mí? —respondieron al unísono los sanitarios.
— Galatabriendomajalatía ¿Es que no puedes callarte?
—Estoy en celo —respondió mi amor.
—Anda y vete a casa o al final vas a matar a un turista —le respondió irritada la hermosa del pelo dorado.
Y me dormí con la polla tiesa, asomando fuera del pantalón.
Aún insconsciente me metieron en mi nave, conectaron el piloto automático rumbo a La Tierra y pusieron una piedra encima del acelerador.
En apenas dos meses, ya estaba de nuevo en mi planeta con una resaca del carajo.
De vez en cuando, aún lloro alguna noche de pie en el borde del vertedero de basuras mirando al universo infinito, esperando que mi bella Galatabriendomajalatía sea feliz.
Eso sí, con el rabo muy tieso, que el espíritu no vale una mierda sin la carne.
Los cosmonautas del sexo, somos hombres de recio carácter, prácticos y duros que siempre saben sobreponerse al embrujo del voraz amor.
Sonó la alarma de mi teléfono móvil vibrando suave y muy cerca de mis cojones, y me tragué cuatro comprimidos de diazepán.
Precioso.
Estrella, aún se ríe de lo que aconteció entre mamada y mamada de los lotes de control.
Me cago en su prima.
Buen sexo.



Iconoclasta
Gracias, Aragón, tuya es la idea. Besos.


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14 de noviembre de 2009

A tí

A tí:

Prometo no decir adiós al final de la carta. Adiós es una palabra dolorosa y punzante. Comenzaré mandando besos oscilantes como el aleteo del colibrí sorbiendo tu miel, apenas tocándote, suspendida en el aire.
Empiezo con un dato dulce porque de esto es de lo que carecemos. Temporadas de heladas transcurridas arrugando y quemando nuestras pieles. Imágenes monocromáticas corriendo en el oxidado carrete de la memoria. Traducciones de lejanas lenguas con hirientes mensajes y con la única alternativa de aceptarlas sin consuelo más que nuestras propias carnes lamidas.
Somos un rompecabezas pensante, armaduras de fisuras visibles y escondidas con el aceite consumido en las bisagras.
Aún así, hemos aprendido después de las centurias: ¿Lágrimas? es más gratificante la soberbia. Te engrandece, te infla el pecho, incluso puedes esconderte detrás de tu propia imagen gigantesca.
Hemos endurecido el gesto para todos, reservado las sonrisas para pocos momentos.
Sólo es en el silencio, clandestinos, cuando soltamos las fajas que detienen los alientos, brotan los destellos de las miradas y permitimos que las pieles se abrasen. Entonces crece el vapor de nuestra aura, bota la escarcha milenaria y tu piel se despetrifica.
Los órganos y las partes cumplen con la función con que fueron concebidas antes de todos los años. Los mimos germinan involuntarios, los molinos giran pesados moviendo las aguas y la melaza se presume incandescente con su untuosidad que nos une en constantes convulsiones.
¿Y hoy me dices que tienes miedo?
La perfección no es un término reconocible para nuestra mente. No debe de serlo. Una cadera cansada y rota no es motivo de vergüenza. Pobres de aquellos que aun con tobillos firmes no saben cuál es su camino.
Seré bastón, andadera o mejor aún reptaré a tu lado, desgajando los codos y tragando puños de tierra. Así de hermanados somos los extraños.
Por el simple deseo de soltar el rejón que empuño, por la simple gana de no escuchar más el goteo torturante, más nunca por el mínimo dolor que experimento, por eso hoy te dejo este manojo de letras, a ti, que seguramente sonreirás con los ojos caídos, con el beso consumido, entendiéndome mientras se calma mi ira con tus tantos encubiertos suspiros.
Por la calma que merecemos
un beso, miles…
Hasta siempre.
G.

Quién soy



— ¿Quién soy?
El pequeño se acercaba por detrás de su madre, sigilosamente. Se le escapaba una risa traviesa que ella escuchaba divertida, simulando estar mirando la televisión.
— ¿Quién soy? —le preguntó el niño tapándole los ojos con las manos.
Y como una flecha directa a la frente, una sucesión de emociones y recuerdos invadieron su mente.
— No lo sé... —se le escapó en un susurro.
— ¡Mamá...! —exclamó desencantado el pequeño Víctor.
—Eres un osito de peluche —respondió Julia.
— ¡No! ¿Quién soy? —volvió a preguntar el pequeño.
—Eres un rollito de primavera... ¡Qué me voy a comer de un bocado!
Julia se giró en el sillón y atrapó a Víctor. Lo sentó en sus rodillas y le dio besos, le hizo cosquillas hasta que al pequeño le falló la voz de tanto reír.
Cuando ambos se calmaron, Julia se puso en pie.
—Y ahora a la cama, ya es tarde.
—Un rato más.
—Mañana hay cole y siempre que te quedas a ver la tele, no hay quien te despierte.
“¿Quién soy?”
“No lo sé...”
Una vez supo su nombre, y lo olvidó.
Estaba cansada.
Cansada de un largo día de trabajo, cansada de un marido que trabajaba las noches y el día dormía. Cansada de estar caliente.
Arropó a Víctor y aprisionado entre las sábanas, aún le hizo más cosquillas. Le besó y se desearon buenas noches. Apenas apagó la luz del cuarto y entornó la puerta, Víctor bostezó y lanzó un suspiro de cansancio. En apenas unos minutos se quedaría profundamente dormido.
“¿Quién soy?”
“No lo sé...”
Cuando la casa quedaba en silencio, Julia clamaba por aquel ser que reinventó aquel juego infantil, un juego que se abría paso en su deseo y en su mente como un cuchillo al rojo vivo. Que hacía arder su piel y su sexo ahora sensibilizado por recuerdos y emociones.
Cuando se quedaba sola, cuando el peso de la ausencia de aquel que no recordaba se convertía en ansia, soñaba con su aliento en su nuca.
“¿Quién soy?”
Instintivamente presiona los muslos para retener el agua que le mana desde lo profundo y la empapa. La humedad de su sexo ceba más el deseo y sus dedos se insinúan en el elástico de la braguita; con los labios entreabiertos, exhala un suspiro lento y prolongado.
El olvidado. El ser que aparecía y la obligaba a darle la espalda. Como si el amor que ambos consumaban fuera a escapar al mirarlo directamente a los ojos.
Es mejor amar a alguien olvidado que morir sola.
Sólo ellos dos podían amar y amarse. Se dieron cuenta de que en realidad nadie existió antes, nadie existiría ya. El círculo se había cerrado en aquella vida.
El otro, el que no amaba, era su marido; el bueno, el que no excitaba el flujo de su sexo con el caudal que producía el que se obligaba a olvidar en cada encuentro. Era aquel, el desconocido, el que catalizaba en su sexo un lubricante denso y abundante que en ese mismo instante, estaba alimentando su libido. Mojando la cara interior de sus muslos.
Los dedos acarician el rasurado monte de Venus, suavemente, acercándose demasiado al vértice del placer.
El que no amaba trabajaba las noches. Todas las noches del mundo en la fábrica de botellas de plástico.
“¿Quién soy?”
Aquel al que olvidaba y que cada cierto tiempo le enviaba un mensaje que decía: “Quiero follarte”, hacía que se derramara en agua y que sus propios dedos dieran paz a un sexo que hervía, que parecía sudar.
Era alguien que hablaba con ella en el café, durante el desayuno en la fábrica. Era alguien con quien intercambió un número de teléfono. Era un compañero de trabajo de una mirada intensa que clavaba en sus pechos con ruda fiereza. En su sexo cubierto que ella sentía arder.
Un mensaje hace tiempo, hace semanas, hace años.
Podrían haber pasado siglos.
“Quiero follarte”.
Una respuesta: “A las 22:30 en mi casa”.
Dejó la puerta de entrada abierta cuando lo vio aparcar el coche frente a la puerta. Se dispuso a preparar unas bebidas. Víctor estaba en casa de sus padres, porque estaban pintando y renovando la decoración de la habitación del pequeño.
Estaba sola...
—¿Quién soy? —le preguntó en un susurro que le erizó la piel, tapándole los ojos suavemente desde su espalda.
—Eres...
Julia intentó decir su nombre y aquel al que olvidaba, le cubrió los labios suavemente con una mano.
—No lo digas, mi amor. Que no acabe el misterio jamás, que podamos continuar durante toda la eternidad este juego de deseos e ignorancias alevosas. Premeditadas.
—Eres...
—Olvida mi nombre y deja que mis manos cubran tus ojos todo el tiempo posible, todo el tiempo del mundo. Seamos tramposos y que nunca me separe de ti.
—Eres...
—Nuestro destino es un juego de ciegos y tontos. ¿Quién soy?
—No lo sé —respondió Julia como en un sueño.
El dedo corazón, ávido ha encontrado el mismísimo centro del placer y lo presiona, lo acaricia. Sus pechos están duros hasta el dolor. Se lleva el dedo empapado de sí misma a los pezones y bajo la camiseta los unta de deseo puro. Reaccionan casi con dolor a esa baba cálida.
“¿Quién soy?”
“Eres...”
Recuerdos, placeres en el cerebro y entre las piernas. Ahora en sus dedos.
“Nunca me recuerdes porque temo que cuando me conozcas, llegue a ser uno más, un vulgar”.
Julia se quitó el pantalón del pijama, y se sentó frente al televisor apagado, la pantalla la reflejaba. Su media melena negra, oscilaba al ritmo de sus caricias. Ojos negros y felinos se entrecerraban de un placer próximo a la explosión de una estrella. Separó las piernas y observó con creciente excitación la mancha oscura en sus braguitas.
“Dame la oportunidad de ser especial para ti, toda la vida a ser posible”.
“No lo digas, no lo adivines jamás”.
“Sólo soy algo, eso que te ama”.
“Calla mi vida, suspira y gime. Nada más, por favor. No soy”.
Cada ruego, cada frase la sumía más en el olvido, la empujaba a follar a un desconocido en cada encuentro. Cada cita un descubrimiento.
A veces insistía:
—Eres...
Su dedo se ha introducido profundamente en la vulva y encuentra el bendito agujero por el que todo fluye.
Por donde él se la mete, y la empuja y la llena.
El olvidado...
—Por favor, no lo digas; no me despojes de misterio. Déjame seguir siendo el extraño por el que cada día luchas por recordar. Borraré tu memoria mordiendo tus labios, atenazando tu coño con mi mano, con la violencia de una pasión desbocada. Joderé hasta tu memoria.
El olvidado era implacable y hendía el cuchillo en su memoria desgarrando.
Desgarraba su coño y su ano.
Ahora son tres dedos mojados de si misma, que salen resbaladizos para acariciar los dilatados labios entre sus muslos. Resbalan sobre la dura perla del placer que ahora azota sin cuidado llamando a la lujuria, ordenándole que le traspase el vientre y se enrosque en sus pezones. Que se los arranque, el relámpago del goce.
Y su cuello se tensa, las venas se han dilatado para llevar el máximo placer al cerebro. Venas que vienen directas de su sexo hirviendo.
Sus muslos se alzan temblando y un fino hilo de baba se desprende de entre sus labios y su sexo, manchando la tapicería. Las bragas, en algún momento han caído al suelo.
El teléfono avisa de un mensaje y corre hacia el bolso.
Y aún con los dedos mojados, pulsa las teclas para leerlo.
“¿Quién soy? No me mires, gírate cuando entre en la casa. No sepas quien soy”.
—¿Quién será? —se pregunta en voz alta.
Se sienta en una silla de respaldo recto, dando la espalda a la entrada.
La puerta se abre y los pasos se hacen familiares.
¿Quién es? Su deseo ha borrado la memoria y su volición es seguir el juego, abandonarse a esa isla de misterio y placer, rodeada por todas partes de hastío y monotonía.
—¿Quién soy? —las manos del desconocido cubren su rostro.
Las manos de quien olvida son diferentes a como las recordaba. Si algún día lo hizo.
Y su voz.
Tal vez el juego va tan lejos que su mente se ha girado también de espaldas al amante. Como cierra los ojos cuando él se come su boca.
Como su cuello gira rompiéndose con un trallazo de dolor cuyo grito no tiene tiempo de expulsar. La muerte se propaga más rápida que un orgasmo.
Y los ojos de Julia miran sin pestañear el rostro de aquel al que no quería, y más allá la del olvidado sobre un charco de sangre en la entrada de la casa.
El que no era querido por su mujer, se sienta en el suelo y llora la letanía del olvido balanceándose mecánicamente adelante y atrás.
—¿Quién soy? ¿Quién soy? ¿Quién soy?...
Tantos años recordado... El también tenía derecho al olvido.
Él también tenía derecho a su misterio.
A una isla en medio del Mar de la Repetición.
Y olvida quién es ella y acaricia el sexo muerto, el coño aún húmedo por obra y gracia del olvido.
El frío coño del recuerdo.
El pequeño Víctor con sus enormes ojos abiertos, en la puerta del salón, se pregunta si es un sueño, si un día olvidará que despertó y no entendió toda aquella insania.


Iconoclasta

6 de noviembre de 2009

Performance



Soy el que os entretiene hasta que tome el escenario el gran protagonista de este espectáculo. Soy un telonero, dijéramos que un fracasado al que no saben si colocar al principio o al final.
Les he dicho que soy artista de principios, que si tengo que esperar al final, me tomo un cuarto de kilo de somníferos y se quedan sin artista underground.
El apoderado se ha dado cuenta de que mis vidriosas escleróticas prometen tanta locura, que tal vez sea bueno que salga yo el primero; el artista titular se está retrasando demasiado.
El titular es un cantante famoso, no sé quien coño es.
Respetado público:
Yo sé humillarme, id con cuidado. De la misma forma que me ofende vuestra vida, puedo ofenderos con la mía. Unos se aficionan a la música, otros al fútbol y yo os detesto de la forma más natural. He nacido para odiar todo aquello que me es impuesto. Y vosotros sois una imposición. Yo mismo soy una imposición.
A veces me odio.
Me odio sin reservas.
Yo sólo os quiero provocar. Aunque sea asco.
Una reverencia doblando la riñonada y la espalda bien recta, los brazos grácilmente extendidos y por el esfuerzo se me escapa una sonora ventosidad.
No os riais aún, queda mucho por lo que reírse de mí.
Danzaré con mallas ajustadas, con mis grasas contenidas por una sutil tela que dejará a la vista más miserias de las que desearíais ver.
Fuera el pantalón.
¿Es esto una performance? La obra es mi cuerpo, es una de las condiciones. Sí, siempre es bueno dar nombres exóticos a la miseria y la auto-mutilación.
¿Os dais cuenta de cómo me tengo que denigrar para que se os tuerza el gesto al mirarme? ¿A que es difícil apartar la mirada de una carne pálida envuelta en medias negras?
Y este vello que surge entre el tejido... Yo no me depilo, no busco un efecto estético.
Estoy sólo ante la masa, no necesito ni quiero estar guapo. Uno a uno, charlaría a gusto con vosotros; pero así en tropel, prefiero impactaros. Con una bala en el cerebro.
Si creéis que es gracioso, seguid riendo. Hoy día se ríe por todo y siempre ayuda a promocionarse en el mundo laboral.
Podría sonar música; pero os distraería de mi autodestrucción. Y me interesa que en esta performance, podáis sentir el ruido de mis enfisematosos pulmones al danzar con cierta energía descontrolada.
Estoy rabioso.
Furioso.
No tengo una sola razón para intentar ser un poco agradable.
Nadie muere en el momento adecuado.
Aunque pienso que es más importante nacer en un buen tiempo. Y en un buen lugar. A ser posible.
Si he de pagar un suplemento, lo pago; pero sáquenme de aquí, por lo que más quieran, sé que me voy a hacer daño.
Os reís; pero noto el nerviosismo, queréis disfrazar de risa algo que se precipita firme y peligrosamente hacia la debacle psíquica. Lo físico llegará. Lo tengo pensado, porque no se puede ensayar, sólo hay una vida.
¿Sabéis que la cabeza del verdadero telonero la tengo hay detrás, tras el telón? Si no lo hubiera decapitado, ahora os haría reír de verdad. Un orador chistoso de la banalidad; están de moda: miran sus calzoncillos sucios y hablan de la raya marrón hasta que las ovejas bostezan evidentemente aburridas. Monólogos...
Monos locos, sábanas ensangrentadas, una rosa decapitada.
No os riais, va en serio. La sangre fuera del cuerpo apesta enseguida, un voluntario que suba y notará que hay un ligero aroma a matadero municipal en el ambiente del escenario. La sangre también sabe a hierro oxidado. Siempre hay una importante fuga de sangre cuando la carótida se corta. Debería haber usado mascarilla, no consigo sacarme de la boca ese pegajoso sabor. Cuando entren en su camerino, se van a preguntar dónde cojones debe estar la cabeza.
No puede hacer daño destruirse uno mismo, es en definitiva una auto-crítica. Y si hiciera un poco de daño, no tendría importancia en comparación a lo que me irrita el culo la costura de la media. Mi bella es mucho más delgada que yo. No soy delgado, soy gordo, una vaca vestida de bailarina.
Puede ser gracioso; pero a mí no me lo parece. Estoy aquí por el puto dinero nuestro de cada día. Me pagan poco o nada por trabajar; y asaz a los que no trabajan; así que un servidor se frustra y decide que para ser apaleado, me azoto yo mismo que lo hago mejor y con más garantías sanitarias.
Con dos cojones.
Si se entera mi bella de que he cogido sus pantis...
Le diré que los he necesitado para atracar un banco.
¡Muuuuuu!
¿A que no es tan cómico el ridículo cuando roza la enfermedad mental? Cuando algo no puede tener un final feliz.
Tranquilos no voy a cagar en el escenario ni me voy a beber mis orines. Ese número ya lo he hecho demasiadas veces.
¿Os gustan mis rápidas fouettes? La brutalidad de una patada contra el suelo, el dolor de unas articulaciones no entrenadas. Grasa agitada, un cuerpo amorfo.
El giro veloz sobre la uña rota de mi dedo me centrifuga las mantecas.
¿A que sentís vergüenza ajena?
Los artistas somos extraños.
Os cogeríamos por los intestinos tras rajaros el vientre y os arrastraríamos al infierno: los bastidores de vuestra vida mal decorada. Oropel de oropel. Todo más falso que el dinero del Monopoly.
Salto con una pierna hacia adelante y la otra atrás luciendo una evidente y hermosa erección. No estoy excitado, no me excitáis nada.
Ocurre que mi pene es un ser con voluntad propia y no siempre me cuenta lo que piensa. Ni me avisa de lo que va a hacer. Hoy me ayuda a denigrarme. Siempre está para lo bueno y lo malo. Lo bueno es follar a mi bella. Lo malo, el resto.
Posición arabesque, en la que mi tripa cervecera, pálida y velluda, se come el elástico de las medias. Y luzco majestuoso como vuestro padre de pie en la playa, cuando una vez ha clavado la sombrilla en la arena, se siente orgulloso y mira con gallardía al horizonte antes de beberse la quinta cerveza de la mañana.
Bebed antes de volver a casa, puede que a la vuelta, os convirtáis en la parte orgánica del metal de vuestro carro. Estas cosas pasan. Mejor estar ebrio cuando la muerte se sube en nuestros hombros; hasta los médicos lo dicen: no hay porque pasar dolor. Los padres que beben cerveza en abundancia, suelen criar hijos con exoesqueletos metálicos y espuma de tapicería.
No os riais, es hereditario. Vosotros miraréis al horizonte, si no lo confundís con ese manto de mierda y medusas que el mar nos regala.
Posición attitude, aquí un brazo mira al cielo y el otro atrás, hacia donde mira mi culo. Es la posición homosexual de Supermán antes de emprender el vuelo, salvo por la pierna estirada lateralmente. Yo sólo hago performance, no salvo a ningún necesitado de mierda. Yo soy un necesitado y precisamente me estoy destruyendo.
¿Por qué iba a querer ser un héroe?
Y ahora un salto.
Gracias por los aplausos y las risas, hijos de puta.
Sé que al principio os hará gracia el crujido que habéis escuchado; pero no es una madera rota debido a mi exagerado peso. Es mi tobillo, ha crujido como una ramita y el dolor me sube por un nervio oculto en el interior del muslo o cuádriceps y me atenaza los cojones.
En definitiva, me he meado de puro dolor. ¿A que ya no tiene tanta gracia ver el huesecito ensangrentado que asoma por la media? Parece una especie de excrecencia, una deformidad. Un feto pegado a mí. Mi gemelo olvidado.
Gracias por los reticentes aplausos. Si estuviera entre vosotros haría lo mismo: cerrar el puño con fuerza y pensar que el truco está bien hecho.
Los pantis van a quedar hechos unos zorros. Como yo.
Demostrar valentía requiere mucha voluntad. Los deportes de riesgo no demuestran valor porque hay esperanza de que acaben bien.
Aquí, bailando en el escenario, frente a vosotros, querido público que espera la actuación del artista principal; no habrá final feliz. Por ello seguís mirando, venciendo la vergüenza de mi propia humillación. Evidentemente aliviados de no ser yo.
¡Hop! Salto. ¡Hop! Salto y tijera, y la media rasgada en la puntera derecha.
Debería haberme cortado las uñas.
Y las arterias.
Plié. Y con esta bajada de culo con los pies planos en el suelo, se ha descosido el panti por la costura y siento aire fresco en las nalgas.
Esto sí que es gracioso... Ya veo, ya. Pues apurad, porque puede que sea la última vez que os podáis reír durante los próximos cinco minutos.
Mi bella va a pensar que en lugar de robar un banco, he utilizado los pantis para envolver las heridas de un cerdo. ¿Y por qué iba a curar nadie las heridas de un cerdo, si lo que queremos es comerlo?
¡Hop! Quedo clavado en una grácil attitude de nuevo.
Y tengo que morderme la lengua para evitar un grito desgarrador. El tobillo se ha partido un poquito más y me duele la cabeza.
Ahora una serie de treinta y dos giros llamados fouettés, que es el número de repeticiones ideal para ser considerado una buena bailarina. El vómito no estaba previsto, ahora se amalgama el olor de la bilis con la sangre que se seca formando costras blandas en el cuello de la cabeza cortada.
Y la orina.
Hasta para morir tenemos poca dignidad y soltamos nuestras miserias a los cinco minutos de haber muerto. Ni la mierda quiere a los muertos.
Y dicen las malas lenguas, que los ahorcados, hasta eyaculan.
Hay que ser retorcido... Cuando le cortaba la carne del cuello y se desangraba en el camerino, no ha eyaculado
¡Atchissss! ¿Qué gracia tiene que alguien estornude? ¿Los mocos que me cuelgan? A mí me daría asco o repugnancia. Aversión.
Sabed que soy portador de la peste porcina.
No os asustéis, afortunadamente estoy demasiado lejos de vosotros para contaminar a nadie.
Un trote para que mis tejidos adiposos luzcan en un mundo de fibrados y mimados cuerpos. A mí me da igual, mi vida sexual no requiere demasiados rituales y follo con mi bella habitualmente. Incluso ella me exige más. Me hace sentir su esclavo sexual. Ella sí que sabe hacerme sentir hombre y útil.
Un tropezón y a punto estoy de caer de bruces al suelo.
Necesitáis una vulgaridad como el tropezón para reíros hasta llorar. Porque la cosa no pinta bien. En los velatorios, la peña acaba contando chistes y ríe como nunca lo había hecho. He visto tanta mierda... Mejor aún, la he entendido.
Y eso quita interés a la vida.
Vaya... ¿Oís la sirena de la policía? Es el final del espectáculo, alguien ha debido entrar en el camerino, tal vez porque bajo la puerta de ese pequeño habitáculo, se extendía una marea de sangre. Cinco litros de sangre es una cantidad considerable como para pasar desapercibida. Pongamos que un litro ha sido absorbido por la ropa del cómico. Quedan cuatro litros para que quien entre en el camerino, resbale y se dé de morros con el cadáver sin cabeza.
Otra carrerita y doy pequeños y ridículos saltitos. Me elevo lo que puedo y ofrezco mi mandíbula al suelo. Pequeño impulso para dar la voltereta sobre el cuello y ¡Zas! La performance está llegando a su final. Miro al techo, sólo puedo mover los ojos. No sé si respiro. Y no me duele el tobillo.
Me he partido el cuello, ahora soy como una serpiente rota. Podríais reír, es gracioso. Sí, ya sé que las performance son difíciles de entender.
Veréis: quería morir dejando huella, como he sido tan mediocre viviendo, que mi muerte sea recordada por todos vosotros. Soy simple como una pelota.
¡Ah, la vanidad!
No lo olvidaréis jamás. Yo no olvido las cosas que más me han impactado.
La policía corre hacia el escenario.
Dicen que a alguien que se le ha roto el cuello, se le ha de mover con sumo cuidado para que el último nervio que lo mantiene con vida no se parta y se muera.
Espero que no me defrauden, porque entonces sí que me iba a reír yo.
Mar adentro... (qué película más deprimente, coño).
El humor negro siempre es un buen recurso para quitarle gravedad a la muerte.
—En pie, queda detenido —me dice uno de los dos policías con la mano preparada sobre la pistola.
La gente aplaude, parece que les gusta el final...
—Una mierda, he de acabar mi número.
Su compañero saca las esposas de su cinturón y ambos se acercan a mí.
El final...
Con los pies me hacen rodar de lado y apenas siento un clic cuando la médula se romp...


Iconoclasta

1 de noviembre de 2009

Todos somos Carne de Dios

De una forma sorprendente y con una injusta suerte para los buenos escritores, he tenido la fortuna de participar con treinta relatos en el libro: Todos somos Carne de Dios. No es por alarde, es por agradecimiento a mis compañeros escritores y a Adela V. Alcalá, que de alguna forma ilógica, creyó en mí.

Todos somos... Carne de Dios
(Mensaje publicado por La Muerte, Adela V. Alcalá, querida escritora y amiga)
http://lachimeneaenponiente.ning.com/forum/topics/todos-somoscarne-de-dios


Prólogo

Carne de Dios es el resultado del esfuerzo conjunto de una comunidad de escritores que defendemos la Literatura por instinto y bajo insomnio. Todos reunidos bajo la tutela de Teonanácatl, una página de Internet que promueve y apoya el talento novel.
Cuatro talentosos escritores, que la misma comunidad literaria eligió para que presenten sus trabajos editados, forman el cuerpo de este libro, cobijados en fuerte abrazo de solapa por Ignacio Díaz del Monte, escritor español de reconocida trayectoria literaria.

El título del libro ya de por sí conlleva a tantas lecturas ¿Carne de Dios porque el ser humano es su alimento? ¿Carne de Dios porque el ser humano es parte de él (en caso de existir)? En fin, tantas y tantas lecturas como lectores tenga. Y no conforme con ello, se ha reunido en él, un cuadro de estilos muy versátiles: Poesía surrealista, Relato breve, Cuento corto y Poesía de vanguardia, si acaso se vale etiquetar estilos.
En mi intento de describir personas, personajes y personalidades, dejo aquí algo de lo que encontrarás de adentrarte más allá de este prólogo.

Los relatos de Iconoclasta, el azotador de teclas, no son aptos para las sensibilidades simples, éstas deben huir lo más lejos posible de su tinta corrosiva. Nuestro cáustico escritor, trata inútilmente de atrapar incautos definiendo sus relatos de manera sencilla: “Abiertamente sexuales y Violentos” en tanto que, renglón a renglón, historia tras historia, va derribando las Puertas Caspianas que inútilmente construimos para separar nuestro bárbaro de nuestro civilizado.
El título de sus relatos, es sólo una gota ácida que advierte de su contenido: 200 miligramos de Valium; Curso básico de llanto; 666; Alarido.
Como presentación, dejo a Esquizo, un relato breve, que tome la batuta del concierto mayor que está por venir: ...inmersión en una alucinación esquizofrénica, pongo a prueba los nervios de vosotros pobres mortales, un poco de dolor mental no puede hacer daño, incluso ejercita la resistencia y la valentía.

Soy anárquica, dí¬scola, voluble/ perezosa, soñadora, insurrecta. No creo en dioses ni milagros. Sé que no hay caminos/ solo a mí me corresponde. A veces me miro con espanto... en este fragmento, una Adriana Ulloa tratando, más que definirse, aprehender sus pasiones para ordenarlas, alinearlas y encontrarles el sentido de su manifestación; “No sé, a quien le importe” el título de esta poesía, nos revela francamente su intención.
La poesía de la Ulloa no viene a parlar “La Vie en Rose”, viene a graffitiarle, a escribir encima de ella, a tachonarle en femenino. Si tú lector, vienes buscando en sus letras, una plácida isla caribeña de libélulas y alcatraces, aquí no la encontrarás, pero a cambio, nuestra escritora te ofrece una selva de versos identificables y un mar profundo para reflejarte en él. Pasa a conocerla y te aseguro que no la olvidarás.

El lector ávido de sobresaltos cuánticos, encontrará su espacio en los cuentos cortos de Soma, un escritor nacido para la Gloria, según sus propias palabras, huérfanas de modestia. En los cuentos que aquí presenta, tanto las acciones como los personajes, son descritos como una sucesión de luces intermitentes -como esas advertencias de accidente de auto en carretera- entre breves periodos de oscuridad que no logran perdernos sino despertar nuestro instinto de orientación. Podemos identificarnos o no con sus personajes, pero ciertamente los hemos vivido. Soma urde sus tramas con elegante locura y con gran manejo del lenguaje; como amplio conocedor de grandes autores de la literatura, logrando hacernos sentir que, si bien no podemos anticipar dónde ni cómo terminará la trama, si nos lleva ágilmente a puerto... endeble. Toma tu Cabernet y pasa a leerlo bajo tu propio riesgo.

Texto, contexto y pretexto deberían textualizar la poesía surrealista de Dina. Pero no es una autora fácil de desentrañar. El que sea estudiante de medicina debería darnos luz sobre el papel que obra la medicina en su creación, pero no es así, acaso es un recurso de terminología, apenas: Yo soy la culpa/ la tráquea violada por ofidios/ el insomnio de los padres a la diestra. Los destruyo/ como la rama de los fetos/ pendulados en el lago,... (Con plexo de Culpa)
Feromonimos; Polifagia; Lisis; Necrofilia, son algunos de los títulos que eligió para exorcizar los demonios de sus circunstancias, para enfrentar la Libertad y sus rivales y para respirar en el todo asfixiante. Sin un asomo de pérdida su lectura.

Rebeca Valenzuela Soto.