16 de octubre de 2009

Máster en supervivencia de Amores Rotos



Introducción y consideraciones.

Hay amores rotos: amantes mal sincronizados con el tiempo y el lugar.
Antes escribían sus confidencias en cartas que tardaban días y semanas en llegar. Hoy se aman entre bits y velocidades lumínicas.
Con terabytes de ansiedad, con la misma insana ilusión.
Son amores rotos, amores que se cogen con cuidado y se acunan para intentar curarlos. Repararlos.
Dan pena los amantes rotos, ríen cuando hay que llorar y ríen cuando hay que reír.
Se duelen lejos del teclado y la pantalla; como en otro tiempo lloraban lejos del papel para no emborronar el amor más de lo que estaba. Casi difuso.
Son heroicos, uno se avergüenza de su suerte al mirarlos ilusionados con algo tan roto entre sus manos.
Con tan poca cosa, es extraña la fuerza con la que los corazones laten desaforadamente.
Este curso es una poderosa arma que la universidad Brokens Love pone a disposición de esos héroes que hacen de su amor roto un universo de llantos escondidos y risas exageradas. De secretos que se susurran al viento.
Se inicia el curso.
Y va ser duro. Seremos inflexibles con nuestros alumnos.

Máster en supervivencia de Amores Rotos.
Ponente: Sr. Llanes, licenciado en Rotología.


Buenos días y bienvenidos, mis queridos rotos.
Hemos de comenzar este curso avanzado, puntualizando que nunca se debe pronunciar “imposible”.
Lo roto se arregla, o se coloca en su lugar. Lo imposible es muerte fría y oscura. Inanición del ánimo.
Así de horrible y oscuro.
¿Y si fuera imposible, qué sentido tendría este máster?
PROHIBIDO PRONUNCIAR “IMPOSIBLE”.
Porque un amor imposible no se debe llamar así jamás. Ya sufren bastante los amores rotos, siempre fuera de lugar y de tiempo.
I-N-S-I-S-T-O, quien pronuncie “imposible”, será expulsada/o del aula y del centro, y no se le devolverá la abusiva cuota de la matriculación.
A estas alturas de vuestras vidas, mis alumnos rotos, no os vais a engañar, no sois adolescentes. Así que quiero que uséis tantas mentiras como sean necesarias para aliviar el dolor de un amor roto. Sois mayorcitos ya y tenéis derecho a mentir. Os lo habéis ganado a pulso.
Respecto al grandullón del fondo. Sí, usted, el que se muerde el puño con tanta ansia; le comunico la primera amonestación de dos.
A la segunda que reciba se va a la calle.
Que nunca más se le ocurra ser sincero con su amada. ¿No le da vergüenza haberle dicho una verdad que ambos sabían? Es un dolor cruel y gratuito.
Claro... Ahora se muerde el puño de puro remordimiento, porque le duele cada lágrima que ella derramó.
Prométale ahora mismo que se abrazarán, piénselo con intensidad. Sabe muy bien que sabremos si lo ha hecho. Y no querrá quedarse sólo para toda la vida ¿verdad? Estos amores sólo se encuentran una vez, mi pobre roto.
Eso está mejor.
Venga aquí, amante ansioso y nervioso, deme un abrazo y prométame que nunca más le dirá algo tan brutal a ese caramelo con chile que le ama.
Ya está, no me llore. ¿Acaso no la siente sonreír feliz ahora? ¡Ay estos adultos enamorados! ¿Qué harían ustedes sin un profesional como yo?
Está bien, sabemos que han tenido que hipotecar la casa para pagar el curso; pero aún así, vale la pena. Al menos para nosotros.
Les deberíamos cobrar el doble.
Es broma, sonrían mis rotos. Valientes enamorados.
Mis rotos alumnos, probablemente sabéis más que yo de lo muy rotos que os sentís, de lo roto que es vuestro amor sostenido en rotos deseos (no es falta de vocabulario, repetir “roto” tantas veces, es un método pedagógico para que penséis en él con familiaridad).
Y tal vez por eso, no sois objetivos y os retorcéis entre dolores y alegrías.
Sí, sé que es desesperanzador ver tantas cosas rotas; pero seguís enamorados a pesar de todo y de todos.
Debéis saber que sois muy pocos, que formáis parte de una élite de tenaces fracturados románticos.
Menudo consuelo ¿eh?
Sonreíd, que no os vamos a cobrar más por ello.
Miradme a mí, la amo a cada segundo, la tengo presente hasta en la piel y soy medianamente feliz (si os dijera que soy completamente feliz, y dado que no soy amante roto de ninguno de vosotros, seguramente os reirías de mi mentira). Y ella también es medianamente feliz, ella me lo asegura y yo me lo creo. De lo contrario, mis queridos rotos, me descerrajo un tiro en el cielo del paladar.
Entre los amores rotos, sólo hay un fino hilo de oro incorruptible que nos une, un superconductor que nos conecta nervio con nervio; pero es tan débil el pobre, que se rompe con el aliento. Con una palabra mal escrita, con un silencio.
Y hay que revisarlo y acariciarlo y adorarlo porque no está presente, y requiere todo el esfuerzo del mundo para mantenerlo. Los amores sanos, necesitan menos mantenimiento.
Vosotros tenéis que recurrir al exceso.
Tenéis que amar devorando la distancia y el tiempo.
Y es agotador ¿Verdad, mis rotos?
Mis cansados rotos... No toméis notas, al final de la clase, os entregaré el manual de supervivencia y mantenimiento.
Hasta aquí lo que sabíais; pero no acababais de poder expresar con las palabras adecuadas.
No os preocupéis, todos hemos pasado por ello.
Siempre, en todos los cursos impartidos, cuando llego a este punto en el que he acabado de expresar todo lo que sé al respecto, me doy cuenta de lo grande que es amar rotamente y siento unas ganas más tontas de llorar... Disculpad.
Y ahora la praxis.
Lo primero que vais a hacer ahora es abrir bien la boca y aspirar todo el aire que podáis.
Conocemos vuestros trucos: respiráis muy suave y repetidamente para evitar la angustia. Teméis que se os escape un gemido triste y demasiado audible.
Y también sabemos que continuamente mantenéis contraídos los músculos pectorales, temiendo que se os salga del pecho el corazón.
Pues muy M-A-L. Debéis ser consecuentes y valientes a la hora de gemir.
Unos auténticos rotos serenos.
Y por el corazón, tranquilos, continuará en su sitio. Eso del corazón colgando del pecho por un muelle, es cosa de dibujos animados. Leyendas urbanas. No tiene base científica. Así que relajad el pecho y dejad que el corazón bombee libre, con toda su potencia y caudal. Un buen torrente sanguíneo en el cerebro os evitará algunas lágrimas tristes. La sangre oxigenada, y esto sí que tiene base científica, es más animosa.
¿Pero quiere quitarse ya el puño de la boca y coger aire?
Vaya... Lo que tenía ahí dentro. Más que un gemido me ha recordado el grito de Tarzán. Seguro que Jane le ha oído.
Y ahora a relajar los pectorales. Las mujeres, si es su deseo, pueden quitarse el sujetador si lo llevan.
Es broma. Y si ríen no ocurrirá nada malo.
Eso es mis amantes rotos, tenéis una sonrisa hermosa, tenéis que lucirla.
Ahora que habéis acabado de expulsar los gemidos y los corazones laten más libres y relajados, sed sinceros: ¿a que no os sentís tan rotos?
Tanto tiempo con todo eso dentro... Pobres rotos...
Sí, podéis fumar si me invitáis. No puede hacer daño.
Pues sabed que vuestros amantes, donde quiera que estén, han sonreído con cariño; los hemos monitorizado con nuestro Almógrafo Ultrabroken v 3, un escáner del alma de última generación, y comprobado que han sentido en su rostro una brisa fresca que les ha provocado un delicioso escalofrío. Han cerrado los ojos mirando al cielo.
Al finalizar el máster os adjuntaremos con el diploma la almagrafía que demuestra que os han sentido íntimamente cercanos.
El llanto es inevitable, mis rotos amigos; y es bello. La tragedia de la fractura tiene una belleza ultra terrenal.
Sin embargo, hay que evitar en la medida de lo posible ese llanto. Porque el llanto es dolor y el dolor llanto; y amigos míos, mis apreciados rotos, ya tenéis bastante dolor.
No existe forma más bella de ser sinceros que expresarle a vuestro roto amante, que no hay nada en el mundo como el tacto de su piel o el húmedo calor de sus labios. Porque sabéis que es así, eso no es una mentira.
Ya sé que pronunciar cosas así de viva voz, crea un nudo en la garganta; así que de momento lo escribís una docena de veces en la libreta rota (especialmente rota para vosotros, para que veáis que cuidamos el detalle). Después lo pronunciaréis en voz alta, en un susurro. Y lo repetiréis hasta que vuestros labios y dedos se muevan pensando que es real. Con los ojos cerrados o abiertos, eso a gusto de cada uno. Y os lo creeréis como de pequeños creíais en Santa Claus.
Con una ilusión a prueba de bombas. A prueba de lógica y experiencia.
No obtendréis el diploma y mucho menos la almagrafía de vuestros amantes sino os veo ilusionados.
Muy bien. Así me gusta.
Esas lágrimas que se os escapan a algunos de vosotros no me acaban de gustar; pero sé que a estas alturas no son de dolor. Agua indolora que simplemente limpia el corazón. Románticos colirios.
Hermoso...
Mis queridos rotos, estoy orgulloso de vuestra promoción. Sois unos alumnos excepcionales. Enhorabuena.
Podéis marchar y ser medianamente felices.
Un abrazo, denodados amantes.

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Cuando los alumnos salieron del aula, se escucharon gritos de sorpresa, de alegría, risas y llantos.
Los amantes se habían encontrado.
En una cláusula del contrato del máster, redactada en letra demasiado pequeña, se especificaba que parte de la cuota se dedicaba a sufragar los gastos de viaje para sus amantes lejanos; incluía además, cuatro horas de tiempo para compartir un poco de vida en medio de lo roto y crear mentiras más reales que los ayudaran a hacer eterno el amor.
Los amantes rotos no leen la letra pequeña, están demasiado cansados de que todo sea tan difícil.
El profesor, se alejó de las puertas abiertas del aula y se deslizó a un lado de las cortinas de la pantalla de proyección en un lugar de penumbra. Y allí dijo “Te amo” con el almógrafo de su amante en la mano, cerrando los ojos.
El aparato vibró en sus manos y en la pantalla apareció una gráfica ascendente de un delicioso escalofrío en la piel de su amada.
Y sin darse cuenta, una lágrima que no era de dolor se le escapó.
Y aún así, dolió.


Iconoclasta

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