27 de diciembre de 2008

Yo no soy un hombre


Yo no soy un hombre, soy un animal sin alma. Sólo soy reproductor, un cerebro primitivo y lerdo.
Los enamorados claman al viento su amor, escriben poemas de luz y sonido, lloran la tragedia de la ausencia. Hacen el amor entre olas de espuma cálida o entre ráfagas de etéreo polen. Las velas hacen de sus sombras seres de prestancia divina.
Yo no. Soy un animal que no siente nada de eso.
No tengo corazón, no lo siento latir. Soy un simple.
Son mis tripas, en mi vientre es donde se acumula el deseo. ¿Es pasión o es locura desbocada?
Me aferro al abdomen clavando las uñas pensando en ella, digiero cada imagen suya, cada palabra.
Es mi vientre el que me estremece.
No tengo corazón, soy intestino, un músculo que se tensa, que me aplasta hacia dentro
Soy tan primitivo que siento vergüenza de mí.
¿Quién coño me parió?
Sin previo aviso se me tensa el músculo y me abrazo el vientre con una nostalgia, con una sensación de hambre que me dobla en dos.
¿Cólicos de amor?
Quiero joderla, lamer cada trozo de su piel, rozarme con ella hasta que mi puto pene reviente en mil pedazos.
Yo no soy un hombre, soy un perro en celo, coño.
No puede ser amor susurrarle al oído “puta”, meter mis dedos en su sexo y mojarme de ella, hacerla gemir como a una perra.
Coño, qué digo...
Soy un animal. Soy sucio, soy una pesada carga de semen hirviendo por ella. Un pene baboso, un glande terso colapsado de sangre.
Yo sólo sé que cuando el vientre se estremece mis manos lo recorren intentando frenar esa tensión. Y me encuentro con el pene en la mano, consolando mis cojones duros, ardientes.
No lloro, es vergonzoso...
De mi pene gotea un líquido espeso, un aceite. Destilo el puto amor por el pijo. ¿Son mis lágrimas de amor? Si ella supiera lo que soy...
Camino desnudo por la casa dejando un rastro de mi excitación, como un animal salido. Estrangularía el deseo; pero su imagen sólo me lleva a tocarme, acariciarme hasta que con gruñidos y gemidos me derramo.
Arañando el vientre, tirando de mi sexo endurecido y resbaladizo.
Babeando por lamer su coño.
Aspirar sus pezones hasta saciar mi sed.
Meterme en ella y joder hasta su alma.
No puedo ser un hombre, los hombres no se hacen pajas desesperados así. Los hombres aman y sonríen y bendicen la suerte de ser amados.
El corazón es mi pene latiendo, bum-bum-bum...
Creciendo y expandiéndose por ella.
Mis lágrimas son el semen que se enfría rápido entre mi puño, en mi vientre salpicado.
Mi puto vientre de animal...
Qué vergüenza...
La jodo hasta lo más profundo de ella.
Sin amor, sin corazón.
Soy una polla que llora, unos cojones plenos.
Un animal sucio.



Iconoclasta

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