22 de diciembre de 2008

El gordo de navidad

Hoy se ha sorteado la lotería y desgraciadamente para mí, no he podido evadirme de las noticias o comentarios del sonido feo e idiota que emiten los televisores y radios. Las mismas voces, el mismo soniquete repetitivo y estupidizante.
Por enésima vez me he sentido incómodo, infectado de nuevo. No he sentido ningún tipo de alegría por los afortunados, no me interesa si brindan o llevados por la emoción del momento padres e hijos mantienen relaciones sexuales compulsivas y cremosas.
Me irrita tanto la alegría de esos, que me hacen sentir afortunado de no haber tenido suerte con el dinero. No me gustaría sentir esta despectiva irritación hacia mí mismo.
Hay quien llamará a mi estado de disgusto e incomodidad misantropía, o simplemente pensarán que soy un hijo puta.
Como no soy muy docto, me paso la misantropía por los huevos, no sé qué coño es eso.
No soy un misántropo, de lo contrario viviría para pegarle fuego al mundo. Simplemente me molesta esa alegría de los cerebros superficiales y pienso que toda esa suerte de la que disfrutan los afortunados, es como tirar margaritas a los cerdos.
En definitiva, que me suda la polla lo felices que son, que puedan ser y que serán. Su felicidad y su vulgaridad tatuada en sus genes.
No, no soy empático y cada año me molesta más y más saber de la felicidad de esa caterva de afortunadillos que les trae la suerte en forma de pasta.
Es injusto para mí, no puedo escapar de esta trampa que se repite cada año. Mis oídos se infectan sin posibilidad de escape.
Me hago viejo y mi paciencia es cada vez más escasa. Mi humor también.
Buen sexo.

Iconoclasta

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