26 de noviembre de 2008

Dangerous Pezons (I)

El nombre del local, aunque vulgar, cacofónico y provinciano; tiene su misterio. Soy un probador de condones aventurero.
Uno no sabe dónde se puede encontrar el peligro, si en los pezones propios o en los ajenos. Si los pezones son peligrosos o hay peligro para ellos.
“Peligro es mi apellido” pensé. Y me dirigí hacia la entrada.
Una teta artificialmente rosa y plástica alojaba un pulsador a modo de pezón y sobresalía con lujuria de la jamba de la puerta de entrada asquerosamente pintada en rosa pálido.
No me meé encima epatado por la originalidad derrochada porque soy frío, calculador y carismáticamente grave; pero a juzgar por el olor, o aquella entrada era el pipi-can del barrio o el cliente que tocaba el timbre, efectivamente se meaba encima emocionado por la decoración exterior.
Lo presioné con asco y froté el índice en la madera del marco parar arrancar cosas invisibles que se hubieran podido adherir a mi suave y tersa piel.
El sonido no me inmutó, mi sagacidad natural me hizo temer algo así; pero alguien con menos sangre fría que yo, miraría a izquierda y derecha avergonzado ante el elevado volumen de la grabación de gemidos sexuales que hacían de melodía del timbre.
Abrió la puerta una mujer de pelo castaño recogido en un moño desgreñado en la nuca, gafas de concha blancas y estrechas. Una falda oscura de tubo le llegaba hasta las rodillas y estaba tan ajustada que era obvio que no llevaba bragas.
Tampoco llevaba medias que cubriera aquella piel lamible. Una camisa roja y brillante cuyo enorme cuello se abría hasta posarse en los hombros, mostraba un escote indecente que descubría las curvas de sus pechos, escondiendo con dificultad las areolas. Cada vez que respiraba, los pezones eran iluminados por la luz y me la puso dura. Estuve tentado de pelármela delante de ella y dejarle un billete de veinte euros en la boca.
No sabría decir de qué color son mis calzoncillos; pero a las tías buenas, más que admirarlas, las escaneo y quedan grabadas en mi memoria para siempre. Tengo un importante banco de imágenes de mujeres deseables para mis gratos momentos de auto-complacencia.
La puti-secretaria-recepcionista se hizo a un lado con un simple “buenas tardes” y entré rozándole los pitones con mis poderosos hombros.
Se puso delante de mí cuando cerró la puerta y caminó con dificultad debido a la ajustada falda y la altura de los tacones de los zapatos de charol negro.
Llegamos a una mesa de madera estilo Luis XV, más falsa que un billete de Monopoly.


—Siéntese, por favor.

Exhibió una sonrisa preciosa que me hizo sentir bien y me enamoré de Vicky. Su nombre estaba escrito en un letrero dorado con letras caligráficas negras que se encontraba delante de un libro de registro, con la portada ilustrada con dos grandes tetas cuyos pezones se encontraban amoratados y magullados. Uno de los pezones estaba desmesuradamente dilatado por una bomba succionadora. Lo sabía porque veo muchas pelis porno.
La verdad, soy valiente cosa mala; pero aquella imagen puso duros y erectos mis propios pezones.
Pensé en volver inmediatamente a casa con mi mujer y mientras mi hijo hacía los deberes, que mi santa me la chupara. Y encima gratis.
Vicky, abrió el cajón central de la mesa y sacó un álbum de tapas negras satinadas, en letras azules Arial tamaño un millón, se podía leer: Dangerous Pezons. Lo colocó frente a mí girándolo y lo abrió.
Era un muestrario de las putas de la casa y además de ser todas preciosas, sus pezones eran de un tamaño desmesurado, incluso en las que tenían las tetas pequeñas, los pezones parecían dos misiles blandos que se prestaban a meterlos entre los labios y tirar de ellos hasta que la puta gimiera entre dolor y placer.
Algunos de aquellos pezones parecían doblarse por su peso y longitud; pero cuando se excitaban (por cada puta había una foto de antes y después) se elevaban con lujuria y gallardía ante un mundo hostil, peligroso e insensible. De nuevo me sentí emocionado y lírico.

—¿Y por qué lo de Dangerous Pezons? A mí me parecen monstruosos; pero no me inspiran miedo. Y pezón en inglés es nipple.

—Nuestras chicas tienen una técnica especial para usar sus pezones. Algunos son peligrosos y otros no, como los pimientos de Padrón, vamos. ¡Ja ja ja ja! —su rústica expresión la hizo más adorable aún— En esta incógnita se encuentra la exclusividad de nuestro negocio. Hay chicas que trabajan con tal dedicación que sus pezones acaban tan irritados que los clientes sienten que han conseguido doblegarlas y tienen el orgasmo más intenso de su vida cuando las chicas llorando, piden que les curen los pezones y les apliquen crema cicatrizante. Y para hacerlo, se han de acercar bastante a ellas y ellas se dejan hacer. El resultado final depende tanto del cliente como del carácter de la chica elegida para el servicio —me explicó al tiempo que pasaba el bolígrafo señalando las distintas modelos y su precio.

—Y sé cómo se escribe pezón en inglés, pero en mi casa hago lo que me sale del coño.

Debería haberme casado con esta mujer, el destino es una mierda y siempre sale alguien a quien amar de la forma más inesperada.
El pecho izquierdo había salido completamente fuera de la camisa y yo no le hacía ni caso al boli. Sus pezones eran normales, preciosos y bien proporcionados.

—¿Por qué son de distinto precio?

—Según la chica y su técnica, emplean diferentes tiempos para dar placer al cliente. A mayor tiempo, más precio.

Era lógico y justo. En las cuestiones del follar, no es como en el trabajo, la política o las leyes. El sexo de pago suele ser caro; pero justo.
Había una morena de media melena, ojos oscuros y con unas areolas tan oscuras como su cabello. Los pezones parecían tirar de las tetas y tenían una preciosa forma cónica. En la foto del después, los pezones sobresalían como dos dedos más entre sus manos y las areolas se contraían con los poros de la piel erizados. Los pezones estaban húmedos.

—Esta —señalé.

—Emy aún tiene leche, hace un mes y medio que fue madre y te podría ahogar con todo lo que le sale de ahí. Aunque la hace un poco irritable en algunas ocasiones. Las madres primerizas son un poco imprevisibles.

A mí me la pela, “dangerous es mi apellido” pensé con la polla presionando salvajemente dentro del pantalón y sintiendo como el baboso flujo empezaba a cubrirme el glande.
Si arrastrara mi pene por el suelo, confundirían mi rastro con el de un caracol.

—El pago del servicio por adelantado. ¿En metálico o tarjeta?

—En metálico —estaba buscando el sobre con el dinero semanal que me daban en negro como gratificación.

Le pagué los doscientos cincuenta euros y aún me quedaba en el sobre para tomarme una hamburguesa royal con patatas deluxe y salsa de cebolla, unos fingers de queso, una cola grande, dos croquetas de jamón, un trozo de tarta de chocolate, un batido de fresa y un café con leche con galletas cookies. Me gusta merendar bien cuando acabo el trabajo y cuando acabo de follar. Aunque en mi caso pueda parecer lo mismo, probar condones bajo la presión de un horario y unos objetivos por día, no puede considerarse del todo placer.
Soy un currante y punto. Empiezo a vivir cuando se acaba la jornada laboral y las pajas y cópulas a las que someto a mis compañeras de trabajo, son sólo tareas ya rutinarias. No es lo mismo eyacular por obligación que por devoción.
Mi mujer no se siente especialmente engañada cuando me tiro a tres o cuatro mujeres al día en mi departamento; pero si se entera que voy de putas, me monta un pollo de te cagas moragas. Cuanto más conoces a las mujeres, más seguro estás que se pasan por el coño los procesos lógicos en sus cerebros eficaces, agudos y retorcidos. Son caprichosas y volubles; pero si están buenas y húmedas se les puede perdonar.

—Puerta 3 A. No llames entra directamente, es demasiado pronto para la clientela, madrugador.

Me dieron ganas de llamarla puta y usurera, pero pensé que si volvía otro día al local, no habría buen rollo.

—¿Y tú no sabes hacer nada con tus pezones?

Estaba seguro de que se ruborizaría, pero algunas veces la vida nos sorprende de la forma más deliciosa y a veces también, espeluznante. Así que me arrepentí al instante de haber hablado.
Se abrió la camisa hasta descubrir ambos pechos, rebuscó a tientas en el cajón mirándome a los ojos con fiereza y sacó una grapadora con la gracia de un prestidigitador.
Se llevó el instrumento al pezón izquierdo y presionó.
Aunque todo duró una centésima de segundo, mi mente captó con todo detalle y nitidez el pezón aplastado por el cabezal de la grapadora, la lengua voluptuosa asomando entre sus dientes. Los dedos de afiladas uñas sujetando el pecho y la otra mano aferrando con fuerza el aparato. Satánico.
Lanzó un gritito y sus ojos lloriquearon un poco. Se me pusieron las pelotas duras como el cuero.
Con la respiración agitada y la grapa clavada en el pezón, se recogió con el dedo el proyecto de lágrima para evitar que se corriera el rímel y de nuevo con su obscena lengua entre los dientes y la respiración agitada, hizo pinza con los dedos sobre la grapa y lentamente la sacó. Se resistía y el pezón se tensaba y tensaba hasta que por fin comenzó a deslizarse a través de la grapa y volver a su lugar. Cuando se la sacó del todo, noté que me había clavado las uñas en las palmas de las manos al apretar con fuerza el culo y por simpatía los puños.
Yo soy muy poco delicado, puedo aguantar sin asco correrme en la boca de una mujer; pero a pesar de mi serenidad, aquello me espeluznó y mi polla dentro del calzoncillo se quedó lacia como un pelele. Además soy un profesional y la delirante escena me preocupó, aquellas grapas no estaban esterilizadas, no se encontraban en un medio suficientemente aséptico.

—También lo hago con los clientes —me explicó.

Mi cerebro estaba haciendo toda clase de ruidos procesando toda la información y rápidamente, en apenas doce segundos le pregunté:

—¿Emy es también aficionada a los objetos de papelería?

Sonrió como una niña; pero en puta.

—¿Quién sabe? Los pimientos de Padrón que unos pican y otros no.

Di media vuelta antes de acabar de oír el refrán porque tengo poca paciencia para la sabiduría popular y me dirigí al pasillo que me había indicado. En cada puerta de las seis que había a ambos lados del pasillo, colgaba una teta con el nombre de la puta.
Cuando abrí la puerta, mi pene había resucitado y mi glande se encontraba de nuevo resbaladizo y cremoso.
Cuando Emy se giró hacia a mí desde el tocador frente al que estaba sentada y vi aquellos pezones al aire a través del sujetador blanco sin copas (especial lactancia), el pezón grapado entró a formar parte de los recuerdos de un pasado lejano y cuasi onírico.

(continuará)


Iconoclasta

22 de noviembre de 2008

Antes perro que mujer

No voy a ser tan hortera de reflexionar sobre mi crisis económica y mucho menos sobre la miseria española y la mundial.
A Mí me van las tetas.
A Mí lo que me interesa son los concursos de discoteca en los que a las ganadoras les obsequian con un premio que consiste en hacerles las tetas más gordas. Eso sí, sin que les peguen varazos en cada pezón hasta que se les hinchen las tetas al tamaño deseado.
Por suerte, han suspendido el concurso y ya no se sortearán las tetas para no herir la sensibilidad del paleto medio español.
Estoy seguro de que también dejarán de emitir anuncios de clínicas estéticas promocionando el aumento de tetas en radio y televisión. Y que con el tiempo, las mujeres que deseen operarse lo que les salga del coño, serán debidamente castigadas. Con la misma vehemencia que esos fanáticos esquizofrénicos, fascistas y devotos creyentes, se manifiestan en las clínicas ginecológicas en las que se realizan abortos.
Ni muerto quisiera ser mujer. Una mujer con inquietudes y cerebro; porque con tanto hijo de puta fanático, correría el riesgo de ser enterrada hasta el cuello con una bolsa de supermercado en la cabeza y rodeada de cuarenta hijos de hermanos y primos que me destrozarían la cabeza a pedradas lanzando gritos en catalán, castellano, euskera y gallego. Y todo porque el cordón del tanga se me había metido en la raja del coño.
Tenemos una ministra de igualdad, que usa la libertad de la mujer como compresa.
¿No es maravillosa esta broma de democracia?
Deberán pasar más de veinte generaciones para que la basura genética de estos defensores de la decencia desaparezca entre otras taras y dejen decidir de una puta vez a la mujer hacer lo que le de la gana con su cuerpo y con su vida.
Panda de asquerosos.
Os dejo, que me voy a alargar más aún la polla; a ver si esos cívicos y éticos ciudadanos, me la chupan hasta cansarse y así se distraen y dejan a las mujeres hacer lo que han de hacer.
Buen sexo y a los decentes, éticos y cívicos que los sodomicen con una vara rota.

Nota para los decentes y meapilas:
La expresión: hijos de hermanos y primos, significa que sois producto de una relación incestuosa e insana. Ved en el diccionario: endogamia.
Sodomizar es dar por culo.



Iconoclasta

19 de noviembre de 2008

Un Dios entre las piernas

Podría decir sin asomo alguno de vergüenza, que tengo a Dios entre las piernas.
No es que crea en Dios; no soy de esos. Sin embargo, eres una Diosa y como muestra de respeto y veneración, sólo puedo ofrecerte algo de tu rango divino.
Algo tan carnal y lujurioso, que tus ojos no se encuentren con los míos.
No puedo ser coloquial contigo, es imposible. Tienes la habilidad de sacar ideas de una aberrante sexualidad de mi cerebro simple.
Cuando no hablo contigo, no soy ese derroche de ingenio. Doy pena y mi inteligencia brilla por lo maravillosamente plana que es. Alguien diría que es perfección tersa y bruñida. Algo minimalista; pero claro, una perfección dormida y meramente ornamental.
Si fuera coloquial, te diría lo buena que estás y si te apetece echar un quiqui.
Contigo no es posible ser coloquial, sólo cabe adorarte y cuando uno se sume en semejante trance, es lo mismo que meter el puño en lo más profundo del cerebro y sacar a la luz las ideas que usa todas las noches para angustiarme y maravillarme.
Ojalá fuera de noche y pudiera hablarte desde los sueños, me sentiría en mi propio paraíso. No sería necesario distraerte. Te abrazaría y te prometería mi muerte de pura felicidad.
La realidad es que frente a ti soy demasiado pequeño, es imposible que pueda soportar tu amor sin volverme loco.
Por ello y ante mi falta de cerebro, mi psicología básica me ha llevado por el camino de la lujuria. He untado mi pene con los más fragantes aceites y lo he acariciado pensando en ti hasta cerrar los ojos de placer, mordiéndome los labios hasta sangrar. He creado un Dios que luce y radia como un sol. Es la carne pura, carne tersa y mojada; un cíclope que llora de ansiedad por ti, un puño lo estrangula compulsivamente, colapsa la circulación sanguínea que lo expande y endurece. Temo que pueda estallar.
Bum-bum, bum-bum, bum-bum...
No puedo dejar que alteres mi percepción de la realidad. Un sonrisa tuya fractura la atmósfera y un bebé abandonado que muere de frío, se transforma en un niño risueño que me coge de la mano y me llama papá.
No puede hacer daño, no es que me desagrade; pero ya soy mayorcito para que crees ilusiones en mí. Ya he visto el mundo entero, preciosa.
No puedo engañarme.
Mira mi Dios húmedo, duro y lascivo. Déjame que te distraiga para escapar de la belleza que reflejan tus ojos. No refractes mi mundo, no quiero amarte en un universo de belleza y perfección; eso me restaría mérito. Eres una Diosa en un muladar y te abrazo entre los graznidos de gaviotas que picotean mierda, entre la hediondez de restos que se tornan venenosos con el calor.
No necesito que el mundo sea maravilloso para amarte, te amo aquí, así de sencillo. Así de fácil.
La mariposa es bella, hasta que encuentras sus ojos compuestos y crueles; su gusano velludo. Mi mundo es una trampa de belleza y fealdad alternante y no siempre es bueno-malo. Hay un ritmo: malo-malo-malo-malo-bueno-malo-malo-malo....
Y la única constante de belleza y amor, eres tú. No escondes una oruga de mirada fría y terrorífica boca.
Te necesito en este mundo, en lo real, bella como la Diosa que eres, altiva e inalcanzable para un gusano como yo. Eres lo único bello que captan mis ojos.
Eres un cuerpo espléndido entre alas de mariposa.
Y todo lo demás, es infección. No me quites el mérito de haberte encontrado, no crees espejismos de un mundo en armonía. Te necesito aquí, en lo verídico. Un trazo de belleza en un universo deprimente.
Mira mi Dios, ríndete al Tótem, mira su ojo ciego cabeceando por meterse entre tus piernas y no me mires a los ojos. Porque no quiero que me transportes a la Nebulosa del Amor, donde las mariposas, tienen una mirada cálida y una boca hermosa.
No me beses los labios, son tan cálidos que es pura narcosis. Besa al Dios. Bésalo, chúpalo y mámalo en silencio y sin mirarme.
Eres mi única estrella aquí, tus ojos reflejan cientos de ellas. No dejes que nada compita contigo en belleza. Aquí no. No quiero ese amor; no quiero engaños.
No me ames.
Simplemente, déjate amar.
Venera a este Dios.
Y déjame algo de cordura.



Iconoclasta

15 de noviembre de 2008

Ratas y azúcar

Hoy tiene que ser especial, un día maravilloso.
Me he despertado así de contento.
También debe influir que anoche tuve una buena sesión de sexo sudoroso, me costó una pasta la puta; pero ¡qué cojones!, las pagas extras están para darse un capricho.
A mí no me quiere ni dios, así que tampoco puedo escoger y debo pagar. A pesar de todo, hoy soy moderadamente feliz. No siento esa tristeza al despertar.
Además, no todos tenemos la suerte de ser unos mega-guapos-enrollados-de-piernas-depiladas. Por lo tanto, tampoco mi físico cumple con los cánones sociales. No tengo chepa, pero soy muy pesado y no me sale de la polla adelgazarme ni depilarme el vello de las piernas.
Si me quedo sin trabajo, no tengo a nadie que me ayude y por lo tanto el sexo pasa a un segundo plano en mis necesidades y preferencias.
Bueno, tampoco me queda mucho tiempo para el bon vivant, trabajo muchas horas al día porque cobro una miseria.
A pesar de que parece que toda la mierda me ha caído a mí, hoy me siento alegre. De vez en cuando se cumple aquella teoría que dice que el sueño es reparador.
Cuando estoy cuasi ledo, llevado por la euforia meo en círculos dentro del inodoro y aunque me moje los pies con la orina, no me cago en Dios como suelo hacer cada mañana.
He de reconocer que lo mío es un poco más grave de lo que pienso, porque no es sólo tristeza lo que me empapa. Hay cierta ira latente que inflama la vena de mi frente mientras muerdo el filtro del cigarro con la polla en la mano. Sin mear en círculos, claro. Insisto, sólo meo en círculos cuando soy uno con el universo, que tome nota el cabrón del notario que para eso cobra una pasta.
Llegó el momento de la verdad: cierro los ojos y levanto la persiana.
Tengo que sorprenderme con un nuevo día, lo necesito. Que esté solito no presupone que sea una persona hosca que merezca un eterno castigo por ninguna razón.
Si he de ser sincero, me molesta un poco haberme salpicado el pie de meados.
Si no fuera por este optimismo que me embarga esta mañana de sábado pensaría que haberme mojado es un mal presagio. O lo que es peor: más de lo mismo.
¡Ajá! Ahí está. Algo ha cambiado, el asfalto de la calle ya no es la misma cinta negra de cada mañana, hay una rata aplastada con sus pequeños intestinos al aire y los cuartos traseros aplastados por una rueda. Estoy seguro de que si abriera la ventana, me llegaría el aroma de la sangre corrupta. Ese olor ácido de la carne podrida. Esa sensación de asco que me obligaría a bajar la persiana y sentarme en el sillón a llorar un rato.
Hoy soy positivo, no importa lo que el nuevo día me depare. Lo importante es que algo cambie y que no vuelva la tristeza.
Y ahora, con la imagen de la rata aplastada aún en las retinas, me voy a hacer un buen café.
No tengo mal gusto, no soy una especie de tarado que disfruta con mierda y podredumbre; ocurre que en el asfalto no crece la hierba, no hay flores. En las calles no hay árboles en los que canta un ruiseñor oculto. Aquí hay otro tipo de detalles que apreciar. Juro que he dirigido la mirada hacia la ventana de mi vecina, pero estaba bajada. Alguna vez la he visto en sujetador y me he masturbado alcanzando así un aceptable grado de placidez.
Cualquier cosa es buena, cualquiera que te libre de esta cancerígena desazón.
No encontrar a nadie que te quiera ni a quien querer, es algo que pesa.
De ahí mis poderosos trapecios neandertales.
¡Oooooo-oooooo-oooooo... Its a biutiful dai! Es U2, cantan que es un bello día y siento un escalofrío de emoción.
Si uno se lo propone, puede ser un gran día. Incluso pudiera ser que alguien se enamore hoy de mí. Incluso la puta, me ahorraría una pasta.
Si no fuera por el humor... Mejor muerto.
No tengo azúcar... No quiero café amargo.
Me cago en Dios.
Estoy cansado de tragos amargos.
Da igual, ya me tomaré el café luego.
¡Qué mierda!
Tampoco pido demasiado, me conformaba simplemente con la rata aplastada, un cigarro y un café.
Está resultando un día diferente; pero no me gusta.
Vale, que no cunda el pánico. Siempre he sido precavido y conservo un frasco de emergencia. Seré un frustrado, pero no soy idiota. Cuando pasas tanto tiempo solo y sobreviviendo en un lugar que no te gusta, tienes que pensar en todo.
Así que hoy no me quedo sin café.
Hace tiempo que se me cayó un azucarero. Cuando algo se me cae de las manos, me siento triste, porque a la acumulación de tristeza y frustración, se añade cierta sensación de incapacidad. Y siento deseos de pensar que soy un tarado.
¡Alto! Hoy es un día positivo. Las ratas mueren, el café ya no es amargo, mis pies huelen a orina y ayer follé. Si es que me quejo por vicio.
¡Its a biutiful day! U2 son buenos tipos; alguien que canta así, que me emociona y me hace sentir esperanzado, no puede ser mala gente.
Me gustaría ser importante para alguien. Emocionar.
Bajo el fregadero tengo los restos del azucarero de cristal roto. Lleva tanto tiempo ahí, que tengo que pulverizar el azúcar en el mortero. Vale la pena el esfuerzo por algo de dulzor.
Porque en un día tan especial como hoy, no voy a sorber otro trago amargo.
Entre el azúcar hay pequeños vidrios que es casi imposible sacar. Y por otro lado se me enfriaría el café y tendría que demorar más mi pequeño placer. Tengo miedo de morir sin tomar mi café, la vida es corta.
Ahora es Tanita Tikaram quien canta el Twist de la sobriedad. No es tristeza lo que siento, es una melancolía que me lleva a la calmada conclusión de que a pesar de que mi vida es una porquería, me siento feliz. Me arrepiento de tan pocas cosas, que podría resultar vanidoso.
Siento un sabor a óxido en la boca. El azúcar ha endulzado bien el café, pero tenía demasiada solera por lo visto.
No importa cuando he fumado, cuando piso la calle la primera vez del día, siempre me enciendo un cigarro. Yo creo que me hace un poco más interesante, menos mediocre. Me torna visible. Dicen que es un vicio asqueroso.
Lo que es asquerosa es la vida, coño. La mía.
Anda... El filtro se ha manchado de sangre. Suelen sangrarme las encías de pura frustración, es normal dice el dentista cuando mira mis ojos.
Llevo ya casi una hora paseando, y sigo sintiéndome bien. Sabía yo que hoy sería un día relajado y tranquilo.
Me he comprado una pluma nueva para mi colección, no es cara, pero es de calidad. He comprado tinta color turquesa para escribir sobre este día tan especial.
Los pantalones están húmedos...
Joder, es sangre.
Me vuelvo a casa y de pasada compraré unas compresas con alas. Aunque me parece estúpido, a mi edad ya soy menopáusico.
¡Ah el humor! Si no hubiera sido por este chiste fácil, sentiría un miedo horrible a lo que imagino que me está ocurriendo.
No es cuestión de ser pesimista, simplemente no soy tan idiota como para ignorar que el vidrio que me he bebido, me está haciendo jirones los intestinos. Vale, a lo mejor no es para tanto y simplemente es una pequeña herida; pero al igual que el algodón no engaña (estúpida publicidad), el peso de la sangre en el pantalón tampoco.
El dolor que siento en el vientre no es moco de pavo, es como si reventara de ganas de cagar.
Así que ahora estoy sentado en la taza del inodoro, mirando mi pluma nueva y pensando que escribir en mi diario.
Parece que ya no sale tanta sangre.
Si es que me meto en cada follón...
Es casi de noche, y el día ha sido diferente. Ahora mismo tengo un miedo del carajo. Sé que voy a morir, se ha infectado algo, podría jurar que noto mi sangre contaminada de porquería. ¿Le llaman peritonitis a esto los médicos? Cuando vuelva a nacer tendré que ser un poco más estudioso. La duda siempre es mortificante.
Como la fiebre que me hace sudar y me provoca escalofríos.
Es en estos momentos en los que se te viene encima el peso de la soledad y de una vida mal construida. Sería bonito tener a alguien que se preocupara de llamar al médico, de que pusiera la mano en mi frente y dijera:”Cariño, estás ardiendo”.
Yo voy a escribir algo porque esto no tendrá un final feliz. Normalmente, acabo el día con un café, pero ya he tenido bastante azúcar por hoy, sinceramente.
Por hoy y para toda la puta vida.
Me cago en Dios.

Querida puta, has sido una parte muy importante de mi vida. Hoy, a pesar de todo este dolor, tu sonrisa ha acompañado mi agonía.
No te sientas mal (no soy tonto, sé que jamás leerás esto), eres una mujer preciosa y por la que vale la pena vivir y luchar.
Aunque me das unos sablazos...
Te quiero, aunque no lo crea nadie. Aunque no lo crea yo.
Moler vidrio no ha sido un accidente, la verdad.


Tal vez sea mejor así, nunca me he imaginado como un anciano. Y si hubiera llegado a viejo, seguramente sería muy desagradable.
La pobre rata...
¿Servirán azúcar con el café en el infierno? Nunca he estado en el infierno. Es una broma de mal gusto que para salir de aquí y conocer otros lugares y otros tiempos deba morir.
Cerraré los ojos, levantaré la persiana y me encontraré... Con una rata asada.
Coño, he vomitado sangre; pero no por asco ¿eh? Seguramente se debe a la hemorragia, no soy un hombre delicado. Estoy curtido.
Que no falte el azúcar, es lo único que pido.
Es curiosidad; pero si estoy tan sólo ¿Cuándo se descubrirá mi cadáver?
Esto duele; yo cierro los ojos que estoy reventado de emociones por hoy.


Iconoclasta

10 de noviembre de 2008

Caída libre

Es una caída libre. Soñar contigo es precipitarse en la cama de siempre en mitad de la noche, tras una vertiginosa carrera vertical.
Así es amarte.
Ocurre tantas veces, que mi corazón se acelera aleatoriamente durante el día y pierde un latido llevado por el vértigo de mi deseo, de mi amor.
Amarte no es aquello tan emocionante que crea sensaciones amables y mariposas en el estómago.
Joder...
Amarte es renegar de lo que he querido y conocido hasta ahora. Eres brutal, un ser de otro mundo que rasga con su rostro deseado la realidad celosamente amurallada a mi alrededor. Argamasa de frustraciones y tristeza. De forzados cariños. Artificios para sobrevivir en un mundo que no era el mío.
Hay un ángel que aviva las llamas del infierno con su belleza, sin ser consciente. Las almas allí claman con más desesperación: quieren dejar de arder e ir con él.
Contigo.
Lo que creí amar es ahora una cotidianidad que me infecta, que me pudre la sangre y la hace barro.
Ahora en mi cerebro hay una certeza desquiciante, cuasi sangrante, de que no nací en el lugar adecuado. No nací en el momento adecuado.
No estabas, mi vida...
Qué triste amarte, qué triste retorcerse en tiempos perdidos, en angustias y falsos amores. Falsas felicidades, mentirosas palabras.
La verdad está en ti, dentro de ti, en tus labios. La he bebido y he enloquecido.
Eres hermosa hasta el paroxismo, te amo con la angustia del viejo que sabe de su piel curtida.
Cuarteada.
Es tarde...
Tu hermosa presencia ha sido una onda expansiva devastadora; grita una mujer y grita un niño, zarandeados y arrastrados por ella. Alzan sus manos sin comprender porque se van. Porque sufren. No los reconozco. Aunque me arañan la piel llorando mi nombre.
Son tus ojos los que lideran el universo. Dadora de vida y esperanza. Destructora de serenidad y paz. Son tus palabras las que me hacen hombre y amante. Tantos errores, tantos engaños para poder llegar a ti... Y no he llegado, has sido una aparición, una revelación. Un deseo que me ha sido concedido.
No estoy reventado, cielo. Es que siento el peso de años perdidos y lo riñones están dolidos.
Besarte.
Hundirme en tu boca es esa caída libre que precipita toda mi existencia pasada por un desagüe atronador.
Amarte es ser cruel, es ser impío. Y así no duele tirarlo todo, no cuesta esfuerzo erradicar recuerdos y afectos como si de tumores insanos se trataran.
No me cuesta nada rendirme a tus pechos y herirlos con mis dientes hambrientos de ti. Clavarte a mí mismo sin ningún cuidado, sin rubor ni pudor.
En medio del fragor de una vida mal hecha, mal dedicada que se pierde en aguas negras.
Una vida sin ti ya no es vida.
Negativo. Ya no, sin ti no quiero.
¿No lo comprendes? No...
Es tu rostro la paz del deseo alcanzado y no hay nada que la pueda enturbiar. No quiero, me comeré mis miserias y masticaré los vidrios rotos. Sonreiré feliz con un poco de sangre entre los dientes.
Sin guardarte rencor por todos estos años que no he sabido de tu existencia.
Jamás juré amor eterno porque no estabas, no eras. No podía imaginar que algo como tú existiera. Soy un fracasado ¿cómo iba a imaginar algo como tú?
Que putada, mi vida.
Otra sonrisa tuya, otro beso mientras todo desaparece a mi alrededor.
Sin importarme. Tan sólo abrazado a ti.
No me dejes, no permitas que caiga de nuevo en el colchón, sujétame fuerte, mi amor. No quiero ir con ellos.
Te quiero a ti, siempre te he querido.
Por eso lloramos algunos al nacer; porque no estabas.
Por eso grito y me asusto en mitad de la noche, cayendo... No es el miedo a morir, es el horror de desprenderme de ti.
Es la caída libre de nuevo a la mediocridad.
Rotos los dientes de tanto quererte.


Iconoclasta