29 de agosto de 2008

Estrés post-vacacional (Lloronas)

¿Será cierto que existe gente que necesita ayuda psicológica al volver al trabajo tras las vacaciones?
YO, afortunadamente, no he conocido a ningún pusilánime de éstos. Soy muy selectivo con la gente que trato; no me hablo con inferiores.
Puede que sea una mentira de los psicólogos para que alguien se lo crea, se sugestione, se deprima y pida cita para rascarse el bolsillo.
YO no consigo imaginar al albañil llorando como una mujerzuela con una paletada de mortero secándose entre sus crispados dedos gritando a la grúa su angustia.
Aquí no acaba la cosa, nada puede ser tan sencillo: los niños también tienen su corazoncito depresivo y su cerebro estresable. Y han de ser llevados a un psicólogo porque se muestran irritables y llorosos.
Que los niños se estresen y hayan de acudir también al médico para que les sanen el cerebro, es normal. De tal palo tal astilla; los padres no hacen más que transmitir y eternizar la cobardía y la falta de voluntad a través de las generaciones para hacer una humanidad más vacuna y ganadera.
YO a pesar de todo, confío en que los humanos estresados, sabrán salir al paso de su angustia por volver al trabajo. Unas gotas de pegamento super-rápido en el café acabaría con sus vidas rápida y eficazmente. Es una forma digna y bohemia de acabar con tanta tristeza. A vuestros hijos estreso-deprimidos, se lo podéis mezclar en los cereales. Cualquier analfabeto de tantos que hay con títulos por todas partes, sabe que el pegamento super-rápido contiene cianuro como componente principal. ¿O alguien se ha creído que el olor a almendras amargas es un aromatizante?
La selección natural entre los humanos, como es de preveer, está encaminada a convertir a la humanidad en un conjunto de rumiantes televisivo-deportivo que disfrutan como un cochino en una charca. Es catártico para el homo basura erectus, el ver que un montón de nenazas corren tras el balón y se lleva el mérito del gol el que menos ha trabajado. Como les pasa a ellos, les encanta que les ocurra lo mismo a los demás. Les hace sentirse menos putas.
Ser un pusilánime y un cobarde no es una enfermedad, es una degeneración, una tara que no se puede curar más que con la amputación de la cabeza.
Los estresados pusilánimes que no tengáis cojones a daros un buen lingotazo de pegamento, tenéis otra opción: coleccionar los fascículos que todos los septiembres de la vida salen a la venta. Casas de muñecas, es una bonita y tierna colección; los hombres así demuestran ser sensibles y tener un desarrollado lado femenino y las mujeres porque se pasan por el forro de las bragas el acorazado de guerra de un millón de piezas en un millón de entregas.
Respecto a vuestros hijos, si no sabéis ser padres y os asustáis ante las lágrimas caprichosas de vuestros retoños, no los llevéis al médico, regaladlos a hombres y mujeres que sepan educar niños. No los estropeéis más y entregad a vuestros hijos a quien de verdad se los merece.
Es que folláis sin ninguna contención y es muy fácil preñar y dejarse preñar sin tener en cuenta que no hay suficiente inteligencia para ser padres.
¡Ay pusilánimes míos...! Id a currar, so maricones y dejaros de lamentos de cobardes.
Ego os absolvo, nenazas.
Idiotas.

Buen sexo.


Iconoclasta

25 de agosto de 2008

El probador de condones y Pekín 2008

Me encontraba mirando a la saltadora de pértiga rusa, acariciando mi pene distraídamente y excitándome igual de distraídamente con aquella mujer de escasos pantaloncitos que dejaban unas musculosas y poderosas nalgas al aire. Y su pelvis prometía una depilación total hasta lo más profundo de su entrepierna. Yo pensaba en que la haría rabiar con mi propia pértiga y gritaría como una condenada ante el verdadero éxtasis del triunfo.
Estaban buenísimas las atletas rusas del Pekín 2008.

Sin embargo, tengo un poderoso cerebro multicanal y en algún momento, mientras pensaba en como la elevaría a las cumbre más alta del planeta con mi poderoso y eficaz pene con el que la genética me ha dotado, me vino a la mente el Everest, el Himalaya, el yeti, los yaks, el tercer ojo, los lamas y por fin el Tíbet.
Es que miro mucho el canal de pago de National Geographic.
No soy sólo un instrumento de placer para las mujeres; aparte de ser su esclavo sexual, mi cerebro guarda muchos registros variados. Una forma elegante de decir que soy culto como el mismísimo Morgan Freeman en Seven.
Me corrí con una extraña mezcla de sensaciones encontradas y cuando me limpiaba de semen, pensé con más precisión en un solo tema.
Las relaciones laborales entre esclavo y amo (o trabajador y empresario), son el reflejo a menor escala de la relación entre políticos, entre naciones y entre planetas si hubiera vida más allá del quinto pino.
Los mismos desacuerdos y las mismas artimañas para solucionar problemas. Las mismas actitudes.
Lo mismo que ha ocurrido con China en las olimpiadas Pekín 2008 es lo que ocurre cada día en todas las empresas.
Mucha solidaridad con el compañero despedido, muchas firmas y e-mails de protesta; pero en cuanto llegan las vacaciones o alguna celebración, nadie se acuerda ni del nombre de pila del querido compañero injustamente despedido.
Idéntico a lo que ha ocurrido (o no ha ocurrido) con la represión y los asesinatos que China ha ejercido contra el pueblo tibetano. Los tibetanos han tenido que gastar en cremas vaso-dilatadoras un montón de pasta para aliviar las hemorroides chinas.
La sodomización puede ser una delicatesen siempre y cuando sea de mutuo acuerdo entre los maricones. Si se lleva más allá de lo festivo y esporádico hasta convertirlo en cotidiano, las hemorroides se inflaman como pelotas de ping-pong.
En mi empresa, un compañero de mierda (uno de esos siempre sonrientes, optimistas y dinámicos como la madre que lo parió), fue despedido porque lo pillaron fumando en el lavabo
No, no fue sólo por fumar, sino porque mientras fumaba, escribía en la puerta de los cagaderos: “ijo puta hel director”.
El sujeto en cuestión ocupaba el cargo de editor de publicaciones y era primo lejano de un primo hermano de la prima de la esposa del director (uno de esos enchufes que practican algunos amos para demostrar su poder social y económico).
A mí el imbécil no me caía bien ni mal.
Está bien, me caía rematadamente mal, como un bocado en lo que rima con joya. Siempre que me veía pelármela durante las pruebas de integridad de los lotes de condones elegidos, agitaba con una sonrisa imbécil el puño cerrado con el dedo pulgar hacia arriba. Como si me hiciera un favor halagándome.
A mí lo único que me halaga son los pezones duros de las chicas y mujeres que vienen de vez en cuando a ver como trabajo y de paso se ofrecen a masturbarme con una explosiva expresión de lujuria en sus arrebolados rostros.
Pues se montó el gran pitote por el despido del idiota. Yo no firmé ningún documento de solidaridad ni participé en los paros convocados a modo de protesta que preparó y llevó a cabo el comité sindical.

—Deberías firmar, Iconoclasta. Es algo que nos podría ocurrir a cualquier si a la compañía le sale de los huevos.

A mí me daban cada mes un sobre con una propina por mi dedicación y sé muy bien ver las injusticias y los abusos que los empresarios cometen contra el trabajador. No soy tan ciego; pero yo trabajo por dinero y cuanto más gane, más triunfo.
Y tal vez fuera por deformación profesional que le contesté:

—A mí me la pela.

—Pues vas a salir “retratado” en el boletín mensual del comité —me amenazó Chema.

El boletín es una especie de revistilla en la que se repasan y explican las actuaciones y problemas que trata el comité sindical, cuyo secretario es el Chema.
Chema, normalmente es un hombre afable que se preocupa por todos los problemas laborales que surgen; pero si se le hincha la vena síndico-justiciera, es de lo más pesado.

—No te preocupes, no soy vergonzoso —le contesté untándome el pene con crema hidratante.

Me encontraba preparado para hacer otro test de integridad y mi glande era todo dilatación, estaba recubierto de una baba espesa y olorosa. Cuando tiré de la piel y lo descapullé, un hilillo de fluido se descolgó de la punta hasta formar una gota y caer al suelo al romperse el tenue filamento por el peso.
A mí me gusta ver estas cosas, me parecen casi poéticas. La vida ofrece escenas de gran belleza plástica si estás atento.
El Chema es un animal insensible donde los haya, ni siquiera elevó una ceja.

—Y tu hija tampoco lo es, me ha llamado porque quiere ser culo de prueba para el lote de de Pleasures Culos Womans. Dice que esta actividad voluntaria, le dará puntuación para ser promocionada a supervisora de la supervisora tercera.

Chema me miraba fijamente.

—No te preocupes, no hay prisa. Hasta dentro de nueve días no se fabrica el próximo lote. Estoy seguro de que no le importará que un esquirol le pete el culo. Y nos van a hacer un reportaje fotográfico durante el test para la promoción publicitaria.

Dicho esto, el cerebro del sindicalista se revolucionó lentamente haciendo extraños ruidos de engranajes oxidados.
Y las ideas se le transparentaron en el cráneo.
Que me iba a tirar a su hija ya no tenía remedio; pero que la hija fuera fotografiada con el culo empalado por un esquirol, era un pelo más peliagudo para él, puesto que su carisma de paladín de los currantes se podía ir a la mierda.
Igualito a lo que ha ocurrido con todos esos países, personajes y atletas comprometidos con la causa del pueblo tibetano y que se han llevado más contentos que mierda en bote sus medallas y diplomas olímpicos ofrecidos por el poder opresor chino.
Si es que todo tiene el mismo final.
Sólo que en el caso de mi empresa, sí que despedían a un imbécil que se lo merecía y ocupaba el puesto de alguien que pudiera ser apto y legal.
Estoy seguro de que ocuparía el puesto otro imbécil igual. Yo no soy un cándido de esos que creen en la equidad y todas esas mierdas.

—Estoy hasta los huevos del boletín, este mes no voy a publicarlo y además, apenas hay noticias —respondió con total naturalidad.

Siempre me ha parecido fascinante la capacidad del ser humanos para evadirse de la aterradora realidad y fintar la mierda que se le viene encima con total desprecio hacia su propia dignidad.
Y de una forma tan espontánea y coloquial.
Se largó de mi departamento más contento que unas castañuelas.
Durante aquel mismo mes, cada semana se hacía un paro de la producción de diez minutos para exigir la readmisión de aquel tío que no me acuerdo de su nombre. Y al igual que ha ocurrido con China y ante la proximidad de las vacaciones, la dirección de la empresa nos obsequió con un lote especial de cuatro cajas de condones especialmente indicados para penetraciones infantiles (muchos hacen turismo sexual en los países asiáticos aprovechando las grandes ofertas de las agencias de viajes), un pequeño vibrador con arnés para adaptar al bálano y un pin con la silueta de mi pene a escala 1:30 demasiado grande para mi gusto. Casi chabacano diría yo si no se tratara de mi polla.
Eso sumado a la paga extra, hizo olvidar a la gente al “ijo puta”.
Con la hija de Chema, durante la prueba de los lotes de condones en la que se había ofrecido voluntaria, me equivoqué. Me puse nervioso con lo buena que está y se la metí sin condón. Cosa que a ella le pareció un detalle de lo más tierno. En el segundo test, entre gemidos y acariciándose el clítoris con ferocidad mientras la penetraba profundamente el culo, farfullaba:

—Hay que hacer otro test, no siento nad... Argggg...

Y por fin, con el cuarto test dimos el lote por bueno. Me besó la boca y dijo amarme:

—Puta —le dije.

Es que cuando me corro mi cerebro se hace hostil y sólo pienso en los latidos de mi pene aún recalentado.
Y ella, sonriendo lujuriosamente respondiome, la muy bella:

-¡Siiiii, uhmmmm!

Al mediodía entró en mi departamento su padre, el Chema, con unos cafés y estuvimos hablando de la precariedad laboral y obviando casi con denuedo el que su hija había estado apoyando sus tetas en aquella misma mesa mientras le perforaba con elegancia y masculinidad su hermoso culo.
Idéntico todo que en las olimpiadas de Pekín 2008.
Si es que no hay nada nuevo. Todo está inventado.
Salvo los pantaloncitos de las atletas rusas... Una monada.
Buen sexo.


Iconoclasta

21 de agosto de 2008

¿Cuánto costará un niño chino ahora?

Me lo pregunto porque con todo esto de las olimpiadas, seguramente y sobre todo las niñas, se habrán revalorizado.
En los años 90, unos conocidos míos compraron una pareja de hermanos guatemaltecos por dos millones de pesetas.
Vale... Dicen que son gastos de viajes y trámites de adopción.
Y una mierda...
Me parece recordar que los niños chinos iban un poco más baratos, y los más baratos eran los de los países pobres del este y algunas repúblicas de la antigua unión soviética.
Son cosas que uno piensa, ya que venimos a este mundo pagando el aire que respiramos, no es extraño que puedas comprar un buen ejemplar de humano, a veces por un buen precio.
Como muchas cosas cotidianas, se ha llegado a tal grado de dulcificación en las expresiones, que a la compra de niños se le llama adopción y al trafico de esclavos, inmigración.
Los países progresistas tienen un lenguaje amable y embaucador.
La cuestión es si ahora, las parejas estériles, tendrán que rascarse más el bolsillo para comprar un niño chino.
Y es que estamos viviendo una escalada de precios de lo más horrible. Habrá que filtrar también los países que no han sido sedes olímpicas para poder encontrar niños bien de precio.
Y mientras tanto, la ñoña canción oficial de los juegos olímpicos de Pekín "Tú y yo"; suena con insistencia, ante el dolor de mis oídos.
Los orientales no tienen buen gusto.
Buen sexo.


Iconoclasta

18 de agosto de 2008

Destructores de Dudas S.A.

Hola a todos y bienvenidos al curso de Certeza y Tranquilidad Serena que el gabinete para la Simplificación de la Vida, Destructores de Dudas S.A. ha convocado para todos aquellos clientes vacilantes, dudosos y un tanto atormentados por algo que no están seguros poder identificar.
Y para todos aquellos que se levantan un poco espesos y apesadumbrados por las mañanas.
¿Creen que servirá para algo este curso? ¿Creen que el dinero que han pagado habrá sido bien empleado?
Yo lo dudo.
Es broma, mis inseguros y dudosos amigos.
Servirá. No porque vayan a aprender nada nuevo, sino que gracias al estímulo del dinero que les cuesta este curso, no les queda más remedio que poner atención y escuchar.
Algunos se plantean verdaderas dudas filosóficas: ¿A dónde voy? ¿Qué sentido tiene esto? ¿Es seda natural esta corbata que he comprado por tanto dinero?
Empecemos la lección: “¿A dónde vamos?” Es un eufemismo por: “¿Qué ocurrirá cuando muera?” “¿En qué me convertiré” “¿Cómo será?”.
Se acabó el preguntar semejantes absurdidades cuando las respuestas están delante de nuestras narices, o mejor dicho, su negación está en el aire y en todo lugar en el que se encuentran.
Sabemos, sin duda alguna, que la cigüeña no bombardea bebés en las familias menesterosas, como ocurre en los cuentos.
Ergo... Si no creemos en cuentos:
Díganme, mis queridos vacilantes: de todos los muertos de la historia del planeta ¿a cuántos han visto tocar el arpa desnudos en un cielo con nubes de algodón de improbable solidez? ¿Conocen a un amigo que en otra vida fue otro ser?

—Ignacio, mi primo, en su séptima vida fue cerdo y lleva cuatro reencarnaciones intentando sacarse la peste de encima.

—Mi gracioso amigo, si vuelve a hacernos reír, ocupará usted la cátedra. Sin duda alguna, prefiero reír que dudar o trabajar.

—¿Podrían algunos de ustedes enumerar algunas de sus dudas?

—Yo dudo de que todo esto tenga arreglo. Se me va la vida trabajando. Dudo que algún día pueda salir fuera de casa y ver la cúpula celeste sin que nadie pase por delante de mí.

—Yo dudo de poder ser feliz.

—Yo dudo de encontrar el amor verdadero.

—Bien, con estas dudas de momento, bastan.

Parece que no somos muy optimistas, mis queridos incertidumbrados. No es malo dudar, lo malo es el tiempo perdido en reaccionar, en vivir ante y con la duda.
La duda es como una de esas putas viejas y desdentadas que nos pide insistentemente que nos vayamos con ella por un poco de dinero.
La duda es un mendigo pesado y apestoso que nos escupe saliva y vino al pedirnos dinero. ¿Y qué hacemos con ambas? Atención al primo de Ignacio: no me pregunte si la puta está buena o el mendigo viste de Armani; que se le escapa la risa y nos empezamos a conocer.
A las dudas, a la incertidumbre, se la ignora. “Ni puto caso a la guarra” que diríamos coloquialmente.
Vamos, señoras y señores, todos vamos a morir y será inevitable. Todos nos enamoramos y todos nos frustramos. Deseamos tantas cosas que hay muchas probabilidades que no consigamos algunas jamás. ¿Y qué? ¿Se van a quedar quedos y con los ojos tristes mirando el vano de la puerta por las dudas? ¿Se van a autocensurar un pensamiento lujurioso o una fantasía romántica por una duda?
Porque no sería lógico que tuvieran miedo al error, los clientes de Destructores de Dudas S.A. son rigurosamente escogidos, son con diferencia seres que se equivocan continuamente.
Yo diría, mis queridos dudosos, que se esfuerzan por equivocarse.
Eso cansa un poco, ser consecuente, tener esa valentía en estos tiempos desgasta mucho.
Es natural que duden.
¿Conocen de alguien que no dude y además sea una persona digna de no ser decapitada? Descuartizada, sodomizada, lapidada, escupida, quemada...
Perdonen este arrebato. Cuando pienso en todos esos posibles clientes que se lanzan a la vida a pesar de las dudas; que con toda su valentía arremeten con fuerza para seguir viviendo a pesar de todas las dudas, no puedo evitar pensar en esos otros que no dudan porque simplemente no piensan y agotan recursos del planeta que otros necesitamos.
Nos moriremos, y si no fuera porque aún nos quedan varias sesiones, me levantaba la tapa de los sesos ante ustedes para que vieran que no seré nada, no sentirán mi alma rozando su ánimo.
Dejaré de existir como dejan de existir los animales y las plantas.
¿Por qué tanto esfuerzo por salir adelante, por seguir trabajando y buscando amor y felicidad? Porque nos han parido en este momento y en este lugar, si no entráramos en el juego, si no disimuláramos la desgana de seguir las normas y obligaciones impuestas, nuestra vida no sería viable. Nos destruirían.
No, hay ninguna retribución al final. Esta vida es sólo el invento de unos hombres con más suerte que nosotros para dominar a muchos.
El trabajo no hace libre a nadie y una vida de sacrificios es una vida desgraciada y sin premio.
Nos reímos de seres que han dedicado su vida a una empresa, que han hecho daño a otros por mantenerse en su puesto de trabajo. ¿Están seguros de que no haber sonreído con malicia cuando se han enterado de que han muerto a los pocos meses de jubilarse?

—El cabrón de mi encargado al jubilarse se preguntaba lo que haría después de tantos años trabajando. Y a los pocos meses se murió. Me reí mucho con mi primo el cerdo, digo Ignacio.

—No sé porque, pero me imaginaba algo así, yo creo que usted viene a darnos lecciones a nosotros, me quiere quitar mi trabajo, gracioso dudoso.
No duden un instante, lo único que quedará de nosotros al morir, serán las emociones que un día creamos en quien nos conoció; quien nos amó u odió.
Somos organismos cuyo mensaje primordial y genético es vivir. No hay razón alguna para vivir más que todo ese montón de células que somos. Cada una desea beber la vida con todas sus membranas celulares. No hay misterio, no hay una misión y el destino es un azar salpicado de algunas consecuencias.
Pongamos que se puede interferir en el azar, aún así, no podemos controlarlo. Un día, puede que una de sus células decida mutar, hacerse mala y cree el principio de un cáncer. ¿Es ésta vuestra duda? ¿Y de qué sirve planteársela?
La duda no es si tendremos un día un sarcoma, la duda es cuanto tiempo duraremos y eso no nos debe detener y mucho menos en esa situación, no hay tiempo que perder.
La duda mata las células las aprisiona, las detiene e inmoviliza frente a un tren que se acerca a toda velocidad. La duda es el veneno de este mundo, es la herramienta con la cual cuestionan nuestra libertad unos cuantos avariciosos y envidiosos afortunados.
Ellos no sienten dudas, sólo tienen miedo de perder el monopolio del poder y con ello, de crear dudas y ser ellos las respuestas. Por eso son como perros husmeando genitales y anos.
No son precisamente buenas personas los ministros religiosos ni políticos.
Los jueces son mortales para la justicia.
No sigan con las dudas, no intenten responderlas, simplemente, hagan lo que desean y dentro de lo que desean, lo que puedan. Lo que les de tiempo.
Sin prisas, porque no siempre sabrán cuándo morirán y no vale la pena correr demasiado y perderse los pequeños y tan escasos bellos detalles con los que la vida nos obsequia.
Sus parejas serán infieles; un día deberán separarse porque no se aman; cansados de verse la cara cada día.
Es algo que pude suceder; preguntarse cuando, es darlo por hecho. Y las dudas son sólo eso: incertidumbres. Miedos.
Que no os engañen, la valentía es una virtud, el conformismo y la integración social (pensar que esta sociedad es buena y merece la pena respetarla) es esclavitud. El valiente camina, el que intenta responder preguntas y buscar turbios sentidos a lo que le acontece, simplemente se queda atrás con una ¿sabiduría? que no tiene aplicación, que sólo descubre lo poco que ha sido y el tiempo perdido en tales reflexiones.
La vida es única e irrepetible.
No podemos dominar nuestra subconsciente durante el sueño, y eso que somos ella: la mente. ¿Cómo vamos a poder prever lo que otro cerebro piensa?
No duden, mis queridos vacilantes. Sé que son valientes, sé que seguirán equivocándose. Que no tendrán paciencia para contestar mil preguntas que les llevaría directamente a la vejez sin haber disfrutado del momento. Nadie se llevará su pisazo después de más de media vida de malvivir pagándolo. Ni nadie conducirá su propio cuerpo muerto con su gran cochazo.
Todo es tan simple…
¿Es ese el problema, mis queridos dudosos? ¿No se pueden creer que todo lo que son y lo que piensan, dejará de existir?
Animo, mis aguerridos dudosos, estamos vivos, no hay que pensar en el fin, pensar en el fin, es hacerlo más cercano.
Hay dos clases de seres: los que cumplen un deseo y tiran las cenizas de un amigo al mar; y los malos, los hipócritas, los que dicen que cumplir ese deseo es contaminante y va contra la ley. Ustedes tiran las cenizas, lo sé porque así figura en los test que realizaron para poder ser admitidos en este curso. Y alguien llorará cuando muráis; pero cuando muera el que llevará las cenizas a una planta de reciclaje, se oirán risas y aplausos. Y tomarán unas copas con Ignacio, el amigo de nuestro colega.
Que las dudas no les detengan, un error no se paga toda la vida, es mentira. Sólo los envidiosos intentarán hacer pagar un error. Y a los envidiosos, se les puede pegar, escupir, insultar, arrancar los ojos e incluso castrarlos.
La única duda retórica que tenemos que plantearnos con una ácida sonrisa en la boca, es cuál será el próximo envidioso con el que nos cruzaremos.
No duden, sólo hay envidiosos y seres abyectos y hambrientos de poder, jueces y políticos que sólo desean alimentarse de su trabajo.
Todo lo hacen bien, mis queridos vacilantes. Ustedes, sólo se equivocan.
Y es normal que sientan esa tristeza al despertar, la sensación de que el día que empieza es desesperantemente igual que el anterior. Es culpa de ellos, de los que mantienen la infección en el mundo.
No lo duden, es normal que sientan repugnancia a las fiestas multitudinarias donde el roce de los cuerpos es irritante. Son ustedes únicos y necesitan su espacio. No duden ni por un momento de que la multitud es otro insulto, una violación de su espacio. La multitud es ese hipócrita cobarde que no lanzaría las cenizas de su amigo al mar. La multitud es esa masa viscosa que porta infecciones y pudre nuestro ánimo. Así que mis dudosos valientes, no duden ni por un momento que se morirán y no serán nada. No duden que todo esto es un gran fraude para que otros vivan de su trabajo.
No hay dioses, ni hay designios divinos. Es todo tan simple que las dudas son simplemente una broma pesada, una burla.
Así que mañana, cuando vuelvan al trabajo y como en una pesadilla vean que todo es igual a lo que ha sido hoy, no duden, simplemente asientan y todas esas dudas dejarán de minar el ánimo. Cambiarán las dudas por una ira serena, por un odio medido.
Por un desprecio a todo que les hará sentirse únicos.
Es mejor el descontento que el conformismo borreguil. ¿No les parece más digno?
Un cigarro cuando les apetezca, un café para descansar, unos segundos para no hacer nada a lo largo de todo el día de trabajo no puede hacer daño.
Tampoco hará daño ser infiel, cuando todo es tan monótono que el amor se ha convertido en una camaradería. Busquen amantes si así lo desean. No irán al infierno y como mucho, si se entera su pareja, habrá un divorcio o se romperá la relación ¿Y qué?
¿Y si no hay amor? Tampoco pasará nada, el amor, al igual que la felicidad es un espejismo provocado por un instante de euforia. El amor nos hace únicos; pero nacimos únicos. Los espejismos pueden ser hermosos, pero siempre acaban disfrazando la realidad.
Y nosotros ya somos adultos, mujeres y hombres que ya no tienen nada que aprender, tan sólo observar.
Se puede vivir sin amor, pero no se puede vivir con tantas dudas haciéndonos perder el tiempo.
No hay un camino y no puede haber duda ante la puerta cerrada. Hay que abrirla; porque si las dudas nos dejan al otro lado, seremos unos tristes y anodinos cadáveres que ninguna emoción habremos grabado en otros seres.
Y creo que ya hay bastante por hoy, dudo de que os haya convencido. Así que podéis pasar por recepción y pagar otra clase más. ¡Ja!

—¿Puedo inscribir a mi primo Ignacio el ex-cerdo. Es que está un poco atormentado porque no sabe que será en la próxima vida. El cree que será ornitorrinco y claro, está mustio y deprimido.

—Me encantará intentar destruir las dudas de tan extraño marsupial.

Y recuerden: mañana al despertar, no se pregunten si el día será tan asquerosamente igual que ayer, simplemente afírmenlo. Orinen con una suave retahíla de imprecaciones y blasfemias por su mala suerte.
Me gusta la imagen sensual y fetichista de una mujer orinando con las bragas en los tobillos y soltando algunos tacos.
Si les dijera que podría ser un gran día, les mentiría, y esto no es una secta.
Nosotros tan sólo destruimos dudas y los queremos valientes.
Lleven consigo una libreta y un boli, pero no una pda, no es pasional. Y en un instante de descanso o simplemente porque se les ha ocurrido, escriban su epitafio. Imaginen que hoy mueren ¿Qué le quieren decir al mundo antes de morir?
Y como alguien escriba una duda en su epitafio, no obtendrá su diploma de Destructor de Dudas.
Un beso y un abrazo a todos mis queridos decididos, yo me voy a casa a ver si pillo a mi mujer poniéndome los cuernos.
¿Y si mañana me despiden?
Es broma.
Un ornitorrinco…
La próxima clase será dura.


Iconoclasta

13 de agosto de 2008

Voleibol de barrio

El no tener el más mínimo aprecio por el lugar y momento en el que vivo me da una absoluta imparcialidad para ver sin falsos sentimentalismos ni eufemismos el comportamiento de la peña.
Es una ciudad pequeña, superpoblada ; caliente por un verano venenoso que pudre la basura de los contenedores y la orina humana y animal pegada a las paredes, creando vapores que ofenden el olfato.
Un barrio obrero con demasiada gente. Con demasiados cerebros lerdos incapaces de reconocer su intrascendencia. Hay una plaza enorme, de suelo de cemento, en la que juegan unos cuantos niños y unos mayores sentados en poyetes a modo de gradas a distintos niveles compiten por una sombra de un par de árboles, sacrificando su intimidad, su espacio vital por evitar unos rayos de sol.
Ni aunque ardieran mis pestañas me acercaría a nadie para estar fresquito. Prefiero entrar en combustión.
Hay que nacer así de mal e indigno para acercarse y sacrificar tu espacio y dignidad por una sombra.
He tenido tanta suerte de poder ver el mundo como es y no formar parte de él… Soy un elegido, más pobre que las ratas, pero de un elitismo que raya el racismo.
Bien, pues esta es la estampa de la plaza durante casi todo el año.
Así como en los trópicos llegan las temporadas del monzón, las estaciones húmedas; en este lugar (como en tantos otros), llega el tiempo de las olimpiadas del voleibol-playa. Unos obreros descargan sacos y sacos de arena para formar un murete de unos treinta centímetros de alto por todo el contorno de la plaza. Una vez elaborada esta rústica piscina, llegan camiones de arena para llenar el interior y crear así una especie de artificial playa donde instalan las redes para los juegos.
Cuando la arena está extendida y aplanada y dan ganas de entrar en el arenal para destrozar toda esa lisura, los innumerables portales de toda la plaza, comienzan a escupir adultos y pequeños que se mueven lentamente y con un rumbo inamovible hacia la arena, como si algo los atrajera hacia el centro de esa única zona limpia en todo el barrio.
Es como una puta película de zombis.
Entran en el arenal y se quedan quietos ahí en medio, algunos hablan con algún otro congénere suyo y sus crías retozan por la arena como cachorrillos de terrier eufóricos.
Cualquiera describiría la escena como la vida en el barrio, la convivencia y la vida en la ciudad.
Y una mierda.
Eso lo ven sólo los que ya están infectados por la inmundicia de una sociedad que asesina al individuo, que lo tortura. No hay un solo individuo solitario en toda esa arena. Todos balan o mugen, algunos fuman cigarros y otros porros. Sus hijos ya han comenzado a mearse y los vasos de vino malo y cerveza caliente, ya comienzan a inundar la arena.
Ni uno solo de ellos juega al voleibol, se limitan a contaminar la arena limpia con su presencia.
Soy un personaje de cómic metido en una dimensión de seres sin cerebro y voluntad. Me siento héroe entre tanta basura.
Unico también sería un calificativo adecuado.
A veces temo que toda esa chusma me identifique como un ser extraño y diferente y quieran comerse mi poderoso cerebro.
No juegan, lo juro, están quietos, ocupando espacio simplemente.
Así de real, así de verídico, así de vejatorio aunque ellos permanezcan ignorantes a su propia miseria.
Estaban espiando la calle desde las ventanas cerradas, esperando que algo cambiara. Sudando en la oscuridad de sus casas por un aire recalentado y viciado.
Monos enjaulados que observan con gravedad y los dedos metidos en las narices, cómo un obrero de mantenimiento repara su jaula habitual. Y cuando éste acaba, salen cautelosos y tocan y husmean lo que el operario ha hecho.
No es triste, simplemente deprimente. Ver a los humanos como realmente son no es nada gratificante.
Nadie puede ver lo que yo, nadie puede abarcar la realidad de la vida como es de verdad. Sólo yo. Y me siento solo (mentira, se trata de un recurso dramático y literario para dar más fuerza al texto).
Luego viene la alegría y el jolgorio de un baño de espuma, ahí ya me lloran los ojos, dan ganas de meterse ahí y frotar las sucias pieles de todos esos animales. No puedo evitar un escalofrío al imaginar sentir el contacto con sus pieles.
Un macho sexualmente adulto, pasa por mi lado en bañador y con el teléfono móvil en la mano, un moño de espuma sucia adorna su cráneo.
Huele mal de cojones. Ya lo decía yo, dan ganas de frotarlos con algún tipo de disco abrasivo para metales hasta dejar el hueso limpio.
Es que me lo paso bomba, coño. Estoy condenado a vivir las situaciones más tristes y deprimentes en todo momento. Nunca está uno preparado para vivir estos dramáticos momentos de imbecilidad humana, y menos aún cuando ocurren así, tan de repente.
Me voy a fumar un cigarro a mi casa con el aire acondicionado. Ya he tenido bastante experiencia vital por hoy.
Y no sé porque; puesto que aunque sé que no me cobrarían un céntimo por una mamada, no me acercaría a ellas; pero algunas de esas hembras del arenal, mojadas de agua y espuma, me la han puesto dura.
Supongo que no puedo controlar siempre mi minúsculo cerebro de reptil, que en el caso de ellos y ellas, es demasiado grande.
Y no soy racista, simplemente un zoólogo aficionado.
Y soy lo suficientemente salvaje y fuerte para soportar el calor, pero no la peste que emite toda esa manada de reses. De ahí lo necesario del aire acondicionado, ya que he de cerrar bien las ventanas de mi reino.
De mi cueva, de mi madriguera.
El verano sólo empeora lo que ya está mal.
Precioso.


Iconoclasta

2 de agosto de 2008

La ciudad y el verano

Explota la luz en el verano, se filtra indecente por todas las
fisuras de los cuerpos y expiran los misterios del gris y la penumbra.
Es tiempo de mirar.

Las mujeres llevan poca ropa y sus bragas se marcan, sus pechos se
hacen más notables y mi pene es irrigado por más abundancia de
sangre. Los machos reproductores estamos en celo y deseamos las
hembras.
Los niños juegan más tiempo en la calle, en los parques. Son
molestos. Ya no tiene gracia el barullo de las tardes y las mañanas
en las calles, las madres, que unas semanas atrás recogían a sus
hijos a las puertas del colegio, deben encontrarse en casa a la
sombra en ropa interior, sudando por entre sus pechos.
Dejan que los niños jueguen, hace mucho calor para estar con ellos al
sol. Deben soñar como yo, con manos que las tocan, que las soban, que
las tratan como perras en celo.
Las huelo, sé que están húmedas, el que sea un urbanita no me hace
más cordial ni educado. Soy hombre y predador por naturaleza. No soy
culto ni tolerante ni una mierda de sensible.

La ciudad funciona así, como una enorme granja, como una reserva
animal donde las bestias creen estar en libertad.
Me siento como un vigilante de la reserva.
El verano trae estas cosas, uno pasea agobiado por el calor, y al
mismo tiempo, el planeta es más ameno y distraído. Hay una explosión
de colores y sonidos.
Es una explosión de mediocridad, una deflagración que me quema las
pestañas. No todo es bronce del sol.
A menudo mi bronceado es pura suciedad. Y el de otros también, que
nadie se crea a salvo de salpicaduras excrementicias.

Un viejo escribe algo en sus rodillas, con la mirada demasiado cerca
del papel. No me interesa.
Una tía con la falda muy corta, tiene los pechos tan apretados por el
sujetador, que salen por encima del escote. Trago saliva, y cae una
gota de sudor por mi nariz.
Un niño se acerca con la pelota, llega a mis pies, le doy una patada
y la lanzo al otro lado de la calle. No me importa lo que piense, la
ciudad es una explosión de color y sonidos que me ha dejado sordo y
ciego. Supongo que insensible ya lo era.
Otra tía buena… Esta lleva un vestido vaporoso y corto. Sus pechos se
agitan al ritmo de un caminar rápido sobre unas sandalias de
vertiginosa cuña y sus nalgas se balancean hipnóticamente. Da gusto
pasear por la ciudad.



—¿Tiene hora? —me pregunta el yonqui, seguramente para luego pedirme
un cigarro.

Me jode que me distraigan cuando observo cosas que me gustan.

—No tengo hora, coño. Hace calor —le siseo con hostilidad mientras él
mira el reloj en mi muñeca.

A veces uno busco el pelearse con alguien para liberar cierta tensión.
El de las venas picadas decide no tentar a la suerte y se aleja de mí
musitando algo que no me importa.
Con el calor la paciencia se agota antes, no hay nada como el
invierno para refrigerar y mantener las neuronas serenas.
Además, dicen que con el calor, se acelera la producción hormonal y
acabamos follando todos como monos, sin pudor alguno.
Mentira, los hay que no follarían aunque les pusieran un cuerpo
maniatado con un letrero que dijera: "Penétrame".

El calor también arranca momentos de divertida inspiración, no todo
iba a ser sudar.
Y anda que ésa… La camiseta le cubre escasamente las tetas, en el
ombligo lleva un piercing y sus piernas están tan trabajadas por la
gimnasia que uno se imagina pasando la lengua por la cara interna de
sus muslos y sacando sabor a sales minerales.

Otra explosión de color: un coche fúnebre negro con un pequeño ataúd
blanco dentro. También es una imagen impactante. Hay que estar atento
para poder captar los momentos de belleza que la ciudad nos ofrece de
la forma más imprevisible.
Un viejo camina a su lado, por puro azar; bueno, la verdad es que la
maciza camina deprisa y simplemente lo está adelantando.
La tía me mira y sonríe al ver en mís ojos la admiración que
despierta. Tengo unos brazos poderosos que las hace pensar en ser
tocadas y abrazadas por la bestia.
El viejo de repente tuerce a la derecha, es decir contra la pared. Se
para, se lleva las manos a la bragueta y se saca el pene para mear.



Esto sí que no lo soporto, otro que tiene ganas de joderme los buenos
momentos.
Cruzo la calle, me acerco hasta su espalda y con elegancia le doy una
patada en los riñones que lo lanzo contra la pared. Es un viejo
gordo y calvo con michelines en el cogote. Se ha partido los labios
al chocar contra la pared y la nariz le sangra.
Ha quedado panza arriba jadeando un apagado: "Ay que me ha matado
este cabrón".
De su pene aún mana un ridículo chorrito de orina que le empapa los
pantalones.

—Idiota —le insulto mirando su patético pene fláccido.

La paciencia se agota rápidamente con el calor, ya me lo había
avisado a mí mismo.
A ver si puedo acabar mi paseo sin que ningún gilipollas me moleste
más.


Iconoclasta