28 de marzo de 2008

El madre-padre

Una lesbiana con pellejo de hombre va a ser madre. A mí me la pela; pero no puedo evitar sentir auténtica repugnancia al ver la barriga peluda de la marimacho hiper-hormonada.



Si alguna vez he dicho que hay culturas que deberían desaparecer de la faz de la tierra, la nuestra, la occidental con toda su hipócrita tolerancia y sus pseudo-libertades para cobardes, debería ser incinerada bajo la distraída mirada de un ser como Nerón, y en vez de tomar uvas al son de una lira, que se chute jaco para soportar el olor de tanta mierda quemada.
Vamos, que esta basura de sociedad debería ser cauterizada de toda su podredumbre.
O sea: se persigue el sexismo, se censura el sexo explícito y permiten que una tortillera transformada en pseudo-macho se haga un in-vitro y de ahí nazca un hijo que crecerá asqueado y avergonzado de tener semejante cosa como madre.
También se le cuestiona el derecho a morir a una mujer enferma y se permiten la frivolidad de dejar que la tortillera caprichosa ya arrepentida de haberse hormonado como una vaca, tenga un hijo porque así le sale de su deforme chocho.
Porque a saber lo que puede salir de esas matriz podrida de hormonas masculinas.
Bueno, tampoco me importa mucho, a mí me da asco la imagen. La criatura que ha de nacer y sus madres me importan tan poco como la colilla del cigarro a la que no le queda ni un gramo de tabaco. Es la estética de ese repugnante cuerpo preñado lo que me hipersensibiliza.
Soy delicado con algunas cosas, que se le va a hacer.
Como la vieja loca aquella (Enero 2007); la abuela que se preñó artificiosamente con gemelos y luego lloriqueaba por un macho joven que la ayudara a mantener a sus hijos-nietos.




Si no fuera porque soy sensible a todas las formas de vida del planeta, me partiría el rabo riendo.
La cuestión es que si yo tengo que tragar con esas desagradables imágenes y me censuran las de bellas modelos en actitud provocadora (como la dichosa campaña de Dolce & Gabbana), pues que se traguen mis palabras, que por cierto, no se las paso a nadie por delante de los morros como hacen los colaboracionistas medios de comunicación con estas desagradables noticias e imágenes de hombres embarazados y ancianas madres.
El tener que ver semejantes monstruos de feria me ofende.
La tolerancia en este caso (como en tantos otros) es una toalla toda llena de pelos de mis huevos.
No me diréis que no soy ingenioso con mis circunloquios.
Si es que soy lo que rima con joya de listo.
Buen sexo.


Iconoclasta

25 de marzo de 2008

Semana Santa 2008


Menuda semana santa. Esto de ser pobre y por lo tanto ignorante (o ignorante y por lo tanto pobre, da igual que te la chupen o que te la dejes chupar a efectos de resultado) es de lo más aburrido.

Suerte que lo poco que cobro lo invierto en pagar la televisión por satélite, porque las televisiones públicas sólo emitían noticias del tiempo y la quiniela de muertos en las carreteras para las operaciones salida y retorno a las grandes pocilgas donde habitan los currantes.

Es que se hacen apuestas y juegos con las cosas más absurdas, y todo por llenar espacio. Sólo faltaba que enumeraran los muertos por maricas y heterosexuales.

Bueno, si he de ser justo, no todo era carne en conserva; también se encoñaron a gusto con el drama humano que representaba el que la lluvia impidiera sacar la imaginería popular. Pobres, es que les enfocaban las jetas llorosas y se me escapaban toda clase de ruidos extraños de la boca y la nariz.

Ante tal desgracia, el humo de la maría penetraba en mis preciosos ojos verdes y me preguntaba si las nazarenas van desnudas bajo sus disfraz.
Las religiones y supercherías son tan erotizantes cuando esnifas polvito de ángel... Muy apropiado para estas fechas.

Sólo tenía breves momentos de verdadera libertad y autonomía cuando mi mujer e hijo se largaban a dormir. Yo me quedaba sentado frente a la tele con la excusa de ver Quo Vadis en el canal de cine clásico; y cuando ya roncaban (los quiero con locura pero roncan como la madre que los parió) sintonizaba taquilla X convirtiendo así la pasión, pascua, viacrucis o como cojones se llame toda esa fiesta, en una explosión blanca de cremosidad caliente.

Yo también se hacer penitencias.

Y así, entre películas, insultos a mis suegros por su constante presencia y comer opíparas hamburguesas en el Burger King, he pasado unos días de asueto y embrutecimiento en los que me ha importado el rabo de la vaca si llovía o no. Total, soy sumergible y antichoc como el mejor de los relojes japoneses.

Sí toda la espiritualidad de estas fechas, me ha servido de toalla de bidé.

Yo también sé ser feliz aunque no me vaya a Nueva York a comprar cosas inservibles.
Buen sexo.


Iconoclasta

22 de marzo de 2008

Jaculatoria a su coño

Si creyera en Dios y además fuera devoto, recitaría una jaculatoria desgarradora al Cristo de Tu Sagrado Coño. Si creyera en algo más que en ti, todo sería más fácil. Tendría esperanzas.

Hay cirios rojos derramándose sobre mi pene, mi garganta destrozada por una oración clamada a tu Sagrado Coño. A tu Sagrado Ser.

¡Cristo de Su Sagrado Coño! Yo te canto con la pasión del amor ferviente. Llevo una corona de espinas en mi glande, y sangra como tú sangraste por nosotros.
Ahora sangro yo por ella, un sacrificio a ti. Escucha mi oración: Arrebátasela a él, al otro, al cabrón...

Dámelo a mí: Su Coño, Su Ser.

¡Cristo de Su Coño! Te lo ofrezco todo por ella: mi alma condenada.

Mi sangre derramaré en la cruz que te hizo Dios y mi semen a tus pies. Intercede por mí ante ella. Que se enamore de mí hasta sentirse morir, que me necesite para seguir viviendo como yo intento sobrevivir sin ella.

¡Cristo de Su Coño! Tú que fuiste hombre: necesito follarla cada día, tenerla. Clavarla a mí como a ti te clavó tu Padre en la Cruz.
Tu Padre te concedió el deseo, concédemelo tú a mí.

Sangramos; tú por tus estigmas y yo por mi polla. Es este un deseo tan atroz como insistente el latido en las venas de mi verga. En las arterias que corren por mis brazos.

No es esto un ruego, es un lamento ¡Oh, Cristo de Su Coño! Si nos amas, danos paz, dámelo, otórgamelo: su coño es mío.
Me la he ganado con el dolor de mi alma. Con cada siglo de espera eterna.

¡Oh Cristo de Su Coño! Si tu madre derramó lagrimas, de mi pene gotea cera hirviendo de rojas velas, de roja pasión, de roja sangre, de roja locura. Lágrimas de deseo. Las velas que te ofrendo se deshacen en mi polla: el pago a mi deseo, a mi ruego.

Redímeme de nuevo.

¡Oh Cristo de Su Coño! Súbeme a la cruz contigo y enséñame como sonreír ante el dolor. Es este un canto desgarrador; tienes que oírlo, grito tanto... Súbeme contigo a la cruz y concédeme una eternidad con ella.

Te pido tan poco… No quiero perdonar a nadie; sólo condenarme.

En nombre de mi polla despellajada, Cristo de Su Coño: Que me ame, que me quiera más que a ti, más que a nada en el mundo.
Déjame ser su Cristo verdadero.

Es este un cantar roto de deseo, no dejes que tu hijo sufra más. ¿No ves como la deseo? ¿No ves que es su coño por ti bendecido y por ti creado lo único que pido?

Es esta la saeta del hombre desgarrado. No dejes a tu hijo sin su cruz. Dame la perdición de su coño, como tu padre te concedió la de la cruz.

¡Oh Cristo de locos y enfermos! Soy tu siervo.

Dame consuelo, dámela a ella.
Dame de beber de su coño, como si fuera tu cáliz.
No es esto un cantar, es pura agonía.

Apiádate de mí, condéname al fuego eterno.
En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Su Sagrado Coño…




Iconoclasta

20 de marzo de 2008

666: a pedradas

No hay nada más refrescante para la mente que matar unos cuantos primates y luego quedarse con uno para pasar el rato mientras te fumas un puro y reflexionas. Los hay que hacen toda suerte de ejercicios mentales para buscar la paz espiritual, yo no. Yo soy uno con el universo cuando siento y veo como se muere un primate. Es el mayor placer (aparte de tirarme a la Dama Oscura) gozar de la lenta agonía de un humano, de cualquiera.

¡Bum! Detonación… Es ella…

No es tan sencillo torturar, sobre todo si se pretende disfrutar de la intensa y dolorosa agonía de vuestra víctima. Requiere una serie de habilidades milenarias conseguir que un primate viva el tiempo suficiente como para disfrutar de una prolongada y dolorosa agonía. Sobre todo cuando se busca algo sereno y sin demasiados gritos. Esas torturas chillonas, me dan dolor de cabeza.

Me encuentro en una sucia cabaña de metal y uralita en una de las repugnantes y feísimas calles de Kabul, en Afganistán. El hedor del río es insoportable.

Suelo acudir a los sitios más pobres y miserables para disfrutar de mi afición y trabajo, porque así mis actos adquieren un carácter más cruel. Matar a un millonario o poderoso haría feliz a muchos primates, y no quiero haceros felices, os quiero matar a todos y colgaros de ganchos para ahumaros como sardinas.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

El calor que hace no mejora mi humor y creedme, cuando estoy de malhumor, todo empeora para vosotros, primates.
Mirad si no, a que pocos esquimales cazo. El fresquito me pone de buen humor. Siempre ha sido así desde que ese dios cabrón y melifluo me largó de su paraíso de mierda.
Es igual, al final no hubiera aguantado tanta bondad de mierda y le hubiera pegado fuego a él y sus querubines.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Hace poco menos de media hora, acaban de matar a pedradas a una puta, su marido la ha acusado ante un palurdo con barbas que hace las veces de guía espiritual, de haberle sido infiel. Y tras darle una buena paliza, la ha llevado por los pelos hacia el viejo primate; éste ha dictado sentencia.

La han enterrado hasta las tetas, le han atado una sábana a la cara y una panda de tarados la han apedreado hasta que ha quedado inmóvil.
Cuando le han quitado la sábana de la cabeza, su cara parecía una hamburguesa poco hecha y no tenía un solo diente sano.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Durante ese tiempo, no he tenido más remedio que masturbarme pensando en su dolor; pero sobre todo, pensaba en ese miedo que la atenazaba y que sin duda alguna era mucho más letal que las pedradas. Y se me han escapado unas gotas de leche pensando en lo que les haría a alguno de estos machos.
He decidido averiguar si su marido es tan hombre como para aguantar una conversación conmigo.

No lo es, tiene las manos atadas a uno de los tubos que soportan el techo de la chabola y ahora se le escapa la vida por el culo, le he reventado el esfínter con unas cuantas piedras que ha usado para matar a su esposa. Con precisión, le he estado golpeando entre las piernas y en el centro del ojo del culo, hasta que ha manado la sangre.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Su mujer se había acostado con el vecino que vive enfrente y que también ha participado en la lapidación de la adúltera. Cuando le he clavado el puñal en la nuca, estaba bebiendo té que había calentado en una lata de tomate oxidada. Cuando mueren así de rápidos, es como una pequeña erección que apenas me proporciona placer, no me llena. Por ello, en el pequeño patio trasero que hace las veces de mísero huerto, he violado a su mujer por el culo y acuchillado a los dos niños. Claro que han gritado, pero es una pequeña calle poco transitada y con pocos vecinos. Mi Dama Oscura, los estará matando en este momento.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

A la mujer la he dejado viva, pero le he cortado la lengua. De vez en cuando dejo primates vivos para que den testimonio de mis creaciones.
Si no hubiera matado a esta familia antes de ir a por el marido chivato, el ansia me hubiera llevado a un trabajo más apresurado. Cuando tengáis que matar y disfrutar con la agonía de algún congénere vuestro, lo que tenéis que hacer es lo mismo que los que llevan mucho tiempo sin follar: una paja.
Es el mismo principio.

El hombre se llama Ahmer y hace ya rato que ha dejado de llorar y gritar, ahora sólo respira con dificultad.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Acaba de vaciársele el vientre y se mezcla la sangre con la mierda. Es curiosa la anatomía, rompes un músculo y mana mierda. Los primates tenéis tanta suciedad en vuestro interior…
Era inevitable esta desagradable excreción. Sin embargo, soy astuto y he cerrado su pene estrangulándolo con un alambre, sabía que se mearía cuando con esas mismas piedras, he roto las costillas lentamente y en ambos costados, hasta que sus pulmones se han perforado.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Es por eso que se cuida muy mucho de gritar: cada intento por coger aire se convierte en un vómito sangriento. Una bocanada de sangre sale de sus labios.

Y la verdad, a pesar de ser un dios, no puedo por menos que sentirme un poco inquieto al ver esa morcilla amoratada, casi negra e irrecuperable como órgano. Es igual, está muerto, no necesita recuperar su polla apedreadora; no hay cirujano ni dios que le pueda salvar la vida. Sólo se le puede acortar sufrimiento y eso no es algo a lo que esté dispuesto a hacer.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

¿Veis? Siempre pasa lo mismo con estos machos primates: muy territoriales, muy reproductores, pero cuando se enfrentan a la muerte, se cagan y se mean.

Bueno, si no hubiera matado a pedradas (lapidación le llaman algunos intelectuales eufemistas) a su santa, lo hubiera asesinado igualmente; Alá mira a otro lado hoy.

Le cojo el casi podrido pene que cuelga dolorosamente entre sus piernas (no es tan largo como dicen que estos monos lo tienen) y cuando se lo agito, un chorro de sangre en lugar de un grito se desliza desde su boca por el pecho.

Me pongo malo, de excitado… Saco mi pene por la bragueta del pantalón y acercándome a su boca, respiro el hedor de la sangre, masturbándome con mis poderosos y musculosos brazos. El humo de mi puro no le molesta al entrar en sus ojos, le duelen demasiado los pulmones y la poca sangre que le queda, la está cagando. El humo es soportable en una situación así.

De hecho, fumar no tiene nada de malo, lo malo es lapidar.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Cuando eyaculo en sus pies, me limpio el semen con el cabello de la cabeza que le he cortado a su hija (imagino que es suya, ya que si su mujer era tan puta…). El cuerpo de la pequeña descansa pálido y sin sangre a nuestros pies.

Su hijo, un ejemplar mayor, de unos doce años ha muerto con mi puñal clavado en la garganta.
Y este primate afgano, lo ha visto todo. Soy mejor que dios creando dolores y penas; y eso que él se emplea a fondo. Ocurre que él es vago, yo no; yo hago personalmente mi trabajo.

¡Bum! Detonación… Otra vez…

Para acelerar su muerte y provocarle más dolor, le corto esa morcilla hinchada y negra en la que se ha convertido su polla.
Sus mocos salen disparados de la nariz intentando no gritar para evitar el intenso dolor de sus pulmones y su vientre se encoge tanto que por puro mimetismo, hace que se contraiga el mío.

Con el pene aún goteando leche, me siento encima del cuerpo del niño y sacando el cuchillo de su garganta doy una fuerte calada al cigarro.
Del muñón del pene apenas mana sangre, un hilillo fino cae vertical como una meada desde su ano y sus ojos se cierran.

Ya está perdiendo el control de su cuerpo y su pecho se infla y desinfla con rapidez haciendo caso omiso a las costillas que desgarran los pulmones. Yo cierro mis ojos y abro la boca aspirando con glotonería la vida que se le escapa.
Y por fin queda inmóvil, sus ojos están tan inyectados en sangre que no se le aprecian las escleróticas.

Hay un silencio maligno que me emociona.

Salgo de esta mierda de choza dando una patada al cuerpo de su hijo.

Mi Dama Oscura me espera al final de la calle, no lleva la cara cubierta, y viste una minifalda que deja sus musculosas piernas visibles hasta casi el inicio de las ingles. Es una gozada verla así.
Me gustaría saber cómo han reaccionado los primates que ha estado matando en las otras cabañas. Seguro que se les ha puesto dura antes de que ella les volara la cabeza de un tiro. En su mano sujeta con elegancia y erotismo una humeante Glock de 9 mm. negra como mi pensamiento.


Cuando llego hasta ella, levanto su falda; como siempre, no lleva bragas y hundo los dedos en su coño: está empapado. Sonrío con ternura a un niño que llora abrazado a un cadáver.

Me la voy a follar, mi Dama Oscura necesita de mí, la pobre no aguanta más.
Os dejo.
Ya os contaré más cosas interesantes en otro rato.
Siempre sangriento: 666.


Iconoclasta

5 de marzo de 2008

Los amantes valientes

¡Qué valientes! ¡Qué coraje!
Los amantes alimentan un amor de improbable tacto.
Miradlos, cogen las brasas con las manos, sólo hay fuego en su amor. Están locos y prefieren quemarse a no amar, a dar su amor por imposible.
Hay una punzada traicionera en la belleza de las palabras escritas y cuanto más bellas son, más sangrante la herida.
Se desangran valientes, se corroen entre lágrimas. Y una sola de sus risas es un universo de amor.
Es casi ridículo ese amor tejido de madurez y dolorosa comprensión.
¡Qué valientes los amantes que sacan de toda esa ansia inconsolable unos segundos de gloria!
Gloria a los amantes en el cielo y en la tierra.
Se masturban con áridas esperanzas, con ilusiones desbocadas.
Se masturban soñando con la mano amada en sus sexos palpitantes. El sexo es arrollador e infinito en sus mentes.
Sin embargo, se conformarían con la voz; cambiarían diez años de vida por un susurro de amor. Una confidencia al oído.
Toda esa ternura…
Que pena que tanto amor cree tanta ansia, tanta onírica esperanza.
¿Qué necesidad tenéis, amantes locos, de vivir así?
Sangran las palmas de las manos por cerrar el puño y contener tantas caricias en el aire.
Os desgastáis generosamente en un decorado vacío y árido.

Negranoche, cubre mi ansia con una sonrisa, con unas palabras que me den esperanza. Lanza tus gemidos al viento, dedícamelos como yo arranco de mis entrañas los míos.

Los goces del amor no son más que dolores divinos. Sacrificios que no son necesarios, simplemente inevitables. Nadie pidió amar así, los amantes no se piden amor, sólo se derraman el uno en el otro.

Negranoche, mi diosa del amor, mi diosa susurrante. No dejo de soñar en convertirte en mujer cada día. No te quiero en el Olimpo, te quiero cerca; tanto que pueda penetrarte, penetrar en ti profundamente, que me arrastres dentro de ti. No quiero adorarte más, sólo deseo amarte.
Diez años pago a la vida por violar tu boca con la mía. Por invadir con mis dedos tu piel.
Quiero ser inmisericorde con tu cuerpo y con tu alma.

Angustiosas dichas que me desangran sin dolor, narcóticamente.
Deberían arder los amantes, incinerarlos. Todo ese amor que crean y mantienen, afea el universo. Le quita todo protagonismo a las estrellas más bellas.
Y no hay nada más bello que la ternura de una sonrisa que no se ve, que sólo se presiente. O el beso lanzado al aire, una brisa untuosa que los cubre y les da una paz momentánea, un descanso al corazón.
Unas gotas de agua en el desierto.
Se las merecen.
Aguerridos amantes.
¡Qué valientes! Soportan días de te quieros emborronados con semen y dedos húmedos. Pieles etéreas, casi fantasmales.
Gozan del romanticismo trágico y devastador para el ánimo impaciente.
E impacientes los labios, los besos y las caricias.
Desesperados en el aire luchan por existir los sonidos de amor. No llegan, y ellos sonríen al verlos morir.
La ternura de una sonrisa…

Así de valientes, así de suicidas somos los amantes.
Tanto desgaste, mi Negranoche…
Tengo heridos los labios por no besarte, de morderlos y evitar que besen el aire y pierda la cordura.
¡Que cobarde soy..! Temo al tiempo y a la distancia.



Iconoclasta