29 de octubre de 2007

Extraña mujer

Extraña por este amor que siento con solo leerte, extraña por esta sensualidad que se leen en tus palabras en tus expresiones de amor. De una desmesurada ternura.
Eres inhumana en tu amor.
Extraña porque no hay nadie como tú.
Mi preciosa extraña.

Mírame escribir, susúrrame al oído tus palabras de amor y ternura, haz que mi corazón galope y mis ojos se entrecierren. Acércate mi vida, acércate hasta que pueda oler tu piel, sentir tu aliento.

Hasta que pueda rodearte con violencia entre mis brazos, con la violencia de un hombre desbocado que te ansía. Déjame que te bese y te arranque la ropa, que te ame y te insulte por lo que me haces, por esta forma en la que me has hecho esclavo de ti.
Te amo con la fuerza de un instinto, con la pasión del animal que late en mí.

Quiero besar tus labios hasta que me sangren, quiero arrodillarme ante ti y besar tu sagrado coño, lamerte hasta sentir el gemido escaparse de tus labios, rendida a mi, a mi boca sedienta, a mi pene entumecido y duro de puro deseo.
Tanto amor que se enquista en el cerebro y duele tu lejanía…

Tomaré tu cuerpo, erizaré tus pezones con mi lengua ávida, no quiero ver tus ojos de miel, no me mires.
Sólo quiero penetrarte, hacerte pagar este tormento.
Este júbilo, mi vida.

Follarte y hacerte mía hasta en las entrañas.
¿Lo sientes? Esto es escribir, es mi pene latiendo, descargando tinta. Húmedo por tu magia, por tus palabras. Por tu ser lejano y siempre presente.
Tal vez sea locura…

Y sin embargo, mi pene te busca, pulsa brillante y húmedo preparado para la toma de mi amada.
Las venas se retuercen como raíces buscándote, buscando tu boca, tus labios, tu sexo empapado.
Penetrarte…

Mala mujer cruel… ¿Qué me has hecho? Este tormento…
Me obligas a abrazar el vacío, el lugar donde debieras estar.
Y mi puño cerrado en mi pene, soñando tu boca, soñando tu coño húmedo.
Rememorando tu voz, pensando en como serán tus gemidos, tus placeres más ocultos.
El hombre está desbocado. Estoy desbocado.
Y el semen corre por entre los dedos, entre los ecos de un placer que ha explotado.

Un semen triste y frío en una agónica lejanía.
Eres extraña, una amada extraña.
Algo que jamás soñé encontrar.


Iconoclasta

25 de octubre de 2007

El premio Planeta

Hay premios literarios y premios importantes que aunque premien libros, han de buscar como sea vender lo que tienen.
El premio Planeta parece una especie de tómbola donde por algún oscuro azar queda un presentador de televisión con cierta amanerada verbigracia homosexual, como finalista.
Es lógico, si yo fuera editor buscaría vender, sobre todo, tras los fastos que rodean la celebración del premio y la cuantiosa suma que ofrece al ganador.
Se han de amortizar los gastos y cualquiera sabe que seguramente venderá más libros el Boris que el Millás. Es un pálpito que tengo.

Soy desconfiado por naturaleza. Por experiencia.
Y así, con amanerados chillidos y homosexuales bromas, los personajes más populacheros se hacen un rinconcito en la mente estúpida de los lectores que menos leen y más ven la tele (nada de lo que sentirse orgulloso, por cierto).
Es que si no es el gobierno, es el Planeta. La cuestión es tocar los cojones.

Buen sexo.


Iconoclasta

Libros bonitos

Faltan ediciones que hagan de la literatura un placer para la vista, no tan solo por el mensaje que un libro lleva, por su temática; sino por su factura. Un libro debe disfrutarse leyendo y ojeándolo, incluso tocándolo. Algún cambio de color en la tipografía, fuentes atrayentes.
Dibujos, filigranas.

Sea cual sea la temática. Y es que hoy día, con la informática y la rapidez con la que se edita un texto, no puede representar un incremento escandaloso en el precio. El libro, en esta época visual, ha de aportar lo mismo que internet y algo más: el tacto y el olor del papel.

Hace muchos años, las ediciones se cuidaban, se hacían para atraer a la gente hacia la literatura. No basta una portada llamativa; a quien el leer le aburre o no le llama la atención, un libro le ha de provocar al menos, la curiosidad por ojearlo, por recordar un pasaje en tinta roja o rosa y admire algún pequeño detalle entre tantas letras negras. Que incluso el papel tenga un fino aroma.

La literatura es un arte y el libro, su soporte, tiene que ser el marco perfecto. Algo que nos haga mirar la estantería, coger esa joya y ojearla de vez en cuando. Y de vez en cuando se leerá un poquito más. Todo ha avanzado salvo los libros de literatura, se han ido empobreciendo.

Las editoriales deberían realizar, repito, con los medios de hoy día, formatos de libros más atrayentes. Incluso revivir las antiguas publicaciones en forma de cuadernos; podría ser una entrañable forma de incitar al público a leer. La literatura merece un vehículo más trabajado, más vistoso. Como lo son los marcos de las grandes obras de arte.
No puede hacer daño un libro bonito.

Buen sexo.


Iconoclasta

15 de octubre de 2007

Escribiendo


El encanto de escribir… ¡Ja!

Y una mierda.

Ya me contaréis que encanto hay en escribir lo que este cerebro podrido está pensando. Es que no encuentro nada bien ¿o soy yo el que no está bien?
¿Hoy puede ser un gran día? Odio el optimismo facilón y presuntuosamente cándido. No hay nada que me haga pensar a estas horas de la madrugada, que mañana pueda ser un gran día. Parece una oración sectaria:


- Soy Pablo y hoy es un día precioso, todo a de salir bien.- diré al despertar.

- ¡Buenos días, Pablo! Hermoso día, tendrás.- me responderá la puta vida.
No soy alcohólico ni necesito terapia de grupo.

Joder.

Un gran día… Nunca he tenido esa sensación al despertar cuando me rasco los cojones camino del lavabo y el humo del cigarro colgado de los labios me hace llorar.
Y me hace llorar porque el humo irrita mis preciosos ojos verdes, no soy una nenaza que se emociona ante un nuevo y esperanzador día.
Unas lágrimas corren por mis sonrosadas mejillas. No puedo evitar un poético arrebato a costa del irritante humo.

Narcótico…

Resulta que apenas voy a tener tiempo de cagar cuando ya he de estar camino del trabajo, y el trabajo son más de diez horas perdidas, sin libertad, sin goce, sin agrado.

Escribir…

Diez horas sin escribir… Es mucho tiempo.
Una mierda, escribir es una enfermedad, la pseudo-terapia de un hombre frustrado, de un hombre que no admite todo este gris que lo impregna todo.

Y no soy un daltónico o un monocromático o como mierdas se llame eso. Capto los colores, me avasallan, pero en mi mente viran al gris de una forma casi trágica.
Porque soy fuerte, pero sé de humanos que se han levantada la tapa de los sesos de un tiro por culpa del gris, mirándo su tez grisácea y la plomiza bala aportando más gris a su último instante de vida.

Escribir es liberador… Y una mierda, el frustrado siempre busca ser amable consigo mismo y convertir su insania en una habilidad. Quien no se consuela es porque no quiere.

Pues hoy no me sale de los huevos consolarme.

Escribir es una pérdida de tiempo. Escribir es una condena por una vida vacía, es construir un universo de mentiras e intentar meterse en él para huir.
A veces uno tiene momentos de lucidez, de una mortificante sinceridad.
Esto es un bochornoso espectáculo; pero si no escribo me muero.

Escritor…

Y una mierda.
Simple frustrado y poco más.
Menudo día me espera mañana…



Iconoclasta

10 de octubre de 2007

El hereje Salvador Gaviota

Juan Salvador Gaviota es un relato de Richard Bach. Una parábola que rinde homenaje al individuo y humilla y ridiculiza el corporativismo, elitismo y el tan cacareado trabajo en equipo de hoy día.

Una gaviota decide hacer acrobacias y la bandada lo repudia por ser diferente, a grandes rasgos, claro.

Hoy día, esta fábula constituye una herejía. Los gobiernos están lavando el cerebro de la masa para anular al individuo y uniformar al pueblo. La globalización sólo es un reparto más equitativo de la pobreza en el planeta y el selecto círculo de ricos y poderosos se transforma en un oráculo de iluminados y dioses pervertidos.

Hoy día, ese gran Juan Salvador Gaviota sería multado, sancionado y privado de trabajo y casa por no formar parte activa de la manada, del rebaño. Si en el poético y trágico relato ya es metafóricamente crucificado el Salvador; en nuestra época, en estos momentos, sería simplemente acallado por alguna puta o chulo de los programas habituales de las televisiones y ni un solo graznido de su pico llegaría a nosotros.

Los medios de comunicación son hoy día, el brazo ejecutor de la represión del individuo. Lo que no había conseguido el oscuro comunismo soviético, lo están consiguiendo las grandes cadenas de comunicación siguiendo programas bien dictados por los gobiernos.

Sólo el individuo como tal y como unidad puede realizar logros importantes, los grandes compositores y científicos no se reunían en rebaños para que entre todos los borregos pudieran componer un aria o dar con una constante universal.

Incluso en los más banales detalles, el borreguismo y la uniformidad está presente para acabar con cualquier asomo de individualismo; y así, a la vulgar plebe, le plantean el debate sobre si sus hijos han de ir o no uniformados al colegio.

El trabajo en equipo, los logros que quieren del pueblo son medios para evitar que aparezcan libres pensadores que pongan de manifiesto que el hombre, en algunos casos, no es una res más, si no un individuo capaz de hacer lo mismo o mejor que hace el presidente, empresario o tirano de turno que gobierna hoy cualquier país .
Richard Bach adora al hombre porque el hombre inventó el avión.

Y adorar al hombre como unidad e individuo es precisamente odiar a la humanidad como manada. Y para un hombre así no puede ser difícil dejar caer una bomba sobre Hiroshima. Y es que esa acción misma, ese asesinato es un canto al individualismo. Sólo cabe un dedo en ese interruptor apocalíptico.

Y esta es la esquizofrenia de cualquier hombre que se reconozca como tal.

Es mi reflexión por una nueva lectura de este canto a la libertad, la valentía y la independencia. Un relato en el que la miseria y la estupidez de la humanidad aplasta la gloria del hombre como ser único e independiente.

Richard Bach, escribió llevado por su pasión por volar, yo lo leo con la vehemencia del terror a formar parte de un todo con vosotros. Es mi pesadilla.
Richard Bach nació en 1936 y es descendiente directo de Johann Sebastian Bach. Su pasión es el vuelo.
Hurra por Richard Bach y su Jonathan Livingstone Seagull.

Un pasaje del relato:


“Las gaviotas, como es bien sabido, nunca se atascan, nunca se detienen. Detenerse en medio del vuelo es para ellas vergüenza y es deshonor.
Pero Juan Salvador Gaviota, sin avergonzarse, y al extender otra vez sus alas en aquella temblorosa y ardua torsión -parando, parando, y atascándose de nuevo-, no era un pájaro cualquiera.
La mayoría de las gaviotas, no se molestan en aprender sino las normas de vuelo más elementales: cómo ir y volver entre playa y comida. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar.”



Iconoclasta

1 de octubre de 2007

El botellón: soluciones




Tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac.

¿A que me parezco a esa esquizofrénica conciencia del capitán Garfio?

¿No habría algún método para marcar a los borrachos universitarios que ramadean por calles y solares en grandes manadas?
Haylo: Lo más práctico sería inyectarles un microchip bajo la piel, en un lóbulo de la oreja, en la derecha o la izquierda según la orientación sexual de la res en cuestión.
Los podrían llevar a una comisaría, al hospital donde los alientan a vomitar o bien lo podría hacer la policía local con rejones parecidos a los eléctricos para arrear al ganado.
Esto sería un buen sistema para que al menos, semejantes lumbreras no voten y estropeen con su intervención etílica y falta de inteligencia unas elecciones donde los votantes han de saber leer, escribir y tener madurez intelectual.
Bastante suerte han tenido en la rifa de las plazas universitarias.
Si a la universidad puede asistir cualquier tirado, que al menos el gobierno los identifique para que no hagan locuras al votar e influir así con su universitario criterio en las decisiones del país.
Bastante desalentador es saber que un día, uno de estos agraciados con la lotería primitiva de plazas universitarias pueda llegar un día a ser médico o ingeniero.
Miedo me da.
Es que no gano para disgustos cada vez que leo y veo las noticias.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac.

No estaría mal ser el capitán Garfio y pasar por la quilla a quien me diera la gana con total impunidad.

No es agradable verse sometido a examen por un médico borreguil que al igual que los grandes mamíferos de la sabana africana, abreva junto a otros miles sin escrúpulo alguno entre basura, excrementos y orines.
¿Y el ingeniero recién licenciado que trabajando de delineante a tiempo parcial en una empresa de rótulos no tenga la suficiente capacidad para diseñar los anclajes de un rótulo luminoso?
Salir a la calle será un auténtico deporte de riesgo.
O que mi hijo recibiera clases de algún tirado…

¿Es verdadero orgullo lo que sienten los padres de estos universitarios? ¿Se debería esterilizar a sus progenitores para que la estirpe no se extienda más en el tiempo?
Eso sería otra ventaja del chip para las reses universitadas borrachas, ya estarían controladas y se podría evitar que se reproduzcan con individuos de la población normal.
Esto de la selección natural en las ciudades es un problema, el riesgo de degeneración de la especie humana roza ya lo apocalíptico.
Hay mucho universitario.

Que dejen de rifar plazas alegremente a cualquiera. Ya sabemos que España quiere ser ahora el país más culto del mundo, pero es una presunción propia de palurdos pensar que haya tanta inteligencia entre tantas manadas de borrachos.
Hay gente que sin ir a la universidad y sin congregarse en manada para mearse en los pantalones con un vaso de ron malo en la mano, ha conseguido la misma plaza de funcionario de correo, de hacienda o bien ha entrado como barrendero en una de esas poderosas empresas de recogida de basuras (propiedad de alcaldes y regidores) de las grandes ciudades.
Seamos sinceros, no es justo ni viable que exista tanto universitario porque no hay suficiente masa encefálica entre tanto cráneo.

Otra buena medida sería hacerles un vallado, un redil; como esos vallados infantiles de los parques públicos para que los pequeños no se escapen de sus madres mientras cotorrean.
De esta forma no ensuciarán calles ni plazas con su basura y excrementos.
Es pura ecología.

Y si alguno no asistiera a clase, todo el mundo sabría que se encuentra la res durmiendo entre su propia mierda. Los padres podrían estar tranquilos de que su pequeño de veintitantos años estuviera a buen recaudo.
Esos padres que identifican a sus borrachos hijos entre la grey y piensan: “Criatura, déjalo que se divierta, es joven”.

No es de extrañar que haya cada vez más depresiones por la vuelta al trabajo tras unas vacaciones, cuanto más borrachos, más nenazas.
La debilidad de un carácter se acentúa con el tiempo y en el caso de los asistentes al botellón, por momentos.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac.

Le tengo un asco a Peter Pan…

Insisto en lo del microchip, así se les podría vender los medicamentos en la farmacia tras escanearles las orejas; sin hacer perder el tiempo a los médicos en las consultas por recetarles los psicotrópicos que necesitan para combatir sus mierdas de depresiones por tener que asistir al trabajo.

En fin, esto es España y quien me diga que en otros países también pasa, le diré que estupendo, que ya sabía yo que la estupidez es una característica planetaria de la que ya gozaban hasta las civilizaciones más antiguas y exquisitas. Sin embargo, que a mí no me vaya a diseñar el bólido que me compre cuando sea millonario uno de estos universitarios botelloneros.
Prefiero que lo haga el mecánico de mi barrio que se toma una cerveza solo en el bar para desayunar y no forma tanto follón porque cada día debe trabajar.
Se me olvidaba, os puedo asegurar, mis alegres universitarios borrachuzos, que el chip no se os notará, tengo un perro pequeño y por mucho que le palpes la piel no das con él.
La hostia puta de la discreción.
No puede hacer daño.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac,
tic-tac, tic-tac, tic-tac.

Me pica la nariz y ni el cochino dios tiene valor para rascarse con este pedazo de hierro.

Recordad, mis inteligentes estudiantes universitarios: conducid borrachos; es la sensación de libertad y poder más grande que nunca hayáis podido sentir.
Buen sexo.


Iconoclasta