28 de septiembre de 2007

El cáncer: un castigo por algún pecadillo

Hay semanas en las que las idioteces brotan de entre las piedras. Cuando digo idioteces, también me refiero a personas con un nivel de idiocia clínico (un grado médico para definir algún tipo de cerebro podrido).

Y es que esta misma semana he oído en las noticias, que según una encuesta, hay gente que piensa que el cáncer es contagioso, otros que se cura con una vacuna y por fin la más gorda: que el cáncer es una especie de castigo, el pago por algún pecado. Por alguna mala vida.

Valga decir aquí que ya me estoy bajando la cremallera del pantalón para que el religioso, supersticioso o analfabeto en cuestión se amorre al pilón y expie sus culpas. Le ofrezco mi pene lustroso en lugar de un cáncer que le pudra el hígado o los pulmones. Va a disfrutar como un marrano lamiendo, le prometo que no le saldrá un cáncer en la boca. Soy muy limpio.

Yo sabía que existían estos idiotas que piensan así, lo que ocurre es que me ha llenado de alegría, me ha puesto eufórico perdido saber que alguien más ha topado con esta especie humana que piensa que hay castigos místicos y que los dioses tienen un gran surtido de cánceres para así crear místicos tumores justicieros.

A este tipo de subnormales, a los que así piensan (en gran parte descerebrados de la España profunda, labriegos y humilde y sencilla gente de mierda) va aquí toda mi carga seminal, para que se la extiendan a modo de pomada y les libre de todo tipo de cáncer.

Hay días que pagaría por estar en el mundo, porque estas cosas que uno oye le hacen abrir una sonrisa de par en par. Es una ventana abierta a la esperanza; hoy por ejemplo, temía que fuera un día gris. Afortunadamente la risa ha entrado por la ventana y me ha excitado sexualmente.

Doy gracias a vosotros, ¡Oh palurdos! por existir. Que vuestros hijos eternicen la imbecilidad para que sigamos riendo muy a gusto; pero no dejéis de chupar, idiotas.

Tras esta reflexión sobre el cáncer, me voy a fumar un cigarro a ver si el gobierno me castiga con un buen tumor del tamaño de una naranja en cualquiera de mis pulmones.

Buen sexo.


Iconoclasta

26 de septiembre de 2007

Los socialistas y su oratoria para idiotas

¿Nadie se ha fijado en la forma de hablar de todos los diputados y ministros socialistas, incluyendo al her presidente Zapatero, miembro del soviet supremo español que todo lo controla?

Hablan vocalizando, lentamente, separando sílabas y frases. Esta oratoria es para niños de tres años o retrasados mentales. Estoy seguro de que el gobierno que pretende meterse hasta en los hábitos más banales de la población, nos tiene por unos tarados e ignorantes.

Pues a mí me da dos patadas que un idiota presuntuoso y lerdo me hable así, a mí que me hablen claro y rápido porque no tengo tiempo que perder como ellos. Y soy infinitamente más listo.
Hablando de listos: ellos no son tan listos como se creen, porque su forma de balbucear da tiempo sobrado para responder con los argumentos más complicados.

Por supuesto, prefiero el lenguaje directo y eficaz de otros grupos, aunque sea de derechas, por lo menos no presuponen idiotez en sus oyentes. Aunque sean igual de bordes y malos.

Por educación, los socialistas deberían hablar con fluidez. Y por cultura, deberían ir a un logopeda y no demostrar ese carisma que los hace lerdos, pedantes.

A lo mejor son de esos cobardes pusilánimes que tienen miedo constantemente a equivocarse al hablar. Son inseguros de cojones.

También se podría pensar que hablar como lo hacen, les provoca erecciones y humedades y pretenden eternizar el placer.Siempre es feo que alguien se alimente de sus propias palabras.

A ver si aprenden a hablar con fluidez y decisión, porque esa idea que se hacen de que son la hostia puta de la oratoria y la exquisita cultura europea, no se la cree ni dios.

Buen sexo.



Iconoclasta

21 de septiembre de 2007

Cabrón

Cabrón…
Lo soy: un puto cabrón.
Quererte…
No es amor, es deseo puro y puto.
Y no es deseo, es la necesidad de la posesión más absoluta, te quiero mi esclava te quiero usar y abusar.

Soy el cabrón que en silencio rabia con el pene húmedo estrangulado en el puño, con la rabia de un demente.
La insania no es una alteración de mi mente. Es mi puta mente.
Soy cabrón porque así me parieron.
Así me hiciste, desgraciada y puta mujer hermosa…

Y no quiero tu coño, quiero tu cerebro, tu pensamiento. Quiero esclavizarte a mí. Te quiero en un eterno gemido de placer.
Mortal.
Que no hables, coño.
Me duele que hables, me desesperan tus palabras de mierda.
Joder...
Me metería un jaco de tu orina en vena por tenerte más adentro. Estoy loco y soy malo. Me has hecho así de cabrón.

Mal nacido. Sé que lo soy, mi polla lo dice, y lo dice mi puño venoso. Mi glande que escupe ácido, que busca tu entrepierna y meterse en ella reptando entre tus muslos. Una lengua que es un látigo, un castigo de placer. Una locura.
Un imposible.

Estoy harto, cansado de la mierda de palabras. De momentos de devoción espiritual.
De los putos “te quiero” que no descargan la leche de mis cojones, sino que crean más presión allí abajo.
Te metería la polla en la boca para llegar a tu cerebro, para hacerte mi esclava, mi autómata. Siempre junto a mí, sometida a mí.
Seré tu Dios Polla, tu tótem de placer.
Soy la aberración del amor, lo más podrido.
Muda, quedarás muda.

Cada vez que siento tu voz, tu puta y dulce voz, mi alma se fracciona, se rompe y desea ir a ti como una lluvia de cristales rotos. Y fundirse contigo.
Mala puta, casi no has dejado nada de mí.

Necesito romper tu influjo, partir en pedazos el hechizo de tu ser. Reventarlo con un pene carnal, bombeando una sangre espesa y cenagosa, apenas oxigenada por un corazón tortuoso.
Soy la bestia creada con tu amor, con tu sensibilidad. Algo salió mal durante mi creación cuando apareciste; cuando me invadiste como un embate de deseo y placer.
Me hiciste mierda.
Sólo me queda ser cabrón.
Puto amor que me retuerce las entrañas…

Te follaré el pensamiento, evitaré que emitas esas ondas que crean esta melancolía desesperante en mí.
Cabrón y con malas intenciones. No haré caso de tu coño, no lo quiero. Lo he jodido tanto que ya es mío, se ha fundido en mi pene.
Sólo me queda tomar posesión de tu mente, vengarme de lo poco que me has dejado. Soy un degenerado muñeco que se mueve con apenas voluntad. Contra tu poder.
Tu joder.

Y sólo me queda este resquicio de brutalidad para salvarme y para follarte el cerebro. Para joderte como ningún humano ha querido joder jamás a nadie.
Cabrón…
Que sólo eso salga de tus labios.
Cabrón, cabrón, cabrón…

Me cago en mi puta vida.
Estoy desatado.
Desbocado buscando joder tu mente, hacerla mía.
Sólo me queda esta voluntad: la de ser un cabrón.
Tu cabrón.


Iconoclasta

10 de septiembre de 2007

El peso de la vida

¿Qué te parece si hoy no nos prometemos amor ni follamos como locos posesos?
¿Qué te parece si hoy y sin que sirva de precedente te confieso desapasionadamente que estoy cansado?


No es nada, tal vez sólo sea una sensación pasajera, el colmo de un hastío que se ha prendido de mis ojos y me provoca una alergia.

¡Un hombre está llorando, que alguien acuda al puente de mando, el universo se dobla!

No debería llorar, los hombres se rasgan las vestiduras y abren su pecho sin soltar una sola lágrima, intentando extirpar el tumor que anida en el corazón y late a su vez presionando la garganta.

Es angustia.

Es todo tan pesado, todo gravita sin descanso. ¿Te has parado a pensar por qué mi espalda es tan ancha? Estoy adaptado al medio. Darwin me buscaba para explicarlo todo.
Todo pesa infinito y todo cae sobre los hombros.
No es una columna de H2O, es puro mercurio lo que me aplasta contra el suelo.
¿A todo el mundo le pesa tanto la vida?


Estoy adaptado a la vida con mis anchas espaldas, con mi ánimo hecho jirones al viento desértico y polar. Me consuelo con imaginar ser un héroe caído, un conquistador derrotado.
Un romanticismo infantiloide, algo que no me haga pensar que es mejor pegarse un tiro en la sien.


Hacemos una cosa: paseamos de la mano, sólo eso. Tú me llevas y yo prometo no tocarte el culo ni dejar que tires de todo este peso, intentaré aliviarte de mí mismo.
No te amo para que tires de mí, de mi vida; simplemente has tenido mala suerte al amarme. Mi peso específico figura como el más alto en la tabla periódica de los elementos. Figura en los libros, soy un metal pesado, tan pesado como inútil e innecesario. Una rareza sin valor.
Y no te quiero de ayuda, cargaría contigo también si fuera necesario.


Y no son los bocatas que me como los que me dan este específico peso; no me hagas reír.
Cuando me haces reír todo parece más ligero, más fácil. Todo es dos veces mejor.


¿Por qué soy incapaz de sonreír, mi vida? ¿Por qué siempre me siento infectado?
Si tú no existieras y si tuviera alma, ya me la habrían amputado llena de pus.


Te amo porque sólo tú eres capaz de soportar mi angustia, mi pena de no ser de este mundo ni de este tiempo. No hay escape. Sueño con las lunas de Júpiter y son inalcanzables, me faltaría vida para llegar hasta ellas. Estoy muerto en el universo y toda esa muerte se extiende pesada en mis hombros y hace los brazos de plomo.

No puede hacer daño algo de levedad, prometo no mal acostumbrarme si hoy dejara de sentir esta carga.
Aunque fuera por unos segundos.


Este latido superpuesto al corazón…
Un ictus del ánimo.


Moriré como mi padre, con el corazón partido en dos, sin despedirme de ti. Los que somos pesados y duros no nos doblamos, nos partimos y morimos aplastados en el acto por esta gravedad.
Por una vida que es triste como el elefante cabizbajo caminando por la senda.


Moriré de una forma trágica y con poca elegancia. He visto a los muertos cagarse y mearse, no es agradable. No hay muerte digna.
Poco importa, nada… Sólo sé que voy de tu mano, que miramos escaparates y hablamos de lo superfluo para conjurar mi peso horrible.


Te veo algo cansada, es mi culpa; soy yo. Mi vida cansa a los demás, mis electrones interfieren en los tuyos.
Se acabó ir de la mano.
No puedo mantener mi promesa, te he mentido, ahora sólo quiero hundirme en ti, penetrarte como jodería a esta vida: con rabia.
Con el único fin de arrancarte gemidos de placer. De hacer tu coño agua tibia donde hundirme, donde clavarme.


La única forma de aliviar este peso eres tú, es tu sexo empapado y mi bálano dentro de ti, algo animal. Algo carnal.
Algo que no de lugar al pensamiento.
Algo de ligereza para variar.


Soy tu lastre…




Iconoclasta