24 de abril de 2007

El reality show de los políticos

Hace unos días, por la noche y tras el telediario, montaron el segundo programa de teleidioteces, si en el primero unos ciudadanos cuidadosa y celosamente escogidos le preguntaron al insípido, apocado y sustituible Zapatero sobre política y sociedad y café; en este segundo programa, le tocaba el turno de responder a las preguntas al fascioso Rajoy.
Está bien que los politicastros monten este espectáculo, porque con lo que cobran y lo poco que trabajan, al menos que den algo de entretenimiento.
Bueno, yo estaba acabando de cenar cuando uno de esos ciudadanos que seguro que deben hacer cosas extraordinarias en el aspecto sexual a los más variados jefes y políticos de sus provincias, va y le reprocha al Rajoy el que se peleen en las cortes, que no mantengan la compostura y transmitan una sensación de crispación al ciudadano.
Yo no me creía lo que estaba oyendo, el ciudadano imbécil remató con una pregunta que venía a ser algo así como: ¿No sería mejor y más ético, que ustedes los políticos, discutieran con calma y respeto en las cortes en lugar de insultarse e interrumpir con mala educación al contrario y así dar ejemplo al ciudadano; no transmitirle esa crispación que se palpa en el ambiente?
Yo grité:

- ¡Quiero la dirección y el teléfono de ese ciudadano de mierda!

Se me pusieron los pelos como escarpias.
En seguida le respondí y mucho antes que el idiota de Rajoy.

- So imbécil, so idiota; lo que tienen que hacer los políticos es discutir, pelearse y si hace falta, arrancarse los ojos. Hay gente que les ha votado y tienen que defender sus intereses y eso, so idiota, se hace discutiendo y crispándose. So cabrón. Nada más faltaría que se chuparan la polla unos a otros. ¿Seguro que trabajas en algo decente, so asqueroso?
Con lo dado a la holganza que es el español...
Que tomen ejemplo de las palizas que se pegan los coreanos.
Tienen que sudar lo que ganan. Si tú no lo sudas, imbécil, al menos cállate.
No capullo, si quieres educar a tus hijos, aprendes a hacerlo tú. Si tú no tienes cojones de educar a tus hijos, no jodas con tu educación de mierda y llévalos a un buen colegio, a uno de curas, soplapollas.
Los políticos a destrozarse y defender con uñas y dientes los intereses de quien les ha votado. ¿Será posible que seas tan tonto, idiota? Ven que te pego dos bofetadas, tarao.

Una vez dije esto, cambié a Canal + y acabé sonriendo en cinco minutos tras un par de ocurrencias de Frazier.
Menos mal que tengo recursos para combatir la imbecilidad, y es que leo y escribo tanto que en algún momento tengo que ver la tele.
Maldita sea; si me encuentro al julandrón, a ese delicado por la calle, le doy de patadas en la chepa.
Es que salen idiotas hasta de debajo del césped, coño.
Buen sexo.

Iconoclasta

16 de abril de 2007

Escalada al amor

Ha llegado a la cima del amor, ha vencido. Las cuerdas aún se mecen y los friends fírmemente clavados en la vertical gotean sangre de otro amor destrozado.
Son las huellas sangrantes de su ascenso. Corre la sangre por la escarpada pared como la sudor por su frente. Y suspirando de amor, respirando dificultosamente besa a su amada, a la mujer por la cual trepó la pared más vertical. El K2 del Amor.

El viento ulula allá arriba y dice: "Padre, madre está llorando, ¿qué le has hecho a madre?"
Pero él suspira, ignora.

Suspira la mente y los ojos se abren al interior; el exterior queda oculto, es extraño y subrealista. Suspira la mente y los seres cercanos, los cotidianos, quedan desterrados en la indiferencia. Han dejado de existir; así de fácil. Han sido sacrificados al dios Eros.
El amor...

Decidió escalar y se equipó: una cuerda de ocho millones de metros, 1500 friends (debe asegurar el dolor), 1 piolet, 16 ochos y unas botas con unos crampones inmisericordes y letales.
No llevaba comida, iba desnudo. No había dolor, no había frío, no tenía hambre. Sólo sed de ella. Ella lo llamó desde arriba y él no pudo ni quiso resistir. Ella sufría por cada segundo que debía esperarlo, porque su amor era tan monstruoso como el de él en voracidad; tan monstruoso que contagiaba dolor a quien estuviera en derredor.

El alzó los ojos a la cima de la montaña con una mirada húmeda y brillante; su esposa sintió la punzada de la indiferencia. El clavó con resolución el primer friend. La esposa sintió el vientre deshecho y un nudo en la garganta, su mirada se tornó vítrea como la de un pez muerto.
El continuó clavando más profundamente el anclaje rasgando roca y tejidos, vísceras. La montaña-esposa se agitaba en un primer asomo de tormento.
Ahogaba un grito de dolor.

Su amor los mata, su amor es cruel y devastador. Está abrazándola con tal intensidad que su piel se ha mezclado con la de ella.
El mundo se está descomponiendo en miles de facetas. Lo ignora; hay tanto amor entre ella y él, que a los que amó durante años, ahora obvia. Todo el amor que se dieron, risas y llantos; todo ese amor ha sido metido en una mochila que dejará colgada a mitad de camino, cuando se haya insensibilizado tanto que ya ni la muerte de esposa e hijo le pueda importar.
El amor es arrollador en su ascenso vertical e imparable.
Es letal para los viejos amores.

Cuando se aferra a ella en la cima, como único ser vivo y deseado, su pene se expande como el universo loco e incontenible.
Nadie diría al ver como acaricia sus pechos por encima de la ropa, que su mente ha sepultado en vida dos amores que prometían eternidad.
Suspiros de un amor mecido, el llanto del amor muerto. Es un extraño susurro arrastrado por el viento de la cima del amor.

Las pesadas botas buscan el primer apoyo, la cabeza de su hijo es un buen lugar donde elevar la pierna para acceder a la primera repisa. Los crampones arrancan chispas de la roca granítica y cuero cabelludo queda enredado entre las mortíferas garras metálicas; fino cabello infantil e inocente. El pequeño no entiende esa tristeza de la madre, ni la mirada ausente del padre. El niño siente un dolor de cabeza extraño, algo que viene del estómago, como una angustia. Es el dolor no comprendido.

Lo externo está volviéndose oscuro, hay algún oculto canal que se lo comunica; una luz blanca intermitente y potente le avisa del inminente peligro que representa para ellos el rechazo a su existencia; es un faro que alumbra el mar quieto y negro, extrañamente cálido; que avisa de la proximidad de la Costa de la Indiferencia. Pero ella apaga la luz del faro cuando sus manos recorren su rostro con ansiedad.

Debería haber otra forma, otra manera de no matarlos con tanto dolor. La mochila-ataúd de amores viejos se agita con movimientos de convulsa agonía. Hay un remordimiento en él que se va diluyendo con cada palmo que avanza. Por cada metro avanzado, el remordimiento se retrae como el mar antes de embestir.
Jamás los podría engañar, una muerte no se puede ocultar. Era indefectible ese dolor.

El próximo friend se clava sorprendentemente rápido en una brecha de la roca, con tal potencia que un hilo de arenilla fino como el de un reloj de arena se precipita al vacío. Ha penetrado de tal forma en la roca que el corazón de la esposa parece haber estallado ante la certeza de que él no la ama. De que él ha decidido abandonarla. Ella se lleva la mano al pecho mientras ahoga un lamento tapándose la boca.
Ha pasado la cuerda por el friend para asegurarse y ahora se balancea colgado de él para relajar la tensión de brazos y piernas. Para que el sol de algo de calor a su alma fría.
La esposa habla y pide perdón por aquello que no ha hecho, por aquello que ella piensa que ha sido responsable. No imagina que ese amor es tan doloroso como indecente en su egoísmo. No hay perdón. La ejecución se llevará a cabo en el momento oportuno.
Y él ahora vuelve a clavar los crampones en una pendiente y a ella le destroza los hombros y debe caer en la cama llorando con una angustia asfixiante. Con la puerta cerrada; es un conjuro vano contra el dolor.

No siente nada por ellos cuando su lengua se encuentra con la de ella.
Sabe que se están muriendo allá afuera pero; no puede dejar de hundirse en su boca.
Los viejos amores intentan frenar su escalada, tocan su hombro para llamar su atención: "Nosotros te queremos también".
¡Qué dolor hay en ello!

Suspira la mente con la respiración de ella confundida con la suya. Y los de fuera son devorados por la negritud nacida de ese amor; entre llantos de dolor son descuartizados por ese letal cariño que consuman en la cima. Es la sinfonía del placer y el dolor, del encuentro y la desesperanza.
Es muerte y resurrección del amor.

El próximo friend lo clava a escasos metros de la cima, los ojos de la esposa son dos monstruosas bolas de sangre y lágrimas. El ha clavado con tanta fuerza y resolución el anclaje que su esposa ya no puede más, y ya no quiere verlo. No puede ver sus ojos que dicen no quererla. Que cuentan de amores ajenos. Ojos chispeantes de un amor traidor y alevoso.
A él no le importa, pega dos golpes más con el martillo y la esposa derrama lágrimas por entre los dedos.

Ella está allá arriba muy cerca... Puede sentir claramente como le promete un amor infinito y poderoso como la mísmisima muerte.

Cuando hunde la mano en su melena, siente corazones colapsados, como si fuera su mano la que bloqueara sístoles y diástoles.
Sabe que esposa e hijo sufren al oír los suspiros que el viento de la cima les lleva pero; ahora son ellos los extraños. Su amor es tan profundo por ella que le importa nada verlos arder en un infierno de puñaladas.
Sus brazos la envuelven como la mano de un escalador se aferra a la cordada.

Y mientras el amor vence, la vertical pared de la montaña sangra como Cristo en la cruz; innecesariamente.

El amor es un monstruo de dos cabezas.

Iconoclasta

15 de abril de 2007

Básico despertar

Para él, el despertar es una experiencia mística.
Despertarse solo y en silencio, sin saludos ni palabras es el más maravilloso regalo del nuevo día.

Un simple “hola” es lo más que está dispuesto a conceder a mujer e hijo cuando aparece en el comedor con el cigarro entre los labios.
Y no porque al despertar su pene se encuentre duro y entumecido, no le da vergüenza su naturaleza primitiva y carente de prejuicios. Al fin y al cabo folla con ella. Se la chupa y se lo chupa. Es necesario, es justo.

No desea que le hablen, le basta con el tintineo de la cucharilla del café y ver el feo espectáculo de una naturaleza de antenas sin hojas y ventanas ciegas y vacías de vida real al mirar por el vidrio de la ventana cerrada, a salvo del sucio aire urbano. Le basta conque todo lo que se mueva a su alrededor le ignore, como si fuera un jarrón vacío de flores que no vale la pena ni mirar.
Son cosas que sólo puede pensar, que ellos, al verlo cada mañana, parecen intuir, como si arrastrara una maldición tras de sí.

Cuando se despierta y no hay nadie en casa, es dos veces feliz.

Se encuentra meando en el lavabo, el pene está erecto por culpa de la vejiga llena y de sueños que ya no recuerda. Mear se hace difícil, debe forzar el pene hacia abajo y contraer los cojones para que la orina no salga fuera de la taza. Una vez le dijo alguien que sólo podía mear en la bañera al levantarse de dormir. Primera sonrisa con el cigarro en la boca, no recuerda en que momento lo encendió.

Le gusta rememorar y no es que le guste, es que su mente hace esas cosas; evocar recuerdos por asociación de ideas en esos primeros veinte minutos en el que es completamente brutal y está distante de la sociedad, como un náufrago en una isla alejada de toda ruta de navegación.

El bálano se ha relajado y la orina fluye con facilidad, parece caer, un ojo está medio cerrado por el humo que lo invade. Es un ruido relajante, una catarata cantarina, no es espectacular, pero es suya.

Con la polla lacia y los cojones relajados, se siente más cómodo. No lleva calzoncillos bajo el pijama, se siente más hombre cuando el escroto se bambolea libre. Sobre todo porque se encuentra en su morada, en su territorio.

Agua en la cara para arrancar las legañas, en la nevera hay una nota de su mujer, le dice lo que se está descongelando para hacer la comida al mediodía. No la lee con atención. Lee “Besitos” rascándose los genitales esperando que salga el café. Su hijo ha dejado envoltorios de bollería que no tiene ganas de tirar a la basura.

Son los veinte minutos que más necesita del día, desde que se levanta hasta que se ha fumado un par de cigarros en la butaca mojándose los labios con un café.
Veinte minutos necesarios para él mismo. Dejar el cerebro en punto muerto y que se mueva por donde quiera.

“… el vibrador mediano lo conservo, al fin y al cabo soy una mujer “desprotegida”.
Le escribió ayer mismo aquella deseable e inaccesible amiga en un chat. Algo divertido, algo sorpresivo. Ella es inteligente y él básico. Está bien así, no es su condición ser refinado y rápido de reflejos.
“Joder” contestó él.

Le podría haber respondido que en ese mismo momento se llevaba la mano a la polla y se le endureció rápidamente entre los dedos, que no quiso sacar la mano de allí aunque tuviera que escribir con solo una mano. Pero eran demasiadas palabras para ese momento. Es lo malo, es lo bueno de ser básico.
Posiblemente la próxima vez se lo dirá, las personas lentas como él necesitan dos oportunidades para causar rechazo o aprobación. Da igual, no se sentiría mal por un rechazo ni demasiado feliz por una aprobación a esa respuesta.

Y ahora la imagina caliente y húmeda como está su pene ahora. . Ella acaba de despertar, como él.
Ha bajado la cintura del pijama y los testículos asoman por encima de la goma, el pene oprimido late contra el pubis.
Su puño se aferra ahí como imagina el juguete de ella deslizándose entre las piernas, entre los carnosos y mojados labios, con lujuria y deseo animal.

La imagina sola y brutal en su placer como solo y brutal agita su pene. Bruscamente, sin cuidado. Al fin y al cabo es animal antes que hombre. Tiene un cerebro que así lo dice. La imagina con el consolador clavado entre las piernasy acariciándose esa perla cárnica dura y a flor de piel, conteniendo con dificultad libidinosos suspiros.
Imagina beber su humedad cuando ella sea incapaz de contenerla. Beber su placer, lamerla entera.

Emite un gruñido y el semen surge derramándose por el puño que estrangula el miembro hipertrofiado, entrecierra los párpados y espera la nueva erupción.
Escupe de nuevo.
Ahora el semen gotea en los huevos y queda prendido del vello. Da una profunda calada al cigarro que casi se ha consumido en el cenicero y se extiende distraídamente el semen que se enfría rápido por el miembro.

Unos días atrás su cerebro lo llevó por la muerte, meditó que moría; que un día su corazón se partiría (pensó en su padre) y moriría fumando en la butaca mirando un paisaje imbécil creado por hombres imbéciles. No le preocupó demasiado, hizo exactamente lo que hacía todos los días.
Ya no tiene edad para tener miedo. Aunque… ¿quién puede tener miedo al despertar, tras haber superado la noche, el sueño incomprensible?
Se despereza; su pene ya ha mermado y una gota de semen perezosa se desprende del prepucio hasta caer en su zapatilla.

— Asquerosos días. — dice en voz alta.

Ya está lavando los platos que le han dejado en la pica y ha tirado a la basura los envoltorios del desayuno. El resto del día, a partir de ese momento, será igual que todos si no tiene suerte; pero su despertar ha sido obra suya, su creación. Y nada ha podido evitarlo.
El bote de la mermelada se ha estrellado contra el suelo.

— Precioso. — dice en voz alta con una sonrisa torva.

— Ya empezamos…

Iconoclasta

9 de abril de 2007

Bianca (1997-2007)

Sólo esos hijos de puta que no saben,
nombraron tu raza peligrosa.


Doctora, por favor, inyécteme a mí también, así poco a poco, el liberador líquido. Me quiero ir con mi pequeñita, mi perrita. Se llama Bianca, aunque es negra como la noche.
No quiero que se vaya sola, mis pulmones están encharcados como los de mi pequeñita, pero en lugar de agua rosa como la de la carne lavada, son lágrimas amarillas como un ácido. Y sufro mucho.
Doctora de tristes ademanes, duérmame con la Bianca, poco a poco, con ese cuidado de quien ama a un animal. Me aguantaré yo mismo la mascarilla de oxígeno, como aguanto la suya; y así podré contener este llanto que se me desborda por el alma y quiere formar un alarido.
Doctora, presione el émbolo en mi vena. Bianca es ya viejita, tiene 10 años y sin embargo, la veo tan pequeña... Yo no la dejo sola, me voy con ella.
Doctora, la muerte es suave, estoy acariciando su pelo corto y parece que rozo su alma.
La muerte es seda negra y no quiero sentir la aspereza del llanto de mi esposa, la brusca tristeza de mi hijo.
Doctora, inyécteme, yo me acuesto al lado de mi pequeñita diciéndole cosas al oído, que mis ojos se hagan vidrio junto con los de ella.
Duérmame a mí también por lo que más quiera, por favor Doctora. ¿No ve que me muero de pena?
Adiós Bianca, llevo tu alma suave enredada entre los dedos. Eres un ángel.
Sus pulmones se han vaciado de ese agua de rosas en mis zapatos al morir.
Duérmame doctora, que esto duele infinito.
Hasta luego, Bianca, te llevaré a pasear allá donde estés, llevaré tus golosinas; mi pequeñita...

Barcelona, 09/04/07 5:55


Iconoclasta

4 de abril de 2007

666 a la vera del río


Estoy harto de oír filosofía barata que se transmite de padres a hijos y de maestros a alumnos. Los refranes, las medias lecturas de los libros. La ignorancia. Las memeces pasan de generación en generación como un código genético defectuoso. De imbécil en imbécil.

Uno ha de filtrar todas esas cosas para no verse tan idiota como es la humanidad; sobre todo cuando estás relajado viendo fluir el agua de un río.

Te sientas con tu mejor actitud positivo-idiota-optimista y piensas que nunca es la misma agua, que todo muta en este mundo cambiante y que a la mierda la experiencia porque es todo irrepetible. Vamos, que si te dan una patada en el culo, no hace falta que te apartes la próxima vez que veas una bota volar, porque seguramente tu culo ya no será el mismo y el zapato tampoco, por lo tanto es imposible aplicar la experiencia, como imposible es pues, tropezar dos veces con la misma piedra.

Joder, pues yo lo veo todo igual, tan igual que da asco y me siento mal y aburrido.

No será la misma agua porque alguien se ha debido entretener en seguirla y asegurarse que no da media vuelta para volver río arriba y fluir de nuevo por todo el curso del lecho, no tiene ganas de ir a la mar salada.

Esta tontería sólo es digna de aparecer en el orden del día de una sesión de diputados.
Si el agua siempre fuera la misma, sería un lago muy largo y estrecho en vez de un río; como una meada en la rodada de una rueda.

La cuestión no es que sea la misma agua, la cuestión es que es agua. Porque el agua no tiene identidad, no tiene cara, ni voz. El agua, por mucho que digan, no saluda al filósofo que está sentado en la orilla ni le dice:

― ¡Eh, tío, que detrás de mí viene otro litro de agua y es más fresca que yo!

En este caso sería correcto decir que no es la misma agua. Una es más fresca que la otra y se ha debido entretener a charlar con la piedra que siempre ha sido la misma pero, según el filósofo, cambia porque cada agua la moja de otra forma distinta. Y así de esta maravillosa forma las piedras del río con más de cuarenta toneladas, también son cambiantes. Y se rascan los cojones aburridas.

Es para darle de patadas al ingenioso hasta que las suelas del zapato pierdan el dibujo.

Esta reflexión viene a cuento porque el planeta cambiante, a pesar de que las hojas son arrastradas por el viento y no parece el mismo suelo que hace unos segundos; es demasiado pequeño. Creía que podría estar tranquilo y no tener que oír a más primates idiotas rajar sus tonterías.

No ha sido así, no me ha dado tiempo a acabar el cigarro cuando un padre le explica a su hijo unos metros más arriba, la maravillosa fábula del agua que siempre es distinta.
¿Es que no puede uno tener un poco de paz y silencio? Yo sólo quería oír correr el agua, el sonido que provoca al chocar con las rocas, ver pasar una rama flotando.

Los condenados hoy gritaban más que de costumbre y me he sentido agobiado en mi cueva.

He subido bordeando la orilla hasta donde padre e hijo se entretienen charlando y tirando cosas al río; ramas y piedras. Estoy seguro de que han meado, todos los primates lo hacen. Se encuentran en un pequeño vado del río con un flamante todo-terreno nuevo a la espalda, un frondoso árbol les hace sombra y unas preciosas piedras que la naturaleza ha dispuesto ahí para que ellos se sienten, crean un rincón de gran belleza.

Es para vomitar toda esa idílica idoneidad del momento. Para cagarse en Dios.

El padre, con su gran cochazo, se ha debido despertar trascendente y le ha dado utilidad mística al vehículo. Los primates ven demasiados anuncios.

― Buenos días. ― les saludo.

― Buenos días. ― me saluda el padre.

El niño me mira sin interés y tira una rama al río que se va flotando, llevada por un agua que no sé si es diferente pero seguro que moja. Debe tener 11 o 12 años, si fuera mayor ya hubiera enviado a su padre a la mierda.

― Apetece sentarse en la orilla, hace un calor horroroso.

― Desde luego, nosotros venimos de la ciudad, es insoportable. Menos mal que me he comprado el todo-terreno y ahora podemos venir aquí con tranquilidad.

― Precioso coche. Este año viene muy crecido el río, hay mucha nieve allá arriba.

― ¿Ves Borja? Este señor ha dado en el clavo, el agua es la nieve derretida de las montañas, cada gota es un copo de nieve deshecho y por lo tanto el agua es diferente.

― Pues siempre parece la misma.

― Sí pero no, cada gota es un agua independiente en sí misma, que al unirse a otras…

Aquello iba para largo, el padre sufría una crisis de sensiblería y estaba firmemente dispuesto aburrir a su hijo y a mí.

― Es difícil hacer comprender a un niño que el agua podría ser un conjunto de entes. El agua es indivisible e idéntica. El agua del río es una cinta continua, un ciclo sin fin.

El padre me miró evidentemente molesto por mi interrupción.

― Técnicamente no es la misma agua. Su opinión no ayuda a explicar que el mundo está en continuo cambio y reparación.

― Tampoco se puede decir que cambie el mundo, simplemente se gasta y se rompe.

― Es demasiado simplista.

― Primate de mierda…

No puedo aguantar más. No soporto a los primates y su cháchara. He sacado el puñal de la parte posterior del pantalón, y con un paso rápido se lo he clavado en la papada. Le ha salido por la boca pinchando la lengua.

El niño no lo ha visto, estaba pendiente de cómo desaparecía otra rama que ha lanzado al agua. La camisa de aventura del hombre se ha empapado en sangre y se debate inutilmente para zafarse del cuchillo. Subo el brazo y él sujeta mi puño con las dos manos intentando bajarlo. Está de puntillas y no articula palabra, pero parece un perro gimiendo.

En cuanto el niño se da la vuelta hacia nosotros, le doy una patada en la cara aplastándole la nariz con un feo crujido, se estrella contra el árbol. Un brazo ha quedado extrañamente doblado y en el antebrazo ha aparecido un bulto que tensa tanto la piel que la empalidece.

― Mira mono, que técnicamente no es la misma agua, lo sabe hasta el subnormal de tu hijo. ― al padre, además de la sangre, se le escurren unas lágrimas.

Más agua.

No puede ver a su hijo porque no le dejo mover la cabeza. Adopta un gesto forzado, a pesar de que con el mango del cuchillo le obligo a mirar el río, sus ojos se dirigen al árbol. El niño está aturdido y gimotea tirado entre las gordas raíces. Su papá no puede verlo.

­― El agua es la misma, aquí que diez metros más abajo o arriba; a menos que me mee en ella y llenes la botella en ese momento, no encontrarás diferencia alguna. Pregúntate mejor si durará el agua lo suficiente para dar de beber a tu hijo o a tus nietos. Y pregúntate algo interesante ¿es necesario pensar cosas tan tontas, perder el tiempo con una idiotez que no lleva a ninguna parte y aburrir a tu hijo. Arruinar mi momento de meditación? ¿A que ahora hubieras deseado estar deslizándote por el tobogán de un parque acuático sintiéndote fluir a ti mismo, oyendo los gritos emocionados de tu hijo?

Pienso en que lo verdaderamente distinto es la sangre de cada primate, sus células, su viscosidad, su color.

Tiro del puñal y grita desesperado de dolor. Le golpeo por detrás de las rodillas con una patada y hago que caiga de cuatro patas al suelo, de su boca mana abundante la sangre.
Le agarro por el cabello obligándolo a gatear hasta que sus manos se hunden en el agua. Levanto su cabeza sin soltar el cabello y le hago un profundo corte en el cuello. La impresión es que está vomitando sangre, como un borracho vampiro de película.

El hijo llora aterrado y se arrastra por el suelo en dirección al coche.

― Mira ahora todas esas aguas diferentes y mientras mueres, cuéntalas. Es una forma de pasar el rato hasta que no te quede una sola gota de sangre en el cuerpo. ― le grito zarandeándole la cabeza.

A los dos minutos está muerto, acerco mi boca a la suya, tanto que mis labios se han manchado de sangre y aspiro su alma.

Lo empujo hasta que el agua lo arrastra, pero sólo unos metros, no hay mucha profundidad y se ha quedado varado sin que el agua lo cubra del todo, sus ojos sin vida, como los de un pez en el mercado, miran el lecho del río. Mi pene está duro y me masturbo con la mano ensangrentada, con la eyaculación lanzo un grito feroz que detiene el agua del río durante unos segundos. Flotan peces muertos ante mí.
Me voy de aquí.

A medida que me alejo, los sollozos del niño dan paso al rumor del agua. A veces dejo vivir a primates para que alimenten la posibilidad de mi existencia, para que hagan de mí un mito, para que los psiquiatras tengan más trabajo.
Tengo una sed…

Ya os contaré más cosas.
Siempre sangriento: 666
Iconoclasta