28 de julio de 2006

Joder la marrana

En Barcelona a Veintidos de Abril del Año de Nuestro Señor 2000.

Siempre en estas fechas próximas a largos periodos festivos aparece el trabajo de última hora; algo tan urgente que podríamos ser despedidos, insultados o condenados al infierno si no sacamos adelante el trabajo previsto para dos semanas en dos días.

Al portador de las buenas nuevas se le ve venir y es entonces cuando pensamos: "ya viene a joder la marrana"; algunos no lo piensan si no que lo dicen abiertamente y abiertamente el que recibe la frase se sonríe del poder que ostenta y se la "pela" lo que digamos.

La frase es tremendamente rústica, malsonante, cacofónica y refrescantemente obscena. ¿Quién la inventó, acuñó, ocurrió y puso en circulación? Ni lo sé ni me importa pero; desde luego, se llevó ovación y vuelta al ruedo. Simplemente voy a explicar de donde salió y porque. No le daremos más vueltas yo tengo razón y ningún evolucionista me convencerá de que se trata de algún mensaje genético de nuestros ancestros (aquellos cuyos genitales quedaban más cerca del suelo que los nuestros por razones obvias de talla y andares).

Seguramente un buen día un porquero aburrido de tanta mierda, mientras se fumaba un cigarro con las manos sucias apoyada en la baranda de una pocilga, se fijó en una pobre cerda que estaba tranquilamente echada sobre la mierda que aún no había limpiado y pensó: "un día de estos la montaré". Olvidémonos de zoofilias y cosas raras, se trata de una frase hecha, coloquial y sin ninguna malicia (sé que ahora se hace difícil borrar la sonrisa que nos ha aparecido en el rostro) Bueno, habiendo dejado claras las intenciones del cer... digo del porquero, prosigo con la historia.

Los animales, como dice el saber popular, tienen un sexto sentido (que nadie busque un guiño cinematográfico) y la cerda piensa sin ni siquiera mover la cabeza: "éste ya está pensando en joderme". Y ya está, que no se engañe nadie; no ha sido fácil hallar este origen, ha sido un largo camino de visitar pocilgas y cerdos de dos y cuatro patas, estudiar sus reacciones e instintos primarios (aquellos que se alojan en nuestro primitivo cerebro de reptil).
Lo escabroso de esta frase es que es muy fácil de pronunciar, incluso de cantar y nos despoja con idéntica facilidad de nuestra dignidad. ¿Cómo? A saber:

¿La marrana personifica a las vacaciones (que serán jodidas) o a nosotros (que seremos jodidos)?
¿Qué piensa el porq..., digo el jefe? ¿Nos jode a nosotros o a nuestras vacaciones?
¿Qué pensamos nosotros del jefe? ¿Tiene derecho a la vida?
¿Qué piensa la cerda que está ahora debajo del porq..., digo de un cerdo?
¿Los jefes y cerdos: tienen genes comunes?
¿Tanto vale un euro?
¡Ah, la vida es una mierda!
Iconoclasta

25 de julio de 2006

Hediondo

Soy una bestia reptante, soy el hijo deforme de un demonio.
Soy lo que queda tras tanto amarte, los restos de un cadáver que yace en mierda movediza.
Soy furia y odio.
Soy deseo puro y enloquecido. Peligroso como la tuberculosis, letal como la jeringuilla encostrada de sangre seca.

Sucio y hediondo como el brazo de venas picadas y podridas. Caído como el yonqui entre orines de perro y excrementos.
Soy la miseria pura. El que arranca la cabeza de las ratas a dentelladas como si de tus labios se tratara; rabioso y corrupto.


Con mi aliento hediondo te beso cuando duermes.
Desgarros en tu piel.
Cansado de desearte más y más, rencoroso con la vida, con la sonrisa que me brindaste. Con un amor que no supe contener y me invadió como un tumor. Siento un rencor peligroso hacia ti porque me convertiste en esclavo con tu ser.
No tienes idea de quien soy porque ya no queda nada de aquel que te mecía en un amor dulce, el que hablaba de un amor indecente en su pasión.
Soy la perversión hecha polla. Soy el pene duro embistiendo entre tus piernas en un lugar oscuro que no es tu mundo.

El mundo es maravilloso contigo y en ti; pero hay un infierno bajo tus pies, soy infierno y soy el sexo brutal. Mi pene es el árbol que te protege con su sombra, y clavaré mis ramas entre tus piernas para arrancarte gemidos de sangre, un grito que erosione la garganta.
Soy un árbol deforme, centenario, de retorcidas raíces clavadas en el infierno.
Quiero tu cara deforme por el placer más sacrílego y ofensivo. Tu lengua bífida destrozando la belleza y candor del amor puro.
Que la oscuridad de tu coño destruya la luz del planeta.

Ensuciarás el amor con esa obscenidad impía, con tus gemidos roncos nacidos de entre las piernas, cuando mi lengua lama tus muslos y agite tu vulva empapada.
Te convertiré en mi muñeca de placer, en mi juguete húmedo. No habrá piedad, como tus hermosos ojos no la han tenido con mi alma.
Te daré un placer que avergüence al mundo. Manarán tus babas descontroladas en mi abrazo animal e hiriente. Hendiré tu piel y tu carne con mis uñas. Te penetraré hasta que me sientas en tus tripas. Lameré el agua de tu boca extasiada. Seré una serpiente en tu coño y sanguijuelas en tus pechos.
Te ahogaré con mi miembro.
Te robaré la respiración y quebraré tu voluntad, como tú has destrozado la mía.

Mi saliva es una cascada infecciosa que anega tu rastro, tu aroma en el aire. Mis fauces se hacen agua y mis labios agrietados desean besar los tuyos.
Te busco, te acecho, te cazo.
En tu mundo no hay miasmas, ni flemas necrosas de pulmones que aspiran el ácido de un amor abortado. En tu mundo había luz, ahora soy yo el todo. El que decide tu vida y tu pensamiento.
Ahora soy tu peste, tu plaga.

Soy un placer hediondo en el que te abandonarás con los brazos laxos en cruz, un cristo violado. Hundiré mi lengua en tu ombligo.
Ahora soy la sombra que te penetra cuando duermes, cuando cierras los ojos. Soy el infecto que mueve tus dedos cuando te masturbas. Soy el que te abre las piernas en soledad y te mete la vela en tu agujero sagrado y deseado.
Soy el asma en tu pecho.
Soy un peso encima de ti follándote, con mis garras enredadas entre tu cabello. Soy una máquina que funciona con sangre, y leche.

Serás madre maldita, en tu vientre plantaré la semilla hedionda de mi amor enfermo. Madre puta para la tierra y diosa en el infierno.
De mi émbolo mana un semen ardiente que fundirá tu coño.
No eres mía, no me perteneces, pero eres mi presa. Mi caza.
Ya no te quiero, sólo te ambiciono. El tiempo del amor acabó, el amor mutó mi ser cuando se convirtió en una eternidad tortuosa de deseo. Hace apenas unos minutos… Cuando tuve la certeza de que muerto arañaría el ataúd por seguir a tu lado.
Es la hediondez de mi deseo más primitivo la que me ha hecho bestia y he creado el infierno como Dios creó a los animales.
Soy hediondo e inmortal.

El amor ha creado tanta presión que ha roto límites, ha destrozado la materia gris que envolvía a la bestia que latía en lo oscuro como una neuralgia en la sien.
Soy bestia hedionda arrastrando mi hocico por tu cuerpo.
Azotándote la cara con las venas que me inflaman el miembro con un torrente de sangre. Que lo entumecen.
Me masturbaré ante ti hasta que tus piernas se abran y tus dedos abran la caverna, el infierno que busco: un agujero de carne y brillante savia espesa.
Un zulo de placer oscuro e indecente.
Tu coño, tu propio infierno.
Y al infierno te llevaré como mi presa, mi trofeo.
Mi caza.

Iconoclasta

22 de julio de 2006

Verdades y mentiras

¿Quién no ha conocido a alguien cuya principal virtud es la sinceridad? Alguien que a modo de salmo debe proclamar constantemente al mundo entero su sinceridad. Su ansia por que los demás sean tan sinceros como lo es él, o ella.
¿Se siente envidia ante esa sinceridad casi religiosa y compulsiva? ¿O es algo patético a lo que despreciar?
Los sinceros cuestionan las afirmaciones de otros porque su tremenda sinceridad parece ser la única e indiscutible. Reconocen la mentira a la legua, son intuitivos, ágiles y eficaces.
Es muy importante para ellos encontrar el porque de todo, es una constante en su vida; no se puede dejar nada a la suerte.
Claro que eso es ambición, la ambición de pretender saber más que nadie. Pero resulta que la ambición es la fundición de la mentira. Un sincero autoproclamado suele ser un cuerpo relleno de hipocresía.
Los sinceros son repelentes, tienen una antipatía casi palpable.
Bienvenidos al mundo sincero.

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Elsa era una mujer avispada, inteligente e intuitiva. De muy rápidos reflejos.
Julio en cambio, parecía estar siempre relajado, tranquilo y conforme; uno de esos tipos que se sienten bien con lo que piensan, nunca pregunta el “porque”, simplemente el “como”.
Llevaban ya 16 años de matrimonio, tal vez es la única forma de que una pareja sea duradera; una gran diferencia de caracteres entre ambos. Un defecto de uno es corregido por la virtud del otro y todas esas tonterías que se dicen.

La ambición de Elsa contrastaba con el desprecio que Julio sentía por ser “alguien” en la empresa. Julio era encargado del turno de tarde en una fábrica de automóviles y no se esforzaba más para subir puestos. No estudiaba porque decía que ya sabía suficiente. Estaba bien así, disfrutando de sus pequeñas aficiones.
Ella era publicitaria, siempre inmersa en batallas para ganar clientes y proyectos; un cliente, una campaña más. Ganaba el doble que él. Había conseguido en los últimos cinco años tres aumentos de sueldo, él ninguno en diez años, simplemente se limitaba a alcanzar la prima mensual por llegar a la producción estipulada.
Era sincera, de una sinceridad irritante; decía de Julio que no se promocionaba en la empresa porque carecía de picardía; porque no sabía mentir. Su falta de interés por ascender no era sencillez, si no falta de reflejos y agresividad.
Y siempre era sincera, sobretodo ante sus amistades, en cenas o tomando unas copas.

-No basta con ser bueno, has de saber a quien hablar y de que hablar. Si eres bueno en tu trabajo, jamás te moverán de ahí si sólo lo demuestras cumpliendo. Y es que sinceramente, tienes poco espíritu y se te ve venir.

Esta era su sentencia favorita y más humillante “se te ve venir”. Con el tiempo, Julio dejó de sentirse mal por estos comentarios y acabó sintiendo una total indiferencia hacia estas sentencias.
Luego venían los consejos de los amigos y el ejemplo que ellos mismos constituían de éxito laboral.

-A eso se le llama ser un lameculos.-respondía Julio.

-No seas borde.-le respondía Elsa.

A Julio le gustaba ser deliberadamente grosero para que Elsa se sintiera incómoda entre sus refinados colegas.
A pesar de su proceder en el trabajo, Elsa era ante todo un ejemplo viviente de sinceridad. Si había algo que le repugnaba y que la ponía “malísima” era la mentira.
Lo podía perdonar todo pero; no la mentira.

Cuando eran novios, le largaba frecuentemente este discurso a Julio sin que fuera necesario. Al menos para él.
A él no le preocupaba todo ese asunto de la sinceridad y la mentira.

Hay días en los que es mejor no levantarse de la cama pero; Julio se levantó como siempre y a la tarde marchó a la fábrica.
Ocurrió algo con las prensas, un desajuste o un error en la programación, ciento cincuenta capós se tuvieron que tirar al contenedor de chatarra para fundición. La plancha se había desgarrado en todos ellos en la última fase del prensado. Julio fue el último en revisar los parámetros del par de prensado.
Fue sancionado con tres días sin empleo y sueldo con carácter inmediato; por supuesto, perdió la prima de producción.
Y aún debía agradecer que no lo hubieran despedido.
Salió abatido del despacho del gerente de recursos humanos, y casi se dio de bruces con el médico de la empresa.

-¿Tienes un momento para que revisemos los resultados de la analítica de la revisión médica?

-No es un buen momento, Tomás.

-Bueno, te doy los resultados y si sale un asterisco en algún parámetro es que algo no está bien. Míratelos en casa y si tienes algo que comentar, vienes a la consulta. La verdad es que no he tenido tiempo aún de darles un vistazo.

Se metió el sobre en el bolsillo del pantalón y se dirigió al reloj de fichaje, donde marcó el código de salida y el de sanción.

Ojalá en este momento viviera solo y no tuviera que contarle a Elsa su metedura de pata. Era ahora lo que más le pesaba de todo aquello, explicarle a su mujer lo que había ocurrido hoy.
Elsa le preguntaría el “porque” le ocurrió algo así. No se iba a conformar con el “como”, una distracción que no se podía explicar más que como mala suerte. Un mal momento de esos que alguien padece de vez en cuando.
Le reprocharía que si hubiera tenido más interés por hacerse notar por sus superiores, se habría librado de la sanción, “una simple llamada de atención a lo sumo” era lo que peor que se hubiera ganado.
“Pero claro, tú no eres un lameculos y pasas de hacer la pelota a nadie” continuaría ironizando Elsa.
Se enzarzarían en una de esas discusiones largas y elevadas de tono que acaban repentinamente con un incómodo y largo silencio de horas.

A él le gustaría que ella dijera “No te preocupes, Julio, son cosas que pasan”. El se lo decía cuando ella llegaba de malhumor por algún contratiempo en su trabajo. Pero era algo impensable, Elsa tenía la firme voluntad de decir siempre lo que pensaba, la verdad. Era sincera incluso, por un bien de los dos.
Podría mentirla, decirle que están cambiando los moldes de las prensas, un trabajo que dura días y por eso no acudiría a la empresa en tres días pero; ella era tan buena reconociendo las mentiras que se daría cuenta de que algo no iba bien; era un libro abierto para Elsa.
¿Para qué esforzarse en imaginar mentiras? El era demasiado torpe, no sabía mentir. Le vería venir.
Subió a su auto y abrió distraídamente el sobre con los resultados de la revisión médica.
Crearía más verdades para Elsa.

Estaba sentada en un extremo del sofá, con el brazo relajado sobre el reposabrazos. La otra mano sostenía un baso de cerveza que condensaba gotas de agua por su frialdad.
Oyó la llave accionando la cerradura y las pisadas de Julio por el pasillo.

-¿Por qué llegas tan pronto, cariño?

Julio no se acercó a besarla, se sentó en el otro extremo del sofá tras dejar sobre la mesita de cristal una caja de zapatos.

-Me he tirado a tu hermana esta tarde, en casa de tus padres.-le respondió sin emoción alguna.

Si no fuera porque uno convive con alguien que sufre esa necesidad de saber la verdad de todo, no habría necesidad alguna para ser sincero. En la vida se solapan verdades y mentiras sobreviviendo holgadamente el mentiroso y el sincero en la mayor parte de los casos.
El afán de por decir y saber la verdad es una obsesión enfermiza, un complejo psicológico. Todo el mundo conoce la verdad y no es interesante. No hay beneficio ni amabilidad en la mayor parte de verdades. La mentira y la verdad es la vida misma.

-¿Y me lo dices así?-Elsa lo miraba con la mirada en un hito, le temblaban imperceptiblemente los labios sin saber bien que decir. Incrédula con su mano congelada en el aire aguantando el vaso de cerveza.

-Estás de broma…-sus ojos brillaban húmedos.

-Sabes que no sé mentir, que no se te puede ocultar nada. Tu hermana ha disfrutado conmigo como una guarra y acabo de masturbarme en el garaje por lo excitado que estoy aún.

-¡Cabrón, voy a llamar a Maica!

-Maica no te responderá.

Maica… Solía comentar con humor, que ojalá hubiera conocido a Julio antes que Elsa, siempre mostró una gran simpatía hacia su cuñado.
A Julio le gustaba Maica, no era tan guapa como su hermana pero; era de esas personas que aprecias de forma natural, sin necesidad de conocerla demasiado.

Al salir de la fábrica y a pesar de todo, recordó que tenía que recoger unas bolsas de ropa que Elsa había dado a su madre para que llevara a la tintorería.
Cuando llegó a casa de sus suegros lo recibió Maica.

-¡Hola Julio! Has venido pronto.-se besaron las mejillas-Mis padres se han ido de compras y ahí te han dejado la ropa.

-Hola, Maica ¿cómo estás?

-Lo de siempre, trabajo y más trabajo. Y entre medias, una cerveza bien fresca. Ven, tómate una.

La siguió hasta la cocina y abriendo la nevera, Maica le preguntó:

-¿Y a ti qué tal te va en la fábrica? ¿Me aconsejas algún nuevo modelo?

-Que va, aún no se ha diseñado nada nuevo. Y no sé si llegaré a verlo, he metido la pata y este mes me quedo sin prima y sin cobrar tres días. Un desastre.

-Pues necesitarás dos cervezas.-dijo con una sonrisa radiante sin demostrar preocupación o pesar alguno.

-¿Y a ti…-comenzó a preguntar él en el momento en que ella se acercó para darle una botella de cerveza abierta. Se interrumpió para besar sus labios tan próximos y aún sonrientes.

Se desvistieron con urgencia y allá en la cocina lo hicieron, la penetró, la mordió; la acarició sin pensar en mentiras ni verdades. Sin ambiciones, tan sólo llevado por el deseo carnal. Algo se liberó hoy en su interior y Maica lo sintió.

-No verás nunca más a Maica. He tenido un mal día, Elsa; me equivoqué en la regulación de las prensas y se ha ido a la mierda la producción del turno de noche. No puedes quejarte de mi sinceridad. Sí, ya sé que podría haberme excusado con que alguien hubiera tocado algo después de mí pero; no sé mentir. Me lo has dicho tantas veces que ni lo he intentado.

-Tú no estás bien, Julio. ¿Te has drogado? ¿Estás borracho? Dime la verdad, me das miedo.

-Nunca me he drogado, ¿qué verdad quieres que me invente? Me han dado los resultados de la revisión médica anual.

Su memoria retrocede una horas atrás, en el instante en el que Maica recitaba entre suspiros: “más fuerte, pégame en el culo” y él la penetraba por detrás golpeándola con fuertes y sonoras palmadas en las nalgas. Un chorro de agua salía del grifo que se había abierto cuando ella se apoyó en él para no perder el equilibrio ante las embestidas de Julio.

Y su memoria retrocede más aún. Elsa con aquel chulo en una cena de amigos; un idiota ya maduro con un corte de pelo demasiado juvenil y desenfadado, en media melena. Se llamaba Lorenzo y quería que le llamaran Loren.
Elsa reía mucho con su compañero de trabajo; con Julio sonreía así cuando iniciaron su relación. Elsa era tan sincera y directa que no cabía pensar que mantuviera una relación sexual con aquel idiota. Aunque se rozaran las manos furtivamente bajo la mesa.
Coincidencias…

-Tu Loren te ha pegado el SIDA y tú a mí. Porque hasta ahora, hasta hace unas horas, no he follado con nadie más que contigo. ¿Soy sincero, verdad?

A Elsa se le escurrió el vaso de entre los dedos, ninguno hizo caso al estrépito que produjo el vaso al romperse contra el suelo.

-Tu hermana sí que era sincera cuando me pedía que sorbiera con fuerza el clítoris con mis labios, cuando sus manos presionaban con fuerza mi cabeza para que me comiera todo su coño.

-¡Hijo de puta! ¿Qué te has creído?-gritaba Elsa-¿Qué coño es eso del SIDA?

-¿Y para llegar a esta mierda me has machacado tantos años con tu sinceridad de los cojones?-Julio continuaba hablando con la voz templada, demasiado tensa, conteniendo una mala emoción.-He dado positivo de anticuerpos. A pesar de traer el mismo aroma de la colonia empalagosa del chulo del Loren, no te he pedido que fueras sincera ¿verdad? Y ahora tampoco te lo pido, ni me importa el porque. Conozco el como y ya tengo suficiente.

-Ahora sólo me importa Maica. Tu hermana se ha tragado todo lo que he sacado por el pijo.

Maica se arrodilló ante él y con la boca lo obligó a correrse, a pesar del dolor que le producían los dedos en sus cojones. Se los estrujaba con vehemencia. Pensar en eso le provocó una fuerte erección de nuevo.

-¿Y tú, cabrón? Siempre tan aposentado en tu ridículo trabajo, falto de ambición. Si hubieras sido más hombre ahora viviríamos en el centro, como mis compañeros. Te queda mucho por hacer aún, desgraciado.
Y la mosquita muerta resulta que se lo ha hecho con la guarra de mi hermana. Eres un lerdo.-Elsa echaba chispas por los ojos.

-Soy tu libro abierto, cariño, como siempre has dicho. Maica no se ha puesto a llorar como tú cuando le he petado el culo; no ha llorado como tú cuando intenté presionarte el ano con el dedo chupándote el coño. ¿Te acuerdas que histérica llorabas diciendo “eso no”? Sé sincera cariño, ¿el Loren te lo ha petado? ¿Te gusta ahora?

-¡Vete con la puta de Maica, cerdo! ¡Lárgate de aquí!-Elsa se puso en pie y agitando el dedo índice le indicaba la puerta de casa.

-Ya no puedo volver con ella, Elsa, es una sincera como tú. ¿Tus padres son sinceros, aman la verdad?

Cuando recuperaron el aliento, Maica le expresó su deseo de contarle lo ocurrido a su hermana. Que lo supiera por ella misma y no por él.

-¿Y por qué? Tal vez no lo volvamos a hacer nunca más, Maica. Ha sido un ímpetu, nada que debamos prolongar si no queremos. Ella no tiene porque enterarse.

-Pero es mi hermana, Julio, ahora me siento fatal.

Julio sintió un calor que le abrasaba el cuerpo.

-Eres otra hija de puta como tu hermana. Os voy a enseñar lo que es la verdad, familia de tarados.

Cogió el cuchillo jamonero y comenzó a asestarle puñaladas, Maica se protegía con brazos y manos y el cuchillo arrancaba uñas, cortaba carne y tendones. Dos dedos colgaban de un hilo de piel de la mano cuando Julio consiguió cortar su garganta y luego ensartarle el corazón.
Contempló el cuerpo desnudo de Maica hasta que dejó de fluir sangre por las heridas.
Se duchó y se volvió a vestir con cuidado de no resbalar en el enorme charco de sangre, sacó una cerveza de la nevera y se la bebió esperando la llegada de sus suegros.

-¿Mis padres? ¿Qué tienen que ver en esto?-gritó Elsa aún histérica.-Estás loco.

Cuando los padres metieron la llave en la cerradura, corrió hacia la puerta con el cuchillo ensangrentado.

-Hombre Julio… -dijo su suegro al verlo.

Clavó el cuchillo en el vientre del viejo, con el filo hacia arriba y subió el tajo hasta cortar el cinturón. El hombre cayó al suelo sujetándose las tripas que salían como una especie de salchicha sangrienta por entre sus dedos.
La vieja gritó hasta que la punta del cuchillo se enterró en la gola, le arrancó el cuchillo para clavárselo repetidamente en el pecho hasta que por fin se derrumbó desmadejada.
El viejo había relajado sus manos y los intestinos se extendieron por el parqué.
Se largó de allí al cabo de unos minutos con una caja de zapatos bajo el brazo.

-Esa caja es para ti.

Elsa se agachó y levantó la tapa, dentro había una sucia bolsa de supermercado. Cuando la abrió y miró lo que había dentro, la lanzó lejos de si. El corazón de Maica cayó al suelo con un sonido apagado y pesado. Un corte longitudinal lo partía casi por la mitad.

-Quería saber como era el corazón de un sincero; lo compararé con el tuyo y no será igual, porque tú no tienes nada sinceridad en tu idiota cerebro.

Julio recorrió lentamente el pasillo hasta llegar a su despacho, una simple mesa de escritorio con un ordenador y unos cuantos libros en la pared. Cogió un bate de béisbol de aluminio que adornaba la pared y volvió al salón en silencio, paseando y blandiendo distraídamente el bate.
Elsa hablaba por el móvil, estaba dando su nombre y dirección a la policía.

-Por favor, vengan rápido.

Elevó el bate y lo estrelló contra la mano de Elsa, la que sujetaba el móvil que se rompió en su oído y en la mano.

-Tú no desarrollarás el virus, Elsa. Te lo digo sinceramente.

Cayó al suelo aturdida.
Otro golpe se estrelló en la coronilla y al instante la sangre comenzó a brotar escandalosamente.

-Me vas a matar.

-Claro que sí, cariño.-le respondió Julio.

Otro golpe desencajó su mandíbula y escupió dientes rotos entre un lamento.

El siguiente golpe, letal en su crujir, deformó la sien y le cerró definitivamente los ojos.
Aún golpeaba su cuerpo cuando los dos agentes irrumpieron en el piso tras forzar la puerta.

-¡Os juro que ha tropezado! Se ha puesto nerviosa al ver el corazón sincero de su hermana y se ha dado un golpe en la cabeza. De verdad… No miento…-les decía entre carcajadas a los policías.

-No me creéis, ella tenía razón, la muy sincera. No sé mentir.

Y continuaba riendo esposado cuando lo metieron en el coche patrulla.

Iconoclasta

21 de julio de 2006

La Puta Vida & Cía

Tenemos trabajo. Debemos realizar un par de cosas antes de morir.
Atención, mis apreciados suicidas; prestad mucha atención porque en caso de morir a disgusto no se podrá repetir.
¿Estáis nerviosos?
Sí, sé que sí. Incluso yo, vuestro amigo y monitor, me encuentro nervioso. Estamos ansiosos por dejar de estar vivos.
Por morir, más concretamente.
De verdad, me siento igual que vosotros, nunca he hecho una cosa semejante; pero soy un profesional y lo disimulo bien; nuestra empresa es la mejor del ramo.
Ya conocéis más o menos como funciona nuestro servicio. Yo soy un facilitador de muerte del consorcio La Puta Vida & Cia. Y estoy entrenado para esta sola y única misión.
Si vosotros morís, yo muero con vosotros.
No es un truco, veréis como la tapa de mis sesos saldrá volando con mi saludo de despedida.
Y se trata de hacerlo al unísono, todos.

- Sr. Iconoclasta; allá al fondo, deje de decir que será el primero. Creo que la vanidad y la chulería están de más en estos momentos; y no se ría tan ostentosamente.
Este es un momento trágico.

Tras los tests y pruebas por los que han pasado, sabemos que no son cobardes ni traidores y si alguien fallara o se arrepintiera en el último momento, que lo haga; nadie obliga a morir a nadie. Pero se quedará solo en la vida como ahora lo está. O acompañado por seres que no aprecia, y eso es lo mismo. Allá él.
No os preocupéis por estas lágrimas que corren por mi cara, no voy a arrepentirme. Es que pienso en mi mujer y mis hijos y me emociono.

- Sr. Iconoclasta, deje de escribir y atienda. No, ahora no puede conectarse a Internet; ha de prestar atención como todos. ¿No ve que le está restando solemnidad al acto?

Bien; creo que ahora que estamos un poco más centrados debemos comenzar a evocar todas esas experiencias que nos han destrozado algunas expectativas; expectativas truncadas por otros seres ambiciosos, envidiosos y evidentemente mucho menos inteligentes; ya que han basado sus logros en vuestro trabajo, en vuestras conquistas. Seres que ahora se están acostando con vuestras esposas y esposos. Seres que han provocado una ruina o un desencanto; o tal vez os hayan robado libertad.
Seres que no os han dejado prosperar por envidia; porque sois más carismáticos e inteligentes. Seres que con su sola visión o con solo el timbre de su voz consiguen incomodaros.
Y son tantos que es inviable asesinarlos a todos.

-Bien. Silencio. Quiero ver la ira en vuestro rostro. El asco profundo y repugnante que os produce el saber que vuestro compañero de vida está con su amante. El odio hacia aquellos que han triunfado a costa vuestra. Es necesario que visualicéis sus muertes.
Si morimos que sea con rabia y con asco.

- Sr. Iconoclasta, le ruego que se comporte y no de golpes al mobiliario con esa vehemencia.

Debéis sentir asco, odio y un profundo rencor hacia Dios; sí ya se que eso no existe pero; la mayor parte de esos seres repugnantes por culpa de los cuales estáis aquí, sí que creen en ello. Es una forma de insultarlos, de ofenderlos.
Así que nada de resignación, cuando apretéis el gatillo que sea recordando los seres queridos que han muerto, por las enfermedades y accidentes que os han hecho perder un tiempo precioso de vida.
Es necesario hacer sentir mal al mayor número posible de seres. Vuestra cara congestionada por el odio o la ira instantes antes de apretar el gatillo será fotografiada y enviada a cada una de las personas que habéis relacionado en vuestra lista. Es necesario que vuestros dientes asomen amenazadoramente. Que no les quede duda alguna de que morís odiándolos.
Os aseguro que no es nada agradable para alguien recibir ese "obsequio".

- No se preocupe, Sr. Iconoclasta, la foto de su pene erecto se adjuntará al retrato de su cara.

A propósito, si desean este extra de obscenidad
deberán pagar un pequeño suplemento; antes del tiro de gracia, por supuesto.
Bien, silencio; una última vez. Quiero ver la cólera en vuestros rostros. La náusea profunda y repugnante que os produce el ver a vuestra pareja con su amante; es un ejemplo.
Es necesario sentir un profundo odio y rencor hacia dios, a cualquier dios, no importa si sois crédulos o no; lo importante es morir sin miedo y con desprecio por todas aquellas mentiras con la que nos han estado machacando el cerebro. Se ha de sentir mal el mayor número posible de seres. Es vuestra venganza y la vergüenza de ellos.

- ¡Me cago en Dios! Repetid…

- Y ahora gritando.

- Les felicito, mis locos suicidas, parece que han nacido para ello.

- Sr. Iconoclasta, eso de escupir y tirarse ventosidades está de más. No es elegante. Ni esa risa…

- Ahora un alarde físico, pegad patadas al suelo, pisotead a vuestros odiados seres, pisotead a los dioses. A los que os abandonaron porque el otro la tenía más gorda o porque la otra era más joven y tenía las tetas más gordas.
- ¡Que revienten!

- ¡Hijos de puta! Repetid…

Sí ya lo sé, ojalá tras matarnos pudiéramos resucitar y revivir este momento.
Hay tanta emoción…
Casi me dan ganas de no suicidarme para poder ser el facilitador del siguiente grupo; lo hacéis tan bien que me gustaría vivir otra vez más el momento. Ruego disculpéis este arrebato emocional.
Si seguimos así, no nos suicidaremos…
Tranquilos, era broma, de aquí no sale nadie vivo.

- Sr. Iconoclasta, esa risa…

Y ahora la segunda parte, sois un grupo de nobles, aristócratas de la dignidad. Presentaos los unos a los otros y otras.
Abrazaros como colegas, con ese afecto que tan poco os cuesta obsequiar. Servirá para que vuestra muerte tenga algo de agradable.

- A ver... tampoco se trata de realizar un acto sexual, Sr. Iconoclasta. Y Sra. Ana, les ruego que no sean tan carnales.

- Adoro esa valentía trágica…

Creo que moriréis con el deseo de haberos conocido en otro momento mejor. Seguro que un adiós irá para ese ser al que habéis abrazado. Algo puramente desinteresado. Algo inusual.
Eso es bonito, mis apreciados suicidas.
Y ahora coged cada uno vuestro respectivo revólver.
Levantad el gatillo del arma.
El cañón a la boca.

- Es que me lo imaginaba. Un abrazo para el impetuoso Sr. Iconoclasta, el cual no ha podido esperar más. ¡Qué prisa! Ojalá nos encontremos con él camino a ningún sitio.

- Nos echaremos de menos ¿verdad?

- Mis queridos suicidas...

- ¡YA!


Iconoclasta

11 de julio de 2006

Llamando a las puertas del cielo

Hay momentos en que la vida se muestra generosa, original. Sólo es necesario poner toda la atención en ese instante y beber la belleza con el doble de intensidad con la que uno tiene que tragar la mierda.
No hay una sola pista que indique que se va a vivir un instante irrepetible; un momento de total satisfacción. Un instante en el que no existe nada ni nadie más que mi hijo y yo.
Y Guns N’Roses cantando una versión dura de la canción de Dylan: Knockin’on heaven’s door.

Tiene doce años y la fuerza de la vida chorrea por cada poro de su piel, y su piel brilla por un sudor vital.
Hay un exceso de vida, lo veo; se condensa en su frente, en el labio superior y queda prendido en forma de finísimo rocío en fino vello de melocotón que casi invisible, aún le da un toque de ternura a la piel.


Las ventanillas del coche cerradas y el aire frío del salpicadero atenúan lentamente el sudor y el cansancio de un par de horas disparando flechas en el bosque.
Una relajación eufórica.
Hace tanto calor… el planeta es inmisericorde. Sentimos los dedos entumecidos por la cuerda del arco. Y sentimos el frío cerco de sudor que han dejado los carcajs en la espalda sin importarnos apenas.


-Kn Kn Knockin’on haven’s door.-Pablo canta el estribillo llevado por el poderoso y grave alarido sostenido de Axl Rose.

Y lo vuelve a repetir.
Y cierra los ojos sintiéndolo muy adentro. Lo noto.
Lo confirman sus puños tensos.


-Kn Kn Knockin’on haven’s door. Uo, uo, wowo, o,o,o…

Piso el acelerador sin ser necesario correr más. Tal vez deseo que el motor sostenga un “ey, ey, eyeyey” que haga coro con la guitarra que nos ha enmudecido y nos hace levitar en un eléctrico y prolongado gemido.

-Ahora tú.-me insta.

No es el momento de prestar atención a la conducción, ni de bajar el volumen atronador de los altavoces que yo mismo he elevado.

-Kn Kn Knockin’on heaven’s door. Ye, ye, yeyeyea… Any more…

Y él me admira con una sonrisa cuando golpeo el volante al ritmo de la batería; salpico de saliva el parabrisas.

-Y ahora yo.
-Kn Kn Knockin’on heaven’s door.


El muy feliz aporrea con fuerza el salpicadero.
¡Qué cabrón! ¡Qué fuerza!
Como lo quiero.


No es el momento de decirle que no hay cielo ni puertas.
No es el momento adecuado para decirle, confesarle; que a veces me gustaría hacer realidad ese romanticismo de llamar a unas puertas celestiales y salir de aquí.
Un lamento rasgado en la guitarra de Izzy me da coraje puro.


-Ahora tú.-es incansable.

Y espera con ilusionada contención oírme y verme mal cantar aporreando el volante y agitando la cabeza al ritmo de ese heavy rock.

-Kn Kn Knockin’on heaven’s door.

Sonríe mi hijo del alma y yo con él.
No hay puertas ni cielo.
Hay un aire fresco, un oasis en el infierno, la voz de Axl y la guitarra de Izzy.
Es este instante el que he conseguido arrancarle a la vida, con un par de cojones.
Aprendí a estar al acecho; disparo instintivamente con mi arco, e instintivamente he cazado el momento de gloria.
Me consuela que toda esta frustración que arrastro, tenía el fin de darme la furia y la ira necesaria para destrozar el volante y cantar con voz quemada:


-Kn Kn Knockin’on haven’s door.

Si no fuera por la franca felicidad de mi hijo al sentirme berrear, hubiera sido hermoso morir así de feliz y pleno. No hay muchas oportunidades de hacerlo; un elegante mutis por el foro y llamar a las puertas del cielo.
O del infierno.


-Kn Kn Knockin’on haven’s door.

No le he dicho que le quiero porque está de más.
No le he dicho que le quiero por no asustarlo.
No le he dicho que ahora Guns N’Roses son especiales porque él los ha hecho especiales; es mejor que no sepa que me siento mal mucho tiempo.
Es mejor que me admire un poco más, engañarlo hasta que sea capaz de verme como soy.
No puede hacer daño una mentira así.


-Kn Kn Knockin’on haven’s door.

Cuatro minutos de gloria parecen haber saldado horas y horas de miseria.

Iconoclasta

9 de julio de 2006

Vaya, que casualidad


Eso me decían mis profesores cuando me olvidaba algo en casa.


-Vaya, que casualidad; precisamente hoy día de examen se olvida el compás en casa.

Y me sacudían unos reglazos en las manos, una bofetada o bien me castigaban a salir dos horas más tarde. Supongo que el temor al castigo, me ponía nervioso y así olvidaba más cosas.
Es que soy muy complejo.


Coño, con aquellos cabrones. Una vez crecí, ya no tuvieron huevos a soltarme su mierda ni a ponerme un dedo encima. Cobardes...
Esto viene al caso, porque como soy aplicado y me educó en la lógica el estado con su inquebrantable rectitud, voy a responder con la misma al gobierno valenciano, al gobierno madrileño y a todos los putos políticos que de vez en cuando van demostrando sin recato, que me tienen por un imbécil rematado aunque no me conozcan.
Y eso me sodomiza cosa mala. Lo llevaba dentro y lo tenía que soltar como fuera, pero con gracia, eso sí. Aunque maldilta la gracia que hacen los muertos.
Al grano:


¿Conque precisamente descarrila un metro en Valencia antes de llegar el Papa de Roma, eh? Vaya casualidad que un metro con mil años decida romperse cuando viene de visita a Valencia el santo padre, no sé, no sé...

Porque me enseñaron a pensar que cuando se dan esas excusas hay un comportamiento mentiroso.
Seguro que no se puede achacar ese accidente a un atentado terrorista de extremistas islámicos, no, en absoluto. Fue el conductor que se había picado con otro tren y "pisó" el regulador a fondo.
No te jode.
Acérquense cretinos, que les voy a dar unas bofetadas.
Que no les creo, que no creo en la mierda de casualidades como ustedes no me creían de pequeño, so tíos mentirosos.


¿No será que se han callado como putas para que el Papa de Roma siga adelante con su visita a Valencia y no se acojone y les deje sin algún regalito prometido; alguna bula o algún rosario de oro y diamantes? ¿O es que tal vez sea mejor no asustar al rebaño y dejarlos felices en su ignorancia? Una mentirijilla piadosa.

Que conste que aprendí, coño, si aprendí.
Y sea o no cierto lo que pienso, es mi duda, es lo que intuyo que también puede ser; porque menuda casualidad.
Buen sexo.


Iconoclasta

7 de julio de 2006

Vivir, morir, sentir

Vivir, morir; esta no es la cuestión. La cuestión es que puedes acabar aburrido (por decir poco, por decir lo mínimo) de la vida. Y no porque sea puta, ni una mierda, ni siquiera porque sea bella. O que sea algo tan zafio y predecible como esa repugnante frase hecha que te dicen los místicos: “Es lo que hay”.
“Y tu madre es una golfa a la que pagué sólo 10 € por un francés” le respondo al místico, más que nada para que sepa alguna cosa más de las que hay.
Pero en realidad no saben lo que hay, no saben que todo el trabajo de mierda no servirá más que para avanzar el proceso degenerativo del organismo. No saben nada, ni follar, porque de ello hablan entre risas, con chistes.
No es un chiste cuando la agarro por el cabello y la penetro, no me río cuando la embisto una y otra y otra y otra vez. Soy violento como el gorila que le arranca los brazos a su hijo.
No les cuento una mierda mientras hablan entre ellos con una falsa autoridad que ni ellos mismos podrían respetar.
No me río, sólo gruño como un animal, ni siquiera la respeto. Ella tampoco, tengo mis hombros heridos de sus uñas.
Me insulta la muy bella, la muy amada.
Morir, ¿qué le vas a contar a Teresa de Jesús?
Que no es tan sencillo, ni entraña paradojas de iluminado. El organismo no entiende de muerte y considera cada día vivido un triunfo. No acaba de entender que la muerte se lleve tres puntos y encima juegue partida extra.
El organismo sin cerebro es aún más sabio, va a su puto rollo y no piensa en minucias. Si el corazón se parte por el camino, se muere sin más teatro. Es más digno y noble que la mente doblegada.
La muerte puede ser un alivio cuando te han dicho lo que hay demasiadas veces.
La cuestión no es vivir o morir.
La cuestión es sentir, no ambicionar conocimientos que coartan la sonrisa, que hacen perder tiempo de imaginar-soñar-disfrutar. La cuestión es que si duele, que duela.
La cuestión es que si estudias demasiado, acabas creyendo las mentiras, y creándolas. Recreándolas.
Ambicionando ser ambicionado.
Sólo escribirlo es idiota, sólo leerlo da risa.
Me río yo del catedrático que da conocimientos a un estudiante que quiere ser juez para que sea capaz de joder la vida a cientos, a su total discreción
Joder, está todo tan mal hecho que parece ser que la muerte pueda ser la cuestión.
Tal vez.
El organismo me mira desde dentro alarmado porque la navaja está presionando demasiado sobre la femoral. El organismo no sabe que la cuestión es que no siento.
El organismo no necesita saber lo que la mente enferma alucina.
Ni siquiera el organismo es capaz de evitar que el corazón lata con fuerza y el chorro de sangre le salpique los ojos que no quieren mirar nada ya.
Si uno se fija en el surtidor intermitente de la arteria, si uno se fija en como se detiene la sangre por un segundo para después salir como un géiser rojo; puede pensar que en esos momentos el corazón está alarmado y bombea hacia dentro en un patético intento por no morir, como muerta está la mente. El muy tonto se quiere llevar la sangre para adentro.
Y uno entonces acaba diciéndole al corazón con la autoridad de un subnormal: “Es lo que hay”.


Y es triste desangrarse como un cerdo, pensando como un cerdo.
La cuestión era morir, porque lo que he sentido no me ha gustado. Lo vivido no ha sido para tanto.

Iconoclasta

3 de julio de 2006

El carnet por puntos

Bueno, pues prácticamente sólo les queda controlar los pelos de mi culo. Controlan las basuras, el consumo de tabaco, los aparcamientos en las calles y a las golfas las chulean también.
Lo del carnet por puntos, por un momento, me hice la ilusión de que se referían a los puntos de sutura que se llevaría un palurdo agente de tráfico por molestar gratuitamente a un conductor.
Porque son tan molestos como sus amos.
Como siempre, no cuidan la mierda de carreteras que han hecho ni hacen su mantenimiento, cobran peajes abusivos y ahora quieren que la peña se muera de pena circulando por las carreteras.
Deberían trabajar y no jugar con su mierda de radares, los helicópteros que los usen para salvar personas y metan en la trena a unos cuantos camellos, yo mismo les enseñaría unos pocos.
Y pretenden hacer creer que han bajado los accidentes de tráfico, pues podría ser, porque el otro día mi perra cantó las cuarenta en bastos y se fue a comprar unas chuches al moraco de la esquina, lo juro, le di la pasta.
No se puede esperar libertad de una panda de hijos de puta que mienten como cabrones. Como con los resultados de las votaciones y sus conclusiones.
Dicen que en otros países existe el carnet por puntos, pues me la pela, no vivo en otros países de mierda y me importa el rabo de la vaca lo que hagan germanos que no tienen límite de veolocidad, ni franceses que tienen una red de carreteras de verdad.
Son unos cabestros que se han pasado de rosca con la nómina de funcionarios y ahora se están buscando la vida para aumentar su riqueza y poder pagar tanto cargo de enchufe.
La misma mierda de siempre, no hay nada que cambie a mejor. Y los pisos se los pueden meter por su dilatado y herniado esfínter también, es que me olvido de las cosas en pro de la elegancia literaria.
Buen sexo.


Iconoclasta