4 de septiembre de 2005

No soy muy listo

Muy graciosa..., ahora resulta que a la señora le ha dado la vena romántica y quiere que le escriba sobre mis sentimientos hacia ella y encima que suene bien.
Coño, si tengo el cerebro del tamaño de una lenteja.
¿Cómo cojones le voy a decir que sus labios húmedos hacen que yo me los humedezca para preparar el beso?
Pues no, la señora resulta que está tremendamente sensible y me mira con unos ojos que ríen.
Será...
Con lo que la quiero y me hace esto.
Que me pida que la lleve en brazos hasta la cima de la montaña. Le he dicho que es una prueba de amor que muchos no podrían realizar. Se sentiría protegida y notaría mi pulso acelerado por el olor de su cuerpo.
Yo se que un poco me quiere, estoy seguro, cuando me mira así; no se como decirlo. Es como cuando ves que más que mirarte, te admira; que le gusta mirarme cuando no me doy cuenta. A veces la he visto así como de refilón.
Es que es muy pícara con sus miradas.
¿Se dice pícara? Me importa una mierda, yo la quiero abrazar y que no me toquen más los cojones; que me he pasado todo el puto día trabajando, coño.
Uno viene con ganas de estrecharla entre los brazos y te la encuentras guapa perdida, mirándote con unos ojos que parecen dos almendras y pidiendo que le escriba algo.
Y lo peor es que me mira y se ríe, sabe perfectamente que de mi cabeza no sale nada y que le estoy dando vueltas al bolígrafo entre los dedos sin conseguir escribir algo que la haga sentir bien. Mi amor sonríe con la cara apoyada en la mano. Mirándome divertida.
Tanto amor y tanta hostia para acabar aquí, como en una escuela haciendo una redacción de amor.
No te jode...
No sabe que me hace daño, no es que me importe que me crea un idiota; es que hoy aún no la he podido besar.
También le he propuesto acariciar su pelo durante dos días o más. Acariciar su melena rubia durante todo ese tiempo, sin tocarle las tetas. Algo que demuestre que soy sensible. Le he prometido que no le metería mano mientras me hago viejo entre su pelo. Que no intentaría acariciar el pelo de su coño.
Y se ha reído. He intentado besarla, y la muy...no me ha dejado.
Me ha dicho:
- Primero los deberes...
No se lo que me ha pasado, pero verla ahí tan puesta, tan guapa sabiendo que me quiere y no me deja besarla me ha roto alguna cosa en la cabeza.
Y de una forma que no me había pasado nunca he soltado una lágrima que ha caído en el papel, sin querer. Y mi estómago se ha encogido. Me he tapado la cara con una mano para que no me vea.
Me da vergüenza.
Me dan ganas de gemir.
Y la siguiente lágrima cae más seguida, corre ligera por mi cara.
Y ahora no puedo parar.
Y por fín suspiro para evitar un lamento, un ay triste y profundo. Un ansia extrema prendida de las fibras nerviosas de mi corazón.
Ella se da cuenta de que mis hombros se agitan de una forma extraña. Cuando miro sus ojos, no consigo enfocar, me da la impresión de estar metido en el agua.
Y le digo entre sollozos que la quiero, que no me haga esto.
Ella viene un poco alarmada hacia mí, con los brazos abiertos y sonriendo radiante.
Es un ángel.
Ella me calmará.
- Era broma mi vida...- me dice mientras me mece la cabeza entre sus brazos, consolando este llanto.
- No te lo hago más, mi amor.- continúa con una voz que es una pomada para mi corazón.
Y mis lágrimas ahora se liberan en más cantidad y siento toda mi cara mojada. Sorbo algunas lágrimas por la nariz mientras ella me acaricia y besa la cabeza para calmarme y me quedo ahí con ella hipando.
Un tío tan grande mecido por una mujer menuda... Es patético, pero estoy bien con ella, aunque llore.
Y es que no soy muy listo, pero la quiero. La quiero mucho.
Es que no sé como decirlo.
Iconoclasta

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